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Opinión: A ver quién la tiene más grande

El martes 17 de septiembre, tras el comunicado de la Casa Real anunciando que ningún candidato reunía los apoyos suficientes para presentarse a la investidura, una amiga me escribió: “Me tienen muy enfadada. Tanto Sánchez como Iglesias se podrían ir ya a su casa y dejar de ser los machitos de cada partido”. Este sentimiento de cansancio sobre la clase política ha ido aumentando escalonadamente desde el 29 de abril.

Durante la campaña, escuchamos a Sánchez hablar de “socio preferente” refiriéndose al líder de la formación morada, escuchamos a Iglesias defender la constitución a capa y espada, a Rivera oír “el silencio”, a Casado dar un volantazo a la derecha y a Abascal… Bueno, a Abascal no le escuchamos demasiado, solo le oíamos de fondo, gracias a que Sánchez hacía uso del discurso del miedo y, es que, si se fijan, el líder socialista ha llegado al poder y a la mayoría parlamentaria gracias a circunstancias externas a sus acciones. Al gobierno, gracias a la Audiencia Nacional y a Podemos, porque no debemos olvidar que fue el partido de Iglesias quien consiguió los apoyos para la moción de censura de junio de 2018. Y a la mayoría parlamentaria ha llegado gracias, entre otras cosas, a la utilización del ya mencionado discurso del miedo: “Cuidado que viene la extrema derecha, voten al PSOE que es el voto útil”.

Pero volvamos al mensaje que recibí: “Tanto Sánchez como Iglesias se podrían ir ya a su casa y dejar de ser los machitos de cada partido”. ¿Habría ocurrido lo mismo de no ser por ellos? Sí, me refiero a “ellos” en el sentido más masculino de la palabra. ¿Irene Montero y Adriana Lastra, por ejemplo, habrían sido capaces de llegar a un punto en común? Nunca lo sabremos. Lo que está claro es que, durante estos cuatro meses, los cuatro líderes políticos más importantes de este país han jugado a ver quién la tiene más grande.

Sánchez apostaba por su tamaño cerrándose en banda y vetando a Iglesias. Iglesias confiaba en su plusmarca personal pidiendo a 10 minutos de la votación de la investidura que fuera Podemos quién tuviera las competencias de empleo. Casado se encomendaba a sus centímetros comportándose como si con él no fuera la cosa y decidió dejar de hablar y evitar así que subiera el pan y descendieran sus votantes, y Rivera, bueno, Rivera tenía fe ciega en su magnitud. Se negó a hablar con el líder de la primera fuerza política durante tres meses, llamó “banda” al partido más votado y cuando le ha visto las orejas al lobo, o mejor dicho, las orejas a las elecciones, ha hecho un intento a la desesperada para evitar enfrentarse a las urnas porque sabe que le van a ir mal las cosas y necesita el falaz argumento de “yo lo intenté, pero con Sánchez, el traidor, el peor presidente de la democracia”, no se puede llegar a ningún acuerdo. Es más, el líder de Ciudadanos llegó a decir hace unos días que lo del presidente en funciones era “una tomadura de pelo”.

Su comportamiento, el de todos, ha sido de vergüenza ajena. Nuestros políticos no están a la altura de la ciudadanía. De ahí el hartazgo, la ira, la indignación, el enfado y la perplejidad con la que muchos ciudadanos, sobre todo de los progresistas que no comprenden que, con los números a favor, sean los que se autodenominan “progresistas” los que den una nueva oportunidad a la derecha para hacerse con una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar España.

Sánchez e Iglesias serán un desastre, pero, ¿en serio se imaginan ustedes al señor Casado en la presidencia, al señor Rivera en la vicepresidencia y al señor Abascal en Interior o en Defensa? Parece que ni el PSOE ni Podemos han contemplado esa posibilidad. Ustedes, tampoco hace falta que se lo imaginen demasiado, solo deben esperar un par de meses porque es más que posible que ocurra, no gracias a la derecha sino a los “progresistas” y es que muchas veces el enemigo se encuentra en casa.

Ahora podemos señalar, culpar, indignarnos, salir a la calle (no estaría de más), repartir responsabilidades… Pero la realidad es cruda e indignante: esta legislatura ha costado a todos los españoles, a los de derechas y a los de izquierdas, a todos, 24 millones de euros. Nuestros representantes públicos, a los que confiamos las decisiones más importantes de nuestro país, su “amado país”, han sido incapaces de demostrarlo, se han comportado como niños que se pelean por un juguete -ese juguete no es nada menos que España-. Han importado más los sillones y los ministerios. Por parte del PSOE al darlos a regañadientes y sin competencias reales y a Podemos por pedir más de la cuenta que solucionar los problemas de la gente.

Ha sido indignante ver cómo eran todos ellos conscientes de que la campaña electoral parecía no haber acabado. Rivera subiendo a la tribuna con una intención clara de robarle votos al PP y Casado con un discurso más extremo que el de la campaña para hacer lo propio con VOX porque parecía que todos ellos tenían claro que íbamos a volver a vernos las caras con las urnas.

La incapacidad del PSOE y de Podemos para ceder, tolerar y llegar a acuerdos han sido las claves para encontrarnos en esta situación: la repetición electoral fijada en el calendario para el 10 de noviembre. Según la ley, el 23 de septiembre se acaba el plazo para superar la investidura, de no ser así, el rey disuelve las cortes y firma la orden de la convocatoria electoral. ¿Y ahora qué? ¿Los ciudadanos tenemos que votar de manera distinta, “mejor”? ¿Deberíamos dejar de votar en señal de protesta? ¿Deberíamos votar a los grandes partidos? ¿Fortalecer de nuevo el bipartidismo? O, ¿deberíamos votar exactamente lo mismo para dejarles claro que nuestro voto se respeta, que no nos pueden llevar a las urnas cada vez que no les guste el resultado? ¿Cuál es la solución, ir a las urnas cada seis meses hasta que salga una mayoría absoluta? Creo que la respuesta correcta es repetir el voto sin faltar a nuestro derecho constitucional de participación.

Señor Pedro Sánchez tenga claro que el máximo responsable de esta situación es usted. Ya se lo decía a Mariano Rajoy en el año 2016 “es responsabilidad del candidato reunir los apoyos suficientes” y en cuatro meses ha conseguido un voto, un mísero voto, de los 53 que necesitaba.

Señor presidente, señor Iglesias, señor Albert Rivera, señor Casado, dejen de comportarse como auténticos irresponsables y comiencen a hacer política. Dejen de jugar a quién la tiene más grande. Si son incapaces, échense a un lado y permitan coger el timón a personas que verdaderamente amen a su país, competentes y responsables, ya que se ha demostrado que ustedes no lo son. ¿Se han planteado asumir sus responsabilidades y dimitir como si de un país serio se tratara?

Un periodista deja de serlo cuando ofrece como información lo puramente subjetivo.

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