#10years: Se alquila tiempo

Noemí Castillo

El tiempo es un tema universal. Podemos hablar de él de mil maneras. De hecho, siempre lo hacemos. Posiblemente uno de los ejemplos más claro sea el “se me ha pasado el tiempo volando”. Es una expresión común. Sin embargo, el minuto sigue teniendo sus 60 segundos y, retando a las matemáticas, el tiempo pasa a ser algo relativo. Si un minuto puede parecernos casi tan largo como una hora, ¿cómo es posible que diez años pasen en un “abrir y cerrar de ojos”, que equivale a unos segundos? Sencillo, la relatividad del tiempo. Quizás si esos diez años los hubiésemos pasado encerrados, habrían parecido más. Aunque esto solo son suposiciones. Cada persona tiene una experiencia particular, distinta a la de todos los que le rodean.

Si me preguntan a mí, diré que he cambiado mucho. Delante del espejo soy una persona totalmente distinta. Mis pensamientos no se parecen en nada a los que tenía hace 10 años y, sin embargo, nada ha cambiado tanto. O quizás sí. En 2009 vivía en mi pueblo, iba al colegio, estudiaba, tenía mis amigos, un chico me hacía cosquillas en el estómago… casi igual que ahora. Lo único que ha cambiado radicalmente son los miembros de ese grupo de amigos, el nombre de ese chico, el pueblo y el colegio. Ahora es Madrid y ya no es un colegio, es la universidad. En verano empezó la ventura: la búsqueda de un nuevo hogar. Y lejos de encontrar un piso que me animase a seguir este camino, encontré ruina. Ruina para ricos. Pisos de paredes a punto de derrumbarse. Familias que te alquilaban una habitación roñosa a cambio de tu ausencia y de un precio al alcance de pocos. Zulos asfixiantes alejados de todo en los que tenías que agradecer que limpiasen por ti. Y todos tenían en común algo: “¿cómo voy a pagar esto?”. Al final tuve la suerte de vivir con tres chicas en mi misma situación. Y, para mi sorpresa, en un piso que, a pesar de los problemas vecinales, podría ser el de una familia cualquiera. No obstante, viaje a Madrid nunca dejará de darle vueltas a mi cabeza. Mi yo de 2009 no hubiese tenido la necesidad de hacer este viaje, pero, según la experiencia de otros, tampoco se habría topado con tantos problemas.

Ir a ver pisos es turismo de ricos que pretenden vivir en pobreza. Y esto es Madrid, pero puede ser más preocupante en ciudades como Barcelona. Cada año se paga más por menos. Los propietarios saben que lo vamos a alquilar porque son nuestros estudios y es necesidad. De esta manera, empiezas buscando y terminas desesperada, sin esperanza a la que agarrarte. No son barrios ricos, sino barrios obreros de gente normal. Sin lujos. Aunque también se puede hablar del centro, que es más caro. Al abuso a unos estudiantes que necesitan un lugar donde dormir, se suman pisos de turistas que, obviamente, pueden pagar más por día de lo que un habitante de la ciudad puede pagar por mes. Y este es el cuento sobre cómo nos vamos ahogando. Los vecinos sin sus pisos. A partir del mes que viene, cincuenta euros más. Los estudiantes desesperados. Aquí no hacemos contratos, lo siento por la beca. Y el alquiler amenazando. En estos diez años la situación no ha mejorado. A lo mejor dentro de otros diez ya ha explotado. Y entonces querremos alquilar tiempo. Para esperar un mes más, para no quedarnos sin opciones.

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