#10years: inmigración y humanidad

La inmigración ha sido uno de los temas que más ha sacudido la conciencia ciudadana en la última década.

Patera del Mediterráneo. Fuente: Europa Press

Desde el comienzo de la crisis de refugiados en 2015, el mundo entero se ha acostumbrado a imágenes realmente estremecedoras provenientes del mar Mediterráneo que hace diez años habrían resultado impensables. Campos de refugiados saturados, pateras colmadas de inmigrantes, rescates inconcebibles (…) son algunas de las escenas que nos ha dejado esta crisis sin precedentes en el último siglo.

Los protagonistas de esta lamentable situación son inmigrantes, en su mayoría de origen sirio, que huyen de la barbarie y buscan la seguridad que su país de origen no les puede proporcionar. En condiciones pésimas y situaciones críticas, viajan familias numerosas, jóvenes en solitario… por vías marítimas o terrestres que en muchas ocasiones se ven obligados a recurrir a mafias para abandonar sus respectivos hogares.

Concretamente, el conflicto en Siria ya ha generado más de 13 millones y medio de refugiados desde que estalló en 2011 y las constates violaciones de derechos humanos, detenciones, torturas y ataques a la población no presentan un panorama esperanzador.

Mientras tanto, Europa, la región más afectada por esta gran crisis migratoria por la cercanía con los países de origen mantiene políticas más que reprochables.

En un primer momento, la Unión Europea estableció como objetivo la acogida de 160.000 refugiados (de las más de 1.322.000 solicitudes de asilo en el año 2015), sin embargo el cumplimiento de estas cifras ha sido claramente insatisfactoria y solo en torno a 30.000 refugiados ya han sido emplazados en Europa (un 18% de lo propuesto).

El aumento de las políticas anti-refugiados está directamente relacionado con la creciente representación de fuerzas políticas fascistas y xenófobas en parlamentos tanto europeos como extraeuropeos. La mayoría de estas propagan mensajes falsos sobre el colectivo de refugiados y promueven el odio entre la población con discursos cargados de tópicos inciertos que solo complican aún más sus condiciones de vida. Usualmente relacionan los atentados islámicos o deficiencias de nuestro sistema público sanitario con los inmigrantes, sin embargo no existen datos que verifiquen estas suposiciones.

Aylan Kurdi, el niño sirio que falleció en una playa Turca. Fuente: AP

Son múltiples las aportaciones positivas de la inmigración sobre nuestra sociedad, tanto al estado de bienestar, como al sistema demográfico, riqueza cultural… sin embargo, nunca serán válidas para mentes cerradas y racistas.

En potencias como EE.UU. o Brasil (entre otras), estas fuerzas han llegado a la presidencia con mensajes populistas repletos de intolerancia sin escrúpulos. El dirigente brasileño, Jair Bolsonaro muestra continuamente su odio hacia estos grupos y ha llegado a declarar: «son gente que no sirve para nada».

Es responsabilidad ciudadana concienciarse sobre lo que el fascismo supone y frenar estas tendencias políticas socialmente destructivas que tanto mal han dejado en nuestra historia. Por supuesto, también urge una respuesta efectiva de la UE que obligue a los países miembros a cumplir los objetivos marcados en materia de refugiados.

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