¿Quién es Alexandria Ocasio-Cortez?

Se ha convertido con 29 años en la congresista más joven de la historia de EEUU y en una de las grandes promesas del Partido Demócrata a pesar de los continuos ataques que recibe.  

Mujer, joven y latina. «Se supone que las mujeres como yo no nos presentamos a un cargo público», afirmaba en un anuncio de  campaña la actual congresista por el distrito 14 de Nueva York, que engloba a barrios como el Bronx o Queens con hasta un 50% de población inmigrante. Ganó las primarias a Crowley, veterano demócrata que se gastó 10 veces más en publicidad, y obtuvo una amplia mayoría en las elecciones del 6 de noviembre. «Nosotros tenemos al pueblo, ellos tienen el dinero» continuaba diciendo.

Es hija de un arquitecto del Bronx y una limpiadora puertorriqueña. Estudió en la escuela pública de Yorktown, a 40 minutos de su barrio y se graduó en Economía y Relaciones Internacionales en la Universidad de Boston, mientras trabajaba como becaria  en la oficina del senador Ted Kennedy. Entre sus reconocimientos académicos, la Unión Astronómica Internacional la premió poniendo su apellido a un asteroide.

Cuando tenía 26 años su padre murió de cáncer de pulmón sin dejar testamento. Aquello le hizo adoptar una postura muy crítica con la burocracia estadounidense y los abogados designados por fiscales que “se aprovechan de la gente desesperada y sin recursos”, según ha dicho en más de una ocasión. La batalla legal llevó a su familia al borde del desahucio y la obligó a trabajar hasta 18 horas diarias como camarera. “Comprendo el sufrimiento de la clase trabajadora estadounidense porque lo he vivido en carne propia» dijo a la CNBC sin ocultar su pasado humilde.

Al poco de jurar cargo Eddie Scarry, reportero del Washington Examiner, tuiteó una foto de la congresista en el Capitolio criticando que su traje fuera demasiado caro para no poder  vivir en la capital hasta que no cobrara su primer sueldo, según ella había dicho. “Si llegara al Congreso con un saco puesto, se reirían de mí y me tomarían una foto por la espalda» respondió Ocasio en sus redes sociales. Para el ala más conservadora del país, ser socialista y vestir bien es una contradicción inasumible y tampoco dudaron en criticar el vestido de 3.500 con el que apareció en un reportaje de Vanity Fair, que resultó no ser suyo. Lo cierto es que Alexandria ha visto en su vestimenta un recurso más para difundir sus ideales y no dudó en llevar un traje cargado de símbolos al discurso del Estado de la Unión. Asistió con un traje blanco para recordar a las sufragistas, unos aros y labios color rojo en honor de las mujeres latinas y dos chapas, una feminista y otra con el rostro de Jakelin Caal, la niña guatemalteca que murió en custodia de la policía fronteriza.

En 2016 participó  en la campaña electoral de Bernie Sanders, primer político estadounidense en declararse socialista. Desde entonces, y especialmente a raíz de la victoria de Donald Trump, se ha centrado de lleno en su actividad política. Después de las generales recorrió el país en coche hablando con afectados por la violación de los DDHH. Una de sus visitas fue a  Standing Rock, una reserva nativa afectada por la construcción de un oleoducto que, según ella ha contado, supuso un punto de inflexión en su carrera y le hizo comprender que había otra manera de hacer política.

Alexandria es una de las demócratas más progresistas  del partido. En su campaña pidió la abolición del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), un sistema de sanidad público para todos los estadounidenses, matrículas gratuitas para las universidades y un sistema de empleo universal. Además, aboga por acabar con la privatización de las cárceles y regular la venta de armas de fuego. Se ha atrevido incluso a criticar la política exterior israelí calificando de masacre la muerte los manifestantes palestinos en la franja de Gaza en 2018, en un país en el que el lobby judío no solo es poderoso, sino muy popular. Su última propuesta ha sido implantar un impuesto a la riqueza del 70% en el país más capitalista del planeta.

«Es hora de que nos demos cuenta de que no todos los demócratas somos iguales» fue uno de sus lemas durante las primarias, y es que Alexandria es una evidencia más de las turbulencias que sufre el Partido Demócrata. El establishment se ve temblando ante una oleada de mujeres jóvenes y rebeldes que representan el sentir de la sociedad estadounidense, especialmente desde que los demócratas perdieran la batalla contra Trump.

Desde que ganó las elecciones se ha visto asfixiada por los ataques racistas y machistas de sus opositores republicanos. “Que una mujer latina joven y bella de clase obrera se atreva a defender ideas “socialistas” en Washington, molesta” dijo hace unos meses en una entrevista. El último de ellos ha sido la publicación de unas falsas fotografías en las que supuestamente aparecía desnuda. La fotografía, que era de los pies de otra mujer,  se difundió por el foro de Reddit y en seguida saltó a wikiFeets, el mayor foro para fetichistas de pies. La congresista también ha denunciado que el diario Daily Mail enviara a la reportera Ruth Style a comprar información sobre ella a casa de su pareja.

Estos ataques no han conseguido dañar su popularidad y la congresista ha salido reforzada gracias a su sentido del humor. A principios de enero se hizo viral un video en el que aparecía bailando la canción Lisztomania de Phoenix en una azotea junto a otros estudiantes. “Aquí está la comediante favorita de EEUU que actúa como la imbécil despistada que es” acompaña al vídeo el twitter, a lo que ella respondió con un vídeo bailando en el Capitolio y la frase “ he oído que el partido republicano piensa que las mujeres bailando somos escandalosas, ¡espera a que descubra que las congresistas también bailan!”

Miembro de la Junta Editorial de Revistaincognita.com
Estudiante de Ciencia política y administración Pública + Periodismo

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