Opinión: “Camarero, una de CIS”

Miguel Hernández

En el día de ayer, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó el barómetro correspondiente al mes de enero, el primero de 2019. De nuevo se ha vuelto a comprobar la denominada “cocina” o manipulación de las previsiones electorales en favor del gobierno, orquestada por José Félix Tezanos, presidente del ente público.

El PSOE ganaría las elecciones por aplastante mayoría, con un 28,9 %, Casi diez puntos por encima de la segunda formación política, el PP, que se situaría con un 19,1 %. Muy próximo estaría Ciudadanos, aproximadamente un punto por debajo de los populares, con un 17,9 %. Unidos Podemos se estancaría como cuarta fuerza política, con una intención de voto de un 14,9 %. El ‘fenómeno Vox’, según el barómetro público, no despegaría y tendría que conformarse con un 3,7 %, lo que sería sinónimo de alcanzar el umbral mínimo del 3% para obtener representación parlamentaria.

‘A priori’, el CIS podría ser una fuente fiable de encuestas políticas. Sin embargo, tras los anteriores estudios demoscópicos se ha corroborado que el organismo público carece de credibilidad. Lo que no quiere decir que en anteriores legislaturas no se manipularan los resultados por el partido en el gobierno. Ya se puso en duda cuando se nombró máximo responsable del CIS a Tezanos, miembro hasta hace unos meses de la Comisión Ejecutiva socialista. De hecho, hubo un momento en que compatibilizó ambos cargos, mas se decidió que por la imagen que proyectaba este hecho, abandonara sus funciones en la Ejecutiva para “centrarse” en su nueva labor, según el Partido Socialista.

Pero no se centró en demasía, al parecer. Encuesta tras encuesta ha otorgado la victoria a su partido, y ha dejado de lado la ética profesional que debe caracterizar a un organismo público. En esta ocasión el acto de manipulación ha sido patente. Sí es cierto que la mayoría de las encuestas privadas dan como ganador de las elecciones al PSOE, pero no con una diferencia abismal de prácticamente 10 puntos. Todas ellas coinciden en el fortalecimiento de la derecha, con especial hincapié en el auge de Vox. La fuerza política liderada por Santiago Abascal alcanzaría una cuota más cercana a la obtenida en las Elecciones andaluzas (10,97 %), que a la “cocinada” por el señor Tezanos.

Lo más flagrante de todo es que el CIS es un organismo de titularidad pública. Consiguientemente, todos los ciudadanos somos propietarios y financiamos con nuestros impuestos todos los estudios e investigaciones llevados a cabo por un Centro que tendría que ser una referencia en materia sociológica. Además, se ha cambiado el formato de trimestral a mensual y de escaños a porcentajes, entre otras transformaciones. Por tanto, en suma, supone un gasto innecesario de millones de euros, que únicamente persigue el objetivo de beneficiar a los socialistas.

Y ni siquiera se ha cumplido este objetivo. El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, al ser preguntado en privado y de manera oficiosa por el barómetro del CIS por un tertuliano de Onda Cero respondió: “¿qué quiere que le diga?”, encogiéndose de hombros. Denota que ni los propios dirigentes de la fuerza que tendría que ser una referencia en la izquierda están conformes. Aún así, el partido del gobierno oficialmente valora la encuesta como una de las “más legítimas y las más creíbles que se hacen”.

La oposición, por su parte, calificaba la encuesta como un “episodio de broma nacional”, en palabras de Begoña Villacís, portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid. Con sorna, el secretario general del PP, Teodoro García Egea, tuiteaba: “El PSOE sería la primera fuerza en Tanzania, Japón y Madagascar”.

A modo de conclusión, es manifiesto que la derecha crece, sobre todo la extrema derecha. La izquierda, lo único que provoca con semejantes actuaciones, que por supuesto son de su responsabilidad, es desinterés y apatía. Cuando llegue la hora de votar, el electorado se remitirá a este tipo de acontecimientos y en los resultados electorales se observarán las consecuencias de los errores del progresismo. Así, desde luego, no se puede frenar a los extremistas. La manipulación no tiene cabida en la política ni en la sociedad, aunque muchos se empeñen en ubicarla habitualmente como tónica general de la agenda política.

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