¿El fin de Podemos?

Alejandro Esteban

Si alguien se hubiera quedado en coma en 2015 y despertara ahora se frotaría los ojos de incredulidad al escuchar a Pablo Iglesias diciendo que se arrepiente de haber apoyado al régimen de Venezuela, o al escuchar a Errejón hablando de mostrar un patriotismo español “desacomplejado”. Sin duda, un cambio de postura tan radical como este resulta curioso, pero explicarlo no es del todo complicado. Esta transformación tiene un origen muy evidente: Las pasadas elecciones al Parlamento de Andalucía y las encuestas que se publican desde entonces.

Aquella noche del dos de diciembre, cuando se conocieron los resultados oficiales, el líder de Podemos apareció en rueda de prensa y sus primeras palabras ante las cámaras fueron: “Alerta antifascista”, en clara referencia a los doce escaños conseguidos por Vox, pero lo que interiormente seguro que pensaba y, junto con él, el resto de los dirigentes de la formación morada, era: “Alerta, que nos hundimos”. Y es que el batacazo fue de una dimensión considerable. La coalición de Podemos e Izquierda Unida, a la que llamaron “Adelante Andalucía”, no solo no logró mantener los resultados de los anteriores comicios de marzo de 2015, sino que perdió casi trescientos mil votos.

Pero, ¿a qué se debe este fracaso? ¿Cuáles son las razones que han llevado a tantas personas a dejar de confiar en ellos? Pues bien, existen infinitas razones, cada persona, individualmente, puede tener sus propios motivos, pero de manera global, hay tres que son las más importantes. Estas son la adopción de un andalucismo fuerte dejando de lado el españolismo, el gran desgaste sufrido tras el triunfo de la moción de censura y el uso abusivo de una retórica cuasi revolucionaria abandonando los grandes problemas que en sus orígenes defendían. Y ahora paso a explicarlos:

-Andalucismo frente a españolismo: El plan del partido durante la campaña era claro: querían hablar de Andalucía, querían hablar de diferentes problemas que sufre la Comunidad Autónoma, y a la vez apelar a un sentimiento regionalista andaluz que es realmente fuerte allí. A priori esto parece una estrategia buena y coherente para un partido de izquierdas que se presente a las elecciones, sin embargo, se olvidaron de que, aunque es cierto que el andalucismo es una parte importante a la hora de captar votos, en Andalucía también existe un nacionalismo español muy fuerte, y no lo aprovecharon. Es más, intentaron evitar pronunciar la palabra “España” en todo momento, sustituyéndola, por ejemplo, por “Estado”. Criticaron duramente a Ciudadanos y a su candidato por mencionar tantas veces a Cataluña y a su gobierno, echándoles en cara que no hablaban de los problemas del lugar donde se estaban presentando. Ciudadanos apeló al nacionalismo español “herido” por la situación catalana, y su plan resultó más efectivo, como se vio a la postre.

-Desgaste tras la moción de censura: Aunque pueda parecer extraño, Podemos ha sido el partido al que más le ha afectado el triunfo de la moción de censura presentada por el PSOE para derrocar al gobierno de Mariano Rajoy por dos razones: la primera porque les obligó a colocarse detrás del partido de Pedro Sánchez y, en un contexto en el que las dos formaciones pelean (en parte) por el mismo electorado, esto hace que votantes que pudieran tener dudas tiendan a acercarse a los socialistas (efecto bandwagon). Y la segunda razón porque la elección de Pablo Casado (un hombre mucho más radical que Rajoy) como líder del PP ha hecho que el tablero político se haya polarizado en dos extremos: Gobierno y Oposición, es decir, PSOE y PP/C’s, colocando a Podemos en una situación delicada, en la que ha ido perdiendo relevancia en el debate público y, por consiguiente, perdiendo votos.

-Retórica revolucionaria y abandono de “la gente”: Podemos consiguió sus mayores éxitos electorales cuando logró dar la imagen de que ellos eran “el cambio”. Podemos fue ese voto de castigo a unos partidos políticos que ya no representaban a gran parte de la sociedad. El problema vino cuando, una vez que el partido tuvo responsabilidades de gobierno (como en Madrid o Barcelona), fracasó (por las razones que sean) a imagen de sus votantes. Además, Podemos ha ido transformando su discurso y ha dejado de hablar de desahucios o desempleo para hablar, de forma constante y en un tono casi revolucionario, sobre machismo, racismo o fascismo. Es evidente que los tres son temas de moda actualmente, y en redes sociales solo se discute sobre ello, pero, una vez más, hay que recordar que las redes sociales no son un reflejo fiel de la realidad social. A una persona que esté en paro y que le vayan a desahuciar los problemas que pueda haber de racismo, machismo o de aumento del fascismo en Europa le parecen temas menores. Esa persona, posiblemente dos o tres años atrás, habría votado por la formación morada, sin embargo, gracias a esa sensación de abandono y desamparo, en estas últimas elecciones lo más probable es que se decantara por la abstención o por otra formación.

Estas son las tres principales razones por las que Podemos fracasó en las elecciones andaluzas y se está hundiendo en todas las encuestas que se han ido publicando desde entonces, las cuales han hecho que el partido haya decidido cambiar de estrategia y recuperar símbolos (en especial los que representan la nación española) para intentar traer de nuevo los votos que ha perdido. Durante los próximos meses veremos si esto funciona y remontan o si su hundimiento ya es imposible de parar.

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