Opinión: Habrá coalición, por fin

Pacto con sonrisas y aplausos, después de una segunda convocatoria irresponsable. Ni cuarenta y ocho horas, de la noche a la mañana se han fundido en un abrazo con piropos y silbidos de fondo los dos líderes que hace unos meses eran incapaces de sentarse en el mismo sillón, precisamente para repartirse los del gobierno que ahora presidirán juntos. 

Siete meses de bloqueo, unos presupuestos más que estirados (con lo que ello conlleva), dos sesiones de investidura fallida, insultos por ambas partes, negociaciones infinitas que no llegaron a nada, filtraciones a la prensa, el auge de Vox, la muerte política de Ciudadanos o la fragmentación (mayor aún) de la izquierda. Hasta a Pablo Casado le ha crecido barba por el camino. ¿Todo esto para qué? ¿qué ha necesitado Sánchez para acceder a formar una coalición con Pablo Iglesias? 

¿Tenían que dividirse y perder diez diputados, justamente con los que se ha quedado C’s? Pues sí, han tenido que perder apoyos y romperse en tres para firmar lo que en julio eran líneas rojas. De donde era imposible sacar un gobierno estable y no había más que falta de confianza, se ha levantado un acuerdo con “diez ejes prioritarios” basados en la protección de los derechos sociales. Debe ser que necesitaban unas segundas elecciones para que el ego y la testosterona dieran paso a la cordura y el sentido de Estado. Ahora no son más que dos perdedores que forman gobierno, más débiles, más desgastados y con una oposición mucho más radical.

¿Hacía falta que dimitiera Rivera para que Sánchez escuchara los gritos de Ferraz? Parece que al futuro presidente le ha hecho falta que sea el exlíder naranja el que se vaya para dejar de rascar votos por el ala derecha y sentarse con Iglesias a negociar. No le valió con que se lo dijeran sus propios simpatizantes en abril, se lo hemos tenido que repetir los españoles en las urnas otra vez: con Rivera no, y después del batacazo del domingo, con él si que no, aunque Arrimadas quiera arrastrarse hasta el último momento. 

 ¿Era necesario que Vox duplicara escaños? ¿teníamos que llegar hasta aquí? El gobierno de coalición será progresista, pero no es de progreso de lo que se ha llenado el Congreso. Los «constitucionalísimos» le han regalado a la ultraderecha cincuenta y dos escaños para poder utilizar el Tribunal Constitucional a sus anchas. El que realmente ha sacado rédito de todo este paripé electoral ha sido Abascal, que además de colocarse como tercera fuerza política, ha conseguido blanquear su discurso fascista con la pasividad absoluta del resto de líderes, que apenas se molestaron en replicar la cantidad de mentiras por minuto que decía en pleno debate. Les han dejado pasar y han pasado con fuerza.

En definitiva, si han servido para algo estas elecciones es para disipar las pocas dudas que quedasen de que nunca hubo intención de formar gobierno. Aunque, siendo sincera, aún no llego a entender a qué aspiraba Pedro Sánchez, que de tanto miedo a no conciliar el sueño, parecía ser incapaz de abrir los ojos, porque indiscutiblemente (después del pobre Rivera) es el gran perdedor de estos comicios. No sólo no ha conseguido ese gobierno fuerte al que aspiraba, sino que tendrá que presidir un gobierno de coalición, con menos apoyos que en la pasada investidura, con Pablo Iglesias como número dos y la ultraderecha dando saltos de alegría. Así que, nos podríamos preguntar por qué ahora, pero, a pesar de todo, vamos a quedarnos con que por fin sí.

Miembro de la Junta Editorial de Revistaincognita.com
Estudiante de Ciencia política y administración Pública + Periodismo

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