La Valla, una distopía más real de lo que nos gustaría

La fina linea entre lo real y lo ficticio se hace más latente con estrenos como el de 'La Valla' en tiempos de coronavirus.

La RAE define como distopía la <<representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana>>. Un género que Écija y su productora Good Mood pensaron que definiría su nueva serie de Atresmedia, La Valla, pero dada las circunstancias actuales, nada puede estar más cerca de la realidad que este drama.

No es la primera vez que una serie se adelanta a los acontecimientos. La archiconocida comedia estadounidense, Los Simpons, arrasa con este don de predicción: durante sus 30 temporadas han conseguido anticiparse a varios fenómenos en la vida real, como la victoria de Trump, el brote de ébola o el escándalo en la FIFA.

En palabras del productor Daniel Écija «Se nos está quedando una distopía poco distópica». Ambientada en el Madrid de 2045, tras una III Guerra Mundial, España vive una transición de cambios radicales. Un régimen dictatorial se alza con el poder con la excusa de garantizar la seguridad, la supervivencia y velar por el bien común ante una terrible epidemia causada por la guerra. El mundo entero se enfrenta a tiempos críticos: los recursos del planeta escasean, los suministros esenciales como el agua y la electricidad son racionados y la distribución de productos básicos peligra.

La capital queda dividida en dos bloques separados por una valla: el Sector 1, limitado al gobierno y los privilegiados que aún pueden disfrutar de todas las comodidades, y el Sector 2, donde conviven el resto de mortales en la más absoluta pobreza y coartados de toda libertad.

Cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia

Decía Unax Ugalde, uno de los protagonistas al estreno de la serie a principios de enero que esta “Es un espejo en el futuro al que esperamos no llegar”. Sin embargo, parece que lo hemos alcanzado 25 años antes.

La aparición del Covid-19, como las epidemias desconocidas de La Valla, establece un reto al conocimiento médico provocando el colapso de hospitales. No vivimos bajo un autoritarismo extremo, pero si en un estado de alarma que se asemeja al estado de excepción que la serie nos describe: cuarentenas, control de fronteras y militares en las calles están tan a la orden del día de los protagonistas como de nuestra actualidad. A pesar de estar escrita hace un año y medio, incluso el bautismo del virus, noravirus y coronavirus, “guardan cierta similitud fonética”.

Además del dramático contexto, la serie muestra una profunda historia personal sometida a una lucha en situaciones límites: la historia de dos familias de diferentes clases sociales. Por un lado, la de un ministro y su mujer. Por otro, la de una comerciante, madre de dos gemelas adultas que buscan la manera de salir adelante.

Para Écija dar forma y vida a una ficción distópica a través de la creatividad le permite traer a primer plano determinados tipos de conflictos, como una catástrofe medioambiental que aún estamos a tiempo de evitar. No permitamos que la realidad llegue a parecerse más a esta ficción o, aún peor, llegar a superarla.

Liberal y políticamente incorrecta en continua construcción. Pienso todo lo que digo, pero no digo todo lo que pienso.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Historia Anterior

Tu vida, su negocio

Siguiente Historia

Marzo, el mes que hace 16 años tiñó de negro España

Lo último de Cultura