La España que Perdemos

La población española ha aumentado en 12,5 millones desde 1975. Sin embargo en las zonas rurales los habitantes no hacen más que disminuir.

Muñosancho, Ávila. Fuente: Propia.

Veranos fugaces, inviernos helados, paseos interminables, conocidos más que desconocidos, cielos estrellados, aire limpio, libertad incondicional… desde luego que no es a la vida urbana a la que hago mención.

La vida rural en nuestro país se encuentra seriamente amenazada por el progresivo abandono que sufren pueblos y ciudades pequeñas. En los últimos 10 años esta situación se ha agravado notablemente y los datos son alarmantes. El 62% de las localidades españolas perdieron habitantes. Este fenómeno no solo afecta a municipios pequeños y se estima que en torno al 60% de las ciudades de veinte mil a cincuenta mil habitantes también vieron reducida su población. En la actualidad 26 capitales de provincia también están siendo victimas de este efecto.

En el panorama nacional las estadísticas no se muestran positivas de ninguna forma y es que las bastas zonas despobladas tienen un importante efecto en la densidad de población general. Son 92 las personas que habitan por km² nuestro país, cifra que nos situa muy por debajo de las 177 personas que ocupan cada km² de media en la UE o las 233 personas por km² que ocupan Alemania. Algunas regiones españolas como Soria (8,63 hab/km²) o Teruel (9,15 hab/km²) empiezan a parecerse peligrosamente a regiones como la finesa de Laponia (2 hab/km²) en lo que a densidad de población se refiere.

Densidad de población europea. Fuente: Eurostat.

La comunidad autónoma de Castilla y León ha sido la más afectada por la despoblación en las últimas dos décadas. Sucediendo a esta tenemos a Asturias, Extremadura o Aragón. A nivel provincial destacamos regiones situadas en estas mismas comunidades. Zamora (-1,6%), Ávila (-1,37%), León (-0,97%) y Cáceres (-0,88%) las que más disminuyeron en el último año.

Precisamente de la comunidad más afligida por esta coyuntura es Jose Luis, concretamente de un pequeño pueblo de Ávila, quien nos comentaba que «en algunos aspectos estamos incomunicados; por ejemplo, en temas de sanidad o para ir a supermercados». Tiene 19 años y es el habitante más joven de un municipio de unos 70 habitantes. «Si alguien se pone enfermo puede ir de urgencias al centro de salud del pueblo más próximo, a 10 km de aquí» nos aclaraba sobre la atención médica. Preguntándole sobre la deficiente cobertura móvil que suele haber por la zona nos decía: «Aquí hay cobertura pero de pocas compañías, hay 2 o 3 pero de todas no hay». «En las zonas rurales es donde verdaderamente aprendes a valorar el medio ambiente» declaraba sin reparos cuando tratabamos el tema del cambio climático. «Aqui puedo disfrutar del campo y del medio ambiente, cosa que no puede decir mucha gente que vive en la ciudad. Yo soy feliz en el pueblo».

Asociaciones y plataformas contra la despoblación llevan años reivindicando este estilo de vida y exigiendo a los distintos gobiernos medidas urgentes que resuelvan las dificultades a las que los residentes en estas zonas se enfrentan a diario. La falta de infraestructuras dignas, de empleos estables, la desconexión tanto tecnológica como en redes de carreteras o el difícil acceso educativo y sanitario castigan a la España rural y a sus habitantes. De esta forma, existe una clara desventaja en condiciones respecto al resto de ciudadanos urbanitas. En la última década, estos movimientos han conseguido canalizar el malestar de una parte importante de la ciudadanía y las movilizaciones por la «España Vaciada» han sido muy numerosas. Tal es así que el pasado 31 de marzo se concentraron en Madrid de 50 mil a 100 mil personas por esta misma causa.

La lucha es contra un modelo económico que ha decidido olvidar a un sector de la población desperdigado y no rentable, que ha primado el beneficio por delante de los derechos de los habitantes rurales, relegando y condenando irremediablemente este tipo de vida a la extinción. Dejando a los pueblos en una dificil situación de superviviencia.

Calle vacía. Fuente: Propia.

En España son 311 las localidades que no cuentan con ningún menor de veinte años, 402 en las que más de la mitad de sus habitantes superan los 65 años, 1108 donde no vive ningún niño de 0 a 4 años y 1333 las que tienen menos de 100 habitantes. Y el paso del tiempo no mejora, sino que agrava estas alarmantes cifras. Es necesaria la voluntad política, interés y medidas urgentes y efectivas que reviertan esta situación que solo condena a los más débiles a su propia desaparición para dar de una vez el lugar que se merece la España que perdemos.

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