#10year: Auge, repercusión y riesgos de las redes sociales en casos de desaparición

Ana Alcaide Valcárcel

Las redes sociales han revolucionado nuestro día a día y han trasformado nuestras relaciones con el mundo. Su crecimiento ha sido imparable en estos últimos 10 años, y son muchas las personas que acuden a este tipo de plataformas para saber qué está pasando a su alrededor de forma rápida y sencilla.

El usuario de redes sociales se convierte en un generador y distribuidor de información, por tanto, los flujos de información que manejan las redes sociales son cuantiosos. Según estadísticas recientes (Internet Live Stats, 2018), cada segundo se envían 7.907 tuits, se suben 825 fotos a Instagram; se hacen 2.960 llamadas de Skype; se ven 72.410 vídeos de Youtube o se realizan 64.890 búsquedas en Google.

El auge y la repercusión de las redes sociales en esta última década son innegables. Internet lo ha revolucionado todo, incluso la búsqueda de desaparecidos. Si hace 10 años los familiares y amigos empapelaban las calles con carteles, ahora también suben su foto a la red con la esperanza de que pueda surgir alguna pista.

El pasado mes de diciembre, conocíamos el caso de Laura Luelmo, la joven profesora de 26 años desaparecida y asesinada en El Campillo (Huelva). Su desaparición hizo saltar todas las alarmas, y en cuestión de horas, las redes sociales se llenaron de fotos y mensajes con el objetivo de localizar a Luelmo lo antes posible. Tras encontrar el cuerpo sin vida de la joven, España entera quedó consternada, y una vez más, las redes sociales se volcaron mostrando todo su apoyo a familiares y amigos.

Un caso similar fue el de Diana María Quer, desaparecida el 22 de agosto de 2016 y posteriormente asesinada en A Pobra do Caramiñal (A Coruña). Días más tarde a su desaparición, la Guardia Civil reclamaba colaboración en sus redes sociales consiguiendo una máxima difusión con más de 60.000 visualizaciones en su cuenta de Twitter. Tras este tweet, la desaparición de Diana Quer llegó a todos los rincones de España con una inmediatez fortísima.

Una de las plataformas digitales con más seguidores en Internet es Twitter y en ella circulan miles y miles de noticias al día con una mediación irrefutable. Casos de desaparecidos los encontramos muy frecuentados en la actualidad, y esta red social es empleada por medios de comunicación y por fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado para localizar a las víctimas cuanto antes.

Gracias a las redes sociales, casos de desaparición como los que hemos mencionado, han tenido tanta repercusión en nuestro país, que la prensa internacional se ha hecho eco de ellos. Vivimos sumergidos en un mundo totalmente globalizado y conectado en todos sus puntos, pero esta garra que posee las redes sociales también tiene sus riesgos y sus puntos negativos.

Por ejemplo el caso de Marta del Castillo, en el que corrieron por Twitter y en algunos medios de comunicación fotografías poco adecuadas sobre la víctima y su presunto asesino. Más dolor añadido al que ya llevaba una familia destrozada que, siete años después, sigue sin haber podido enterrar a su hija porque el asesino confeso ha dado hasta siete versiones diferentes sobre el lugar donde ocultó el cadáver. En el caso de Martina Alemany no se han mostrado, afortunadamente, fotos inapropiadas de la menor, pero los rumores y bulos han corrido como la pólvora por Internet. Los padres de Cristina Bergua y Sara Morales recuerdan con rabia las llamadas de madrugada de chicas que se hacían pasar por sus hijas. La Guardia Civil identificó a una decena de menores que llamaban a casa de Yeremi Vargas haciéndose pasar por él, diciendo que lo tenían retenido y que lo iban a matar.

Con el poder de las redes sociales es importante ser cuidadosos con lo que compartimos, especialmente si se trata de menores, personas desaparecidas o asesinadas. Es recomendable difundir solo en los casos cuyas informaciones estén contrastadas por los cuerpos de seguridad o medios de comunicación. Nosotros como usuarios de redes sociales tenemos el poder de controlar infinidad de información, por eso es primordial hacer un buen uso de estas plataformas y evitar difundir bulos y falsas sospechas.

Para terminar, es clave analizar nuestro comportamiento como miembros de una sociedad globalizada e interconectada. Pensemos: ¿Estamos haciendo un buen uso de las redes sociales? ¿Ha afectado el uso de estas plataformas a nuestra sociedad durante el paso de estos 10 años?

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