Opinión: Mientras dure la guerra o hasta que acabe la campaña

“Así va España” escuchamos a lo largo del filme. A través de estos pequeños detalles el director chileno-español Alejandro Amenábar nos acerca a nuestro pasado más sombrío y reciente.

Mientras dure la guerra es el retrato de una España que se equivoca, que duda y que se funde entre distintos tonos de gris. A un lado, los rojos, al otro, los azules, y en medio un pueblo confundido.  Unamuno es retratado como ese español inocente, inconformista y en constante lucha interna que se equivoca y contradice constantemente porque prefiere serle fiel a sus ideas que a sus palabras. Aquel discurso del Paraninfo de la Universidad de Salamanca, fuera dicho por él o no, con o sin esas mismas palabras, es parte de nuestra historia y lo es gracias a él, ese hombre polémico y grandilocuente, en ocasiones visceral, y tan inmerso en sus teorías que no supo entender a tiempo lo que significaba un golpe de Estado. 

El nuevo drama de Amenábar es poesía llevada a la gran pantalla, la alegoría de un país roto, dividido y enfrentado, no sólo por la ideología. Pasan los años, pero España siempre será España. Basta con ver cómo se inicia la precampaña electoral: macedonia de siglas, partidos muertos que resurgen, muertos que se desentierran, amenazas a Cataluña e independentistas que eligen la vía equivocada, humoristas que llevan el chiste a las urnas con poca gracia, niños dando clase de moral a políticos de poco nivel y fotos de campaña que parecen sacadas de la República de Weimar.

Muchos de nuestros problemas tienen que ver con esa losa que arrastramos desde hace ya casi medio siglo, con ese pasado que no queremos asumir y con el que no hemos sido capaces de reconciliarnos. Llegó la República y el rojo se tiñó morado, luego ese morado regresó al grana y nos hundimos en el fango de la dictadura, y cuando la democracia se volvió a abrir camino entre las sombras de Franco, en apariencia, todo siguió igual. No cambió la simbología, ni lo hizo la masa que tarareaba descoordinada el himno de la Marcha Real, el de siempre.

Somos las cenizas de lo que fuimos, mera herencia. Qué larga puede ser la vida de un dictador, ya se sabe que bicho malo nunca muere y las guerras no siempre acaban en un tratado de rendición, al igual que las campañas electorales no parecen tener principio o final. No debemos olvidar lo frágil que es la democracia, recordar a Unamuno y su amor a la inteligencia, caminar sobre lo andado y luchar contra la fuerza bruta para ser algo más que pobres hombres.

Miembro de la Junta Editorial de Revistaincognita.com
Estudiante de Ciencia política y administración Pública + Periodismo

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