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Opinión: Salvando las distancias

El 24 de junio salta la noticia. Una noticia que entre los periodistas habituales de Ciudadanos ya se daba por inminente. Toni Roldán, miembro de la ejecutiva de Ciudadanos y portavoz económico de la formación en el Congreso de los Diputados, dejaba el partido y también su acta de diputado en las Cortes, y lo hacía por el escoramiento de los de Rivera a la derecha: “Vinimos a superar la dinámica entre rojos y azules y nos hemos convertido en azules. ¿Cómo vamos a ser creíbles en la regeneración si apoyamos a gobiernos que llevan 30 años en el poder?”. Así lo señalaba él mismo, haciendo una clara referencia al apoyo que le va a blindar su ahora antiguo partido a los populares en Castilla y León, donde llevan gobernando casi desde el inicio de la democracia.

La dimisión de Roldán, solo fue el pistoletazo de salida a una oleada de fugas sin precedentes en las filas naranjas. Horas después, el eurodiputado, Javier Nart, dimitía también de la ejecutiva, y como «no hay dos sin tres» también dejaba su acta, el mismo día, en el Congreso, el candidato a presidir Asturias. Tras aquel lunes negro, las alarmas volvían a saltar a última hora de la tarde en la sede de los naranjas tras el movimiento de Igea de convocar una rueda de prensa al día siguiente. Además, el candidato a la presidencia de Castilla y León, no de Rivera, cambiaba su foto de perfil en Twitter y la sustituía por una con el recién dimitido Roldán, lo que desde la calle Alcalá vaticinaron como una nueva renuncia. Por suerte para Rivera, Igea no le devolvió la flecha que le tiene guardada desde el intento de manipulación de los resultados de las primarias del partido. Igea ha sabido actuar, hacer política y le ha permitido tomar aire. No ha dimitido, solo ha llamado a la rebelión. El dirigente naranja llamaba a saltarse la disciplina de partido en la investidura y apoyar un futuro gobierno de Sánchez.

Mientras, Ciudadanos pierde su ala más socialdemócrata y centrada del que los naranjas hacían bandera antes de intentar «ser azules», las fugas suponen, sin duda alguna, un antes y un después en la formación, pero ¿Y ahora qué? Lo claro es que las espantadas ponen fin a la centralidad naranja lo que deja a Rivera con poco margen de actuación, un margen que puede explotar en varias direcciones. Debe decidir si continúa con su ‘Operación Moncloa’, aquella estrategia que puso en marcha para conseguir el liderazgo del bloque de derechas, sin éxito, y así tener alguna posibilidad de hacer efectivas sus ansias de poder. Esta estrategia conllevaría seguir pactando con los ultras de VOX, cada minuto más blanqueados por los naranjas. Cordones sanitarios al PSOE, un tono hostil con el conflicto catalán…Una operación con la que muchos de sus dirigentes ya han dejado claro que no están cómodos, todo por un objetivo personalista de Rivera: conseguir, como sea, un ápice de poder y eso a costa de acabar con sus principios fundacionales. Ya se lo dijo el señor Valls: «Si pactas con la extrema derecha, estas legitimando sus posiciones radicales».

La segunda opción es volver a la centralidad liberal de su nacimiento, pudiendo plantear un proyecto para España del que está claro que ahora carecen y poder así dejar de nutrirse del conflicto nacionalista porque, no nos engañemos, ciudadanos ha sobrevivido gracias al conflicto catalán y por eso actúan con la máxima del «cuanto peor, mejor».

Salvando las distancias, esto ya ocurrió con Sánchez y su «no es no». La estrategia del socialista en 2016 y su cordón sanitario a los populares provocó una fragmentación en el PSOE sin precedentes. Causó su cese como Secretario General, su dimisión como diputado y una abstención impuesta por la ejecutiva socialista, provocando la llegada a la Moncloa del cesado expresidente Rajoy. Sin embargo, las distancias se deben salvaguardar. Sánchez tras su cese en la ejecutiva y su posterior dimisión como diputado, se postuló como el candidato contra el aparato del partido consiguiendo derrotar con su estrategia a Susana Díaz en las primarias. Tras la resurrección de Sánchez, el Partido Socialista ha conseguido resurgir de sus cenizas, gracias a una estrategia montada a partir de la sentencia de la Audiencia Nacional contra el PP. Por un lado, la conformación del gobierno electoralista que configuró con mucho ingenio y estrategia el actual presidente y, por otro, la profunda implantación del PSOE a nivel territorial, una implantación que ha sido clave para que el color rojo haya teñido el mapa. En cambio, la prematura consolidación de los naranjas en las comunidades y municipios que, en parte, deben agradecer a la extrema derecha, quienes les han dado la llave para que puedan acceder a los puestos de responsabilidad no se acerca ni de lejos a la de los socialistas y eso Rivera si no lo sabe deberían decírselo cuanto antes.

Mientras, como Puigdemont, Rivera está huido, lo que pasa es que deben salvarse las distancias, el naranja huye de la prensa y los focos y no de la justicia.

Un periodista deja de serlo cuando ofrece como información lo puramente subjetivo.

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