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Opinión: un ocho de marzo histórico y global

Ayer España volvió a hacer historia, millones de mujeres tomaron las calles de todo el país. Durante 24 horas consecutivas, las mujeres fueron las protagonistas de una lucha sin precedentes, ejemplo para el resto del mundo, que terminó con una manifestación multitudinaria, que empezó a las cinco de la tarde y no se dispersó hasta bien entradas las doce de la madrugada. Ayer Madrid atardeció de morado y esperanza, porque las mujeres salíamos pidiendo justicia e igualdad, pero sobre todo queríamos dejar claro que no, que el feminismo no divide a la sociedad, sino que la une contra los asesinos y maltratadores, contra los rancios fascistas que pretenden devolvernos a otro siglo.

España tiene voz de mujer y lo demostramos ayer con varias movilizaciones en las que, no solo pedíamos derechos para las mujeres, sino que defendíamos nuestra lucha feminista y nos reafirmábamos en lo que significa ser mujer, para que nunca más nos digan quienes merecen serlo y quienes no. Porque no, el feminismo no divide, une y da voz a las que no la tienen, a las que quieren someter y callar.

Por eso hoy, recordamos a nuestras compañeras de otros países, que ayer con muchas más dificultades y barreras que nosotras, salieron a tomar las calles y dejarle claro al mundo que ahí están ellas, le pese a quien le pese. Hoy aplaudimos con amargura a nuestras compañeras turcas, que fueron gaseadas y rociadas con spray pimienta por denunciar la situación en la que viven las mujeres sirias refugiadas en ese país.

Nos acordamos de las compañeras israelíes que tomaron el Muro de las Lamentaciones, a pesar de la resistencia de los ultraortodoxos, y también de las católicas que se han atrevido a secundar la huelga feminista enfrentándose a la Conferencia Episcopal. Ponemos la vista en Latinoamérica, una de las zonas del mundo donde más está creciendo el movimiento feminista.

Miramos al Santiago de Chile vestido de morado que pedía poner fin a los abusos sexuales y la violencia de género de una vez por todas. Miramos a Río de Janeiro, que ayer, además de pedir respeto para las personas homosexuales y transexuales en contra de la opinión de Bolsonaro, recordaba a Marielle, la concejala y feminista que fue asesinada el 14 de marzo del año pasado y, tristemente, a las otras 1.117 que han sido asesinadas durante 2018 en ese país. No nos olvidamos tampoco de las argentinas que teñían de verde Buenos Aires una vez más, dejándole claro al Gobierno que no puede ir en contra de los derechos de la mitad del país. Del mismo verde vestían en México, donde también pedían mayor seguridad contra los feminicidios y respeto para las mujeres indígenas y racializadas.

Al otro lado del charco, un grupo de mujeres ocupaban Nueva Delhi, la capital del considerado país más peligroso del mundo para ser mujer. También se manifestaban varios activistas en apoyo al movimiento #metoo en Corea del Sur y en Indonesia reivindicando la equiparación salarial. Merece la pena nombrar a todas las mujeres africanas que ayer se organizaban en coloquios, cursos y concentraciones, como es el caso de Kenia, donde varias estudiantes clamaban en contra de los abusos sexuales. Para las mujeres de estos países, y de otros muchos que no hemos nombrado, lo que pasó ayer fue histórico.

El éxito de las movilizaciones españolas son un suspiro a todas las barreras que están atravesando, somos el ejemplo de que las manifestaciones no son en vano y sabemos que somos lo que somos gracias a otras feministas que salieron hace no tanto a enfrentarse a la justicia, el gobierno y la sociedad, como lo hicieron ayer todas estas mujeres.

Nos dirigimos, en último lugar, a todas aquellas que no pueden manifestarse porque viven en dictaduras misóginas y fundamentalistas, que sufren los estragos de la guerra, en la que la mujer siempre es doble víctima, de las bombas y de la violencia sexual. Este 8 de marzo es para las niñas de Yemen, que son casadas en contra de su voluntad antes de cumplir la mayoría de edad, a las mujeres, niñas, incluso bebés, de la República Federal del Congo que a día de hoy siguen enfrentándose a las violaciones indiscriminadas y la repudia de su familia, a las mujeres de la India que viven con el miedo a las entrañas.

Ponemos el foco en las que son explotadas sexualmente o son reclutadas como vientres de alquiler, en las que viven con el demonio dentro de casa o las que vuelven a casa con las llaves en una mano y el teléfono en la otra. El día de la mujer es un día para mirar a nuestro alrededor y observar, mirar lo que está pasando y pensar si este es el mundo que queremos dejar a nuestras nietas. Por eso hoy, después de un día largo y pesado, de mucho esfuerzo y esperanza, nos levantamos con ilusión y ganas de cambio, esperando que el próximo 8 de marzo, estemos un escalón más cerca de la sociedad feminista.

Miembro de la Junta Editorial de Revistaincognita.com
Estudiante de Ciencia política y administración Pública + Periodismo

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