Opinión: Luchar contra el «planeticidio»

Sara Hidalgo Pasabados

Estos últimos años, la preocupación por la destrucción del medio ambiente se ha convertido en un tópico de nuestro día a día. Adultos y jóvenes de todo el mundo se han concienciado de la problemática que los medios anuncian periódicamente y han tomado las calles para protestar contra las multinacionales y los políticos que parecen restarle importancia al asunto.

Pese a que los efectos de la emisión de gases de efecto invernadero llevan contemplándose desde hace décadas, se ha disparado la voz de alerta gracias a la reciente aparición de un símbolo mundial de la lucha contra el cambio climático. Efectivamente, hablo de Greta Thunberg. Esta joven activista sueca es conocida por ser la fundadora del movimiento Fridays For Future (FFF) o juventud por el clima. Su activismo comenzó en agosto de 2018, poco antes de la convocatoria electoral en Suecia. Thunberg decidió dejar de asistir a clase para protestar en frente del Riksdag (parlamento sueco) pidiendo la aprobación inmediata de medidas que redujeran al máximo la emisión de gases contaminantes. En poco tiempo pasó a ser mundialmente conocida. Ha participado en conferencias de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, en el Foro Económico Mundial, en el Comité Económico y Social Europeo, e incluso ha sido mencionada como una de las favoritas para recibir el Premio Nobel de la Paz de 2019.

Sus discursos, de carácter acusatorio y descarnado, han incentivado la actuación de millones de personas que exigen un cambio en la sociedad. En ellos, la joven activista culpa a los dirigentes de las grandes empresas y a los políticos de destruir el planeta, además del futuro de las nuevas generaciones y la infancia de millones de niños de todo el mundo que se ven en una gravísima situación de miseria.

Pero aunque Greta Thunberg sea un icono admirado a nivel mundial, las críticas que recibe van en aumento. Según una investigación realizada por el diario británico The Times, detrás de Thunberg hay una variedad de empresas (principalmente de lobby), académicos y hasta un think tank fundado por un exministro de Suecia «ligado a las empresas de energía del país». 

Muchos son los que han comenzado a ver a Thunberg como una simple marioneta. Ahora bien, sea como fuere, el objetivo que busca conseguir beneficiaría al mundo entero. Si no quieren colaborar con la causa y hacerse responsables tan solo porque toman a Thunberg por un títere movido por intereses políticos y económicos; pero les preocupa la “salud” del planeta, infórmense. En Latinoamérica, tribus indígenas que por tradición eran enemigas se han unido para combatir la destrucción de los ecosistemas. De hecho, decenas de activistas ambientales han sido asesinados en lo que va de año por defender su causa; y esto es algo que, por desgracia, no ha tenido la repercusión que merece en el primer mundo. Como ven, Greta Thunberg no es la única activista que lucha por el clima (aunque sí la que más repercusión mediática ha conseguido). 

Si atendiéramos a observar lo que nos rodea, podríamos ver que tan solo hace falta iniciativa y esfuerzo para hacer que la relación ser humano-planeta sea cada vez más respetuosa. Es hora de hacer caso a iniciativas de emprendedores que buscan reconvertir el sistema económico capitalista de producción lineal en un modelo de producción circular. Hagamos de la sostenibilidad una moda y dejemos atrás el “planeticidio”. El cambio está en nuestras manos.

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