Opinión: ¿Qué es ser normal?

Gemma Marrahí

Hace unos días se hizo viral la noticia de que una niña había sido expulsada de un campamento por tener necesidades especiales.

Como bien explican sus padres en una carta, el motivo ha sido una fuerte discriminación por parte de las dos niñas que compartían habitación con ella y que se negaban a hacerlo puesto que ellas dos eran amigas y no querían compartir habitación con nadie más. No solo por eso, según sus madres que no dudaron en ponerse en contacto con el campamento para informar del descontento de sus hijas por esta situación, tampoco querían compartir habitación con ella porque «ya que iban todo el año a un colegio de integración con niños con necesidades especiales y en verano querían disfrutar sin tener que cuidar de estos niños».

La coordinadora del campamento, en vez de reprimir los pensamientos egoístas y discriminatorios de estas niñas y sus madres, prefirió ponerse de su parte y llamar a los padres de Inés para informarles de que su pequeña no se adaptaba al campamento y un sin fin de excusas, dándoles como única solución que la niña durmiera en una habitación a parte con una monitora exclusiva para atenderla a ella. Los padres de Inés decidieron ir a recogerla puesto que no querían que su hija siguiera sufriendo este tipo de discriminaciones y vejaciones durante su estancia en el campamento.

Quedándose la niña destrozada porque siente culpable al no conseguir «ser normal». Este hecho muestra una absoluta falta de empatía por parte de los responsables del campamento que prefirieron consentir los deseos de dos niñas malcriadas antes que mostrar un mínimo de calidad humana y hacer todo lo posible para que Inés disfrutara del campamento igual que el resto de niños. Pero claro, era más fácil que ella se fuera que hacerse cargo de una niña especial, que necesita un poco más de atención y paciencia que lo que puedan necesitar el resto de niños. Porque no es fácil, a veces cuesta mucho integrar a niños con capacidades diferentes, pero si se hace desde el amor y la empatía esos niños consiguen disfrutar de los campamentos y dan grandes lecciones al resto de niños, que crecen aprendiendo que cada uno tiene unas capacidades distintas y que todos somos necesarios.

Y no voy a caer en tópicos de que estos niños son angelitos, adorables y llenos de amor, porque también se enfadan, están cansados o no les gusta alguna actividad, como todo el mundo. Por eso los campamentos, el convivir las 24 horas del día con ellos, hace que el resto de niños y monitores nos demos cuenta de que son iguales, que tienen limitaciones como todos, y que todos somos necesarios para que el campamento funcione. Y nos enseñan lo que es realmente importante, nos enseñan a vivir con intensidad y sin preocuparse por el qué dirán ni qué pensarán el resto de la gente.

No puedo entender que estas madres que llevan a sus hijas a un colegio de integración, supuestamente para educar a sus hijas en la igualdad y el respeto, luego les consientan este tipo de actuaciones, ¿el respeto y la ayuda solo es válido 9 meses al año? ¿Puede haber vacaciones de esto? ¿Como vamos a progresar como sociedad si se siguen permitiendo estos hechos? No habrá progreso real hasta que no se palien este tipo de actuaciones, porque pese a que se ha avanzado mucho, en la sociedad siguen quedando lastres de antigüedad, y lo más preocupante es que unas niñas tan pequeñas, al fin y al cabo el futuro de la sociedad, tengan interiorizados este tipo de pensamientos y que se les afiancen consintiéndolas de esta manera.

No Inés, no es tu culpa, eres especial igual que lo somos todos, cada uno con nuestras peculiaridades. La culpa la tiene una sociedad que pretende que haya gente de primera y de segunda, una sociedad que estipula que lo único bueno es aquello que es normal, pero ¿Qué es ser normal?

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