#10years: La historia del final

Noemí Castillo

Un nuevo reto viral inunda las redes. En esta ocasión se trata del 10 years challenge. Si estás leyendo esto, no creo que haga falta explicación. Estoy casi segura de que te has topado con alguna publicación que sigue esta moda. Una foto de 2009 y otra de 2019. La evolución de diez años. Y, como cada vez que una moda nueva llega a las redes, la modificación que hacen de ella los más creativos. Dibujos, chistes y, para los más reivindicativos, protesta. Así llegó a compararse la pobreza, los precios de los alquileres, los feminicidios, la contaminación…

Estas y un largo etcétera de ellas que solo me dejaba pensar en una cosa: ¿hasta cuándo? O, lo que es mucho más preocupante ¿seguimos estando a tiempo?

Siempre nos han hablado de la contaminación, del reciclaje, de la sostenibilidad…son términos que nos suenan a todo el mundo. Sin embargo, no se le llega a dar la importancia que tienen. Abarcar todos los problemas medioambientales en un artículo es una tarea que roza lo imposible. No obstante, si nos centramos en datos reales, observamos que cada vez es más necesaria la formación y la actuación. El ser humano es, en la mayoría de las ocasiones, el gran culpable. Pero de nada sirve martirizarse y quedarse quietos.

Entre 1979 y 2014 desapareció un 40 % de la superficie que cubre la Antártida. En Alaska la capa de hielo de los lagos se redujo un 22 % entre 1991 y 2011 y, en los últimos 6 años, ha bajado entre 21 y 38 centímetros. Los mares se llenan de plástico. Las autopsias de peces dejan imágenes espeluznantes: estómagos llenos de plástico procedentes de humanos irresponsables.

Los datos son preocupantes, pero aún son peor cuando se observa que nada cambia. De hecho, los grandes gobernantes se niegan a afrontar el problema. ¿Por qué? Es complejo y, aunque no sea el único motivo y sea triste admitirlo, juega un gran papel la economía. El deshielo permitiría, por ejemplo, nuevas rutas comerciales que conectarían a Oriente y Occidente. De hecho, un buque danés ya probó una nueva ruta por el Ártico. Otra razón es el hecho de que las mayores bolsas de petróleo se encuentren bajo el océano glaciar Ártico, su deshielo significaría un vía libre para su consumo como combustible fósil. El desastre del planeta a cambio de los billetes de unos pocos.

Sumado a esto se producen simulaciones de avance que solo pretenden engañar a la población. Sin ir más lejos tenemos el acuerdo de París en el que se había establecido un plan de actuación mundial para frenar al cambio climático. James Hausen —físico, climatólogo y gran investigador al que se considera el padre de la conciencia sobre cambio climático—calificó este acuerdo de fraude. Aseguraba que mientras los combustibles fósiles fuesen más baratos, seguiríamos quemándolos, y que solo se habían hecho promesas que no conllevaban ninguna acción.

¿Hasta cuándo? Esperar no es la respuesta.

Dejar de escribir nuestro propio final. Escupir en sus intereses. Que el pueblo tome conciencia y gane la batalla. Que cambiar pequeños hábitos consiga grandes beneficios. Que exijamos medidas. Y que no sigamos viendo cómo el hielo desaparece, los animales mueren, el aire pasa a no poder respirarse y solo nos queda la desesperación.Que la esperanza, aunque sea mínima, se convierta en fuerza para reivindicar. Que la rabia pase a ser activismo. Somos el gran problema, pero también la respuesta. Está en nuestras manos que la foto de 2029 no sea negra. Y llegados a este punto hay algo de lo que no podemos dudar: se nos acaba el tiempo. Tic-tac, tic-tac, tic-tac…

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