Opinión: La pantomima catalana

Alejandro Esteban

Que el movimiento independentista en Cataluña ha fracasado es un hecho objetivo. Los líderes del denominado “procés” ya no saben qué hacer para llamar la atención. Lo último que se inventaron fue una huelga de hambre, imitando a Gandhi, que duró la friolera de tres semanas. Tres semanas. Un auténtico descalabro.

Cuando un líder político empieza una huelga de hambre lo hace con la intención de tener repercusión en los medios, para poder conseguir apoyos a su causa, sea esta cual sea. Sin embargo, no lo consiguieron. La reacción, tanto de los medios, como de la sociedad catalana y española en general, fue de absoluto desinterés y pasividad. Dicho de otro modo más coloquial, a la gente le dio igual. A nadie le importó. ¿Por qué? Porque después de varios años de proceso, con momentos muy calientes y de mucha tensión que no han servido para nada, la gente (y hablo de la gente independentista) tiene la sensación de haber sido engañada. Desde el año 2010 ha habido cuatro elecciones autonómicas y dos pseudoreferendums. Es decir, ha habido seis votaciones, y todas ellas eran la puerta a “la llibertat”. Cada una de las votaciones era un “ya sí que sí que nos vamos”, pero nunca se consumó esa independencia. Los partidos independentistas han cometido varios errores que han llevado a este movimiento a caer derrotado frente al unionismo.

Uno de los errores más groseros que han cometido ha sido el creer (o actuar creyendo) que tenían el apoyo de la mayor parte de Cataluña, cuando eso se ha visto claramente que no es cierto. En todas las elecciones autonómicas el independentismo ha conseguido siempre en torno al 47% de los votos, una cantidad importante, pero insuficiente para muchas cosas e insuficiente, sobre todo, para buscar una posible secesión. Por lo que han seguido tercamente con la cantinela de la independencia es porque el sistema electoral español hace que estos estén sobrerrepresentados en el Parlament, entonces aprovechan y utilizan la falacia de que si tienen la mayoría de escaños es porque tienen la mayoría de apoyos en las calles.Otro de los errores en los que han incurrido es en darle tanto poder de decisión a la CUP. La CUP es un partido político que en las últimas elecciones obtuvo solo el 4.45% de los votos.

Además, es un partido bastante de izquierdas, con unas ideas bastante radicales. Las ideas radicales suelen dar miedo o causar rechazo a la mayor parte de la población, y si dejas que una formación que propone este tipo de políticas lidere un movimiento que, en teoría, debería ser transversal, lo que logras es que más gente se ponga en contra de este, por no mencionar que la mayoría de apoyos al independentismo viene de lo que se podría considerar como burguesía, por lo que no parece muy inteligente colocar a una formación “anti burguesa” en esa posición.Lo último que es necesario mencionar es que las personas que dirigen el movimiento secesionista catalán son personas mediocres.

La mediocridad en la política es una enfermedad bastante extendida en toda España, pero en situaciones como las que estamos explicando necesitas líderes que parezcan líderes, y Cataluña no los tiene. Quim Torra no tiene carisma, Puigdemont huyó como un cobarde metido en el maletero de su coche, otros hacen una huelga de hambre y luego toman batidos a escondidas. No es serio, no da la sensación de ser algo serio. Lo único que consiguen es sacar una sonrisa a aquellos que leen los periódicos o ven los informativos.

No puedo terminar este artículo de otra manera que no sea parafraseando al escritor italiano Ennio Flaiano, quien, al ser preguntado una vez sobre la política de su país, respondió de manera brillante: “la situación es grave, pero no seria”. Esa frase es un buen resumen del momento actual que vivimos.

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