Opinión: España, una vez más trágate la misma película

Ana Irigoyen Pardillos

Somos parte de una película de cine norteamericano. ¿Por qué cuando las cosas se tuercen nos separamos en bandos? Y donde hay bandos uno es el de los buenos y otro el de los malos. Unos son americanos y otros japoneses. ¿Dónde queda el ser humano sensato y comprensivo que quiero creer que alguna vez ha existido? Ya tardabas Europa, en radicalizarte otra vez, demasiado tiempo sin sacar los tanques y sin soldados disciplinados. Todos los que pensábamos que teníamos suerte de estar viviendo en la época de paz más larga de la historia europea, nos estamos empezando a asustar.

Francia, Italia, Hungría y Polonia ya están en manos de la extrema derecha. Porque se llama así, dejémonos de tapujos, extrema derecha. Partidos políticos que quieren ilegalizar a otros partidos solo por pensar diferente, que quieren tirar por la borda toda medida social conseguida como puede ser la unión matrimonial entre hombres y mujeres del mismo sexo, que quieren dejar a personas ahogadas en el mediterráneo antes de pensar en cualquier otra forma de solventar el problema ¿comodidad o xenofobia?, que quieren privatizar hasta el palo de la bandera, son, sin lugar a duda, de extrema derecha.

España no iba a ser diferente, poco le quedaba para que estas ideas llegaran y crecieran como la espuma, una espuma que ha llegado a los 52 escaños en el Congreso. El nacionalismo catalán ha generado más nacionalismo español y la incompetencia de los partidos de izquierda españoles para hacer gobierno le ha beneficiado al señor Abascal, el cual sonreía entre los gritos de sus votantes que decían: “A por ellos oe, a por ellos oe”. Y yo me pregunto, ¿a por quién?

He oído de muchas bocas que el crecimiento de vox se debe a que la gente está cansada y harta de la situación española. Y yo le digo a toda esa gente que, en momentos difíciles, no caigamos en la misma piedra de la historia, que en vez de radicalizarnos y dejarnos llevar por nuestros egos, racionalicemos. La población alemana de posguerra también estaba cansada, en una situación mucho más desastrosa que la española que dio victoria a uno de los dictadores más sanguinarios de los tiempos. No estoy comparando a Adolf Hitler con Santiago Abascal, estoy hablando de extremismos que solo nos llevarán al distanciamiento entre personas que comparten un mismo lenguaje, una misma cultura y un mismo territorio, en definitiva, a una guerra entre hermanos.

Por otro lado, aquellos que se quieren separar del problema, que quieren empezar de cero su propio país porque se dan de diferentes, en realidad son unos cobardes. Unos cobardes que pretenden tener controlado a su pueblo mediante adoctrinamiento en la educación y propaganda por televisión. Unos cobardes muy inteligentes que al principio eran pocos, pero que ahora consiguen quemar su propia ciudad y cortar sus carreteras. Habrán sido inteligentes para lanzar esa falacia que se llama supremacía catalana a todo su pueblo, pero muy tontos aislándose y dejando que su ciudad cosmopolita se convierta en el pueblo más cerrado que conozco.

Y en esta película de buenos y malos que nos volveremos a tragar y aplaudiremos al final, me pregunto: ¿quiénes son los japoneses malos y feos que destruyen Pearl Harbor y quienes esos americanos guapos de ojos azules que salvan a Europa del fascismo? ¿Acaso no mataron los dos?
Españoles y españolas, yo no quiero una película norteamericana porque ya me la sé. Por una vez quiero algo diferente, una sociedad que no me haga elegir entre buenos y malos, que me permita comprender al que tengo al lado, una sociedad moderada sin odios en ningún bando. Quiero que, aunque estemos hartos, seamos lógicos, quiero que vuelvan esos hombres de la transición para decirles a los americanos que aquí sus indios y vaqueros podrían convivir.

Este país que yo recuerde solo ha estado unido en dos ocasiones, la primera fue con los Reyes Católicos cuando España tenía la hegemonía europea y la segunda durante la transición que juntó a ideologías muy diferentes para salir de esos años de dictadura franquista. Ahora nos toca a nosotros, démosle una lección a Europa y al mundo diciéndoles que esto no es una película de indios contra vaqueros y mucho menos de americanos contra japoneses. Por eso os pido que por muy complicada que este la situación, por muchas piedras que haya en el camino, pensemos con la cabeza, que nos pongamos en la piel del otro, que tengamos auto-critica, y que dejemos de pensar en quienes son los buenos o los malos de la película porque al final nunca hubo de eso.

El villano de Batman, el Joker, tenía una enfermedad y todo el mundo se reía de él, y a el villano del Rey León, Scar, vivía desterrado porque solo su hermano podía ser el Rey. Yo no obedeceré a un Rey León llamado Abascal ni permitiré que Torra se destierre con sus hienas, siempre fui más de Timón y Pumba, así que vive y deja vivir.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Historia Anterior

Juan Carlos Rodríguez, el ejemplo de no rendirse ante las adversidades

Siguiente Historia

‘El Reino Verde’ conquista la frontera de los 50

Lo último de Opinión