#10years: una década frenética para la política española

Movimiento de sillonesCuando tratamos de comparar la política de hace 10 años con la de ahora, inevitablemente pensamos en el tinte de colores que ha cubierto el arco parlamentario desde entonces. Primero llegó podemos, en forma de 15M, con la promesa de acabar con la casta. Más tarde la derecha se dividió y Ciudadanos, que ya llevaba desde 2005 presentándose a las elecciones catalanas, dio el paso a la política nacional. El último fichaje, también por la bancada conservadora, ha sido Vox, que más que cambio, ha traído retroceso.

Los años tampoco han pasado en balde para los partidos tradicionales. Han tenido que decir adiós a los dulces años de bipartidismo y adaptarse al nuevo marco político. El PSOE gobierna, como lo hacía en 2009, pero en evidente minoría, tras meses de negociaciones a ambos lados de la bancada y tras casi una década en la oposición. En 2009 Zapatero ocupaba la Moncloa contando con el apoyo de todos los varones y buena parte de artistas congregados en La Paz(Plataforma de Apoyo a Zapatero), pero su popularidad fue disminuyendo a medida que se agravaba la crisis económica y dimitía buena parte del Ejecutivo. Hoy Pedro Sánchez ocupa su puesto después de dos años demostrando que es capaz de resurgir de las cenizas y enfrentarse a la cúpula de su partido.

Para el Partido Popular no corren mejores vientos que entonces. En 2009, Mariano Rajoy comparecía en una rueda de prensa diciendo que “la Gürtel era una conspiración contra el PP”. No dudó en acusar a jueces, fiscalía y policía de perseguir a dirigentes de su partido. Llegó incluso a pedir la recusación del juez Garzón, entonces instructor de la causa. Por su puesto, también negó con rotundidad que el PP hubiera recibido “ni un solo euro de las personas implicadas en el asunto”. Lo decía un miércoles 11 de febrero  acompañado, entre otras personalidades, de María Dolores de Cospedal, Javier Arenas, Ana Mato, Galardón, Esperanza Aguirre, Trillo y Camps. Ha pasado desde entonces prácticamente una década exacta y gran parte de aquellos cabecillas ocupan banquillo, o celda.

La Gürtel era la punta del iceberg. Ese mismo año saldría a la luz el escándalo del espionaje en la Comunidad de Madrid, poco después se destapaba el caso Nóos, la Púnica y así con más 50 causas abiertas. Sin embargo, aunque muchas de ellas se han llevado por delante a pesos gordos de la política, sólo la Gürtel, la trama de corrupción más extensa y profunda de nuestra democracia,  ha sido capaz de hacer caer al número uno de los populares.  

El 25 de mayo del año pasado la Audiencia Nacional sentenciaba que el PP, como persona jurídica,  se había financiado de forma ilegal y se había beneficiado de un “sistema de corrupción institucional”. Mariano Rajoy se negó a asumir responsabilidades y, el 1 de junio, ni una semana después, abandonaba el hemiciclo sin ser ya presidente del Gobierno.

Con un Rajoy desterrado de la Moncloa por Sánchez y derrotado por la primera moción de censura que sale adelante en nuestro país, se producían las primeras primarias del PP, que se llevaron por delante a Cospedal, Sáenz de Santamaría y Margallo para darle el bastón de mando al joven Pablo Casado, que traía la sombra del aznarismo en sus espaldas.

El desafío independentistaSi hablamos de la política española, y especialmente del movimiento de sillones, tampoco podemos olvidarnos del gran quebradero de cabezas de estos últimos diez años, Cataluña.  Desde 2009 se han convocado elecciones 4 veces y han dirigido el Parlament hasta 3 presidentes distintos.

En 2009 todavía era presidente José Montilla, del Partido Socialista, en el conocido como “tripartito” con ERC e Iniciativa per Catalunya. Los socialistas gobernaban en la Comunidad desde 2006 tras conseguir desbancar a Jordi Puyol. Entre sus mayores logros se encontraba la aprobación de un nuevo Estatut que reconocía a Cataluña como nación, le daba mayores libertades jurídicas y defendía la lengua catalana.

El único partido que votó en contra del texto fue el Partido Popular, que interpuso ante la Audiencia Nacional un recurso de inconstitucionalidad a más de 100 artículos. El órgano colegiado se pronunció en 2010 considerando inconstitucionales 14 de los artículos más aplaudidos por el nacionalismo y dejó otros 27 sujetos a la interpretación del Tribunal.

El fallo de la Audiencia fue la mecha que desató el movimiento independentista. Pocos días después se convocó una multitudinaria manifestación bajo el lema “ Som una nació, nosaltres decidim” a la que siguieron otras muchas más. Ya no pedían un aumento de la autonomía catalana, ahora querían conformarse como un Estado independiente.
En las elecciones de 2010 Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), con Artur Mas como líder, se hizo con el gobierno de la Comunidad y, desde aquel año, las fuerzas independentistas tienen en control del Parlament. Su fuerza también se ha hecho notar en la política nacional, contando con 17 diputados en el Congreso, 9 de ERC-CATSÍ y 8 de CDC. No es de extrañar que se hayan convertido en un eslabón fundamental para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y la aprobación de nuevas leyes.

Cataluña tampoco se ha visto aislada de los escándalos de corrupción. En 2009 la fiscalía de barcelona presentaba una querella contra Félix Millet y otros tres responsables y directivos del Palau de la Música por apropiación indebida y falsedad. A mediados de 2018 Millet fue condenado a 9 años de cárcel. Jordi Montull y su hija también fueron penados con 7 y 4 años respectivamente, y la familia de Millet tuvo que afrontar multas millonarias.

Convergencia, actual PDCat, tampoco se ha librado. En el caso Palau fue acusada de beneficiarse de las mordidas y ser conocedora de la trama de corrupción, además, varios de sus dirigentes han tenido que declarar con el «3 per Cent», aún en fase de investigación. Tampoco pasa desapercivida la autoinculpación de Jordi Pujor, que el 2014 confesó no haber declara 4 millones de euros ubicados en Andorra y que provendrían de una herencia familiar.

El tiempo pasan y nadie parece tener la solución al conflicto catalán. La derecha pide volver a aplicar el 155 como se hizo después del 1 de octubre, mientras que la izquierda se debate entre el diálogo, la Constitución y la convocatoria de un referéndum, en esta última, ni siquiera se ponen de acuerdo en los términos con que se realizaría. Lo único claro es que es un asunto turbio y la falta de actuación está dividiendo a la sociedad catalana y a todo el país.

Miembro de la Junta Editorial de Revistaincognita.com
Estudiante de Ciencia política y administración Pública + Periodismo

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