Principales retos de la Unión Europea en la Comunidad Internacional

El comienzo del nuevo año viene acompañado de dos hechos históricos que son recordados en nuestras conciencias europeístas e internacionalistas. Carlos Guizan

Había finalizado en 1945 otra Guerra Mundial atroz que pesa en la memoria de la persona humana y, un conjunto de Estados conscientes de la necesidad de garantizar la Paz mundial y evitar otro conflicto semejante llevaron a cabo la fundación de lo que se conoce como Organización de Naciones Unidas. Hoy, nos encontramos ante el 75º aniversario de las Naciones Unidas. Sin embargo, no es sólo el único hecho al que haremos mención.

Un francés, el cual resultó ser el Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, pronunció un 9 de mayo de 1950 un discurso que en la actualidad recordamos como la «Declaración Schuman». En esta Declaración instaba a la fundación de una Comunidad Europea del Carbón y del Acero cuyos miembros pondrían en común la producción de carbón y de acero, siendo ésta la primera institución supranacional en la región europea y, base de lo que es la actual Unión Europea.

Resulta relevante recordar los hitos que han supuesto un
avance para la convivencia entre personas de la Comunidad Internacional, no
obstante, ¿resulta todo de color de rosas en la actualidad? La Unión Europea se
encuentra en una fase de reflexión sobre diversos puntos y, el cómo y qué hacer
en la Comunidad Internacional es uno de ellos.

El año del 70º aniversario de la Declaración Schuman y el
75º aniversario de la fundación de la Organización de Naciones Unidas se
plantea «movidito» para la conciencia europeísta. En este año la
Unión debe plantearse su posicionamiento en el mundo, su postura y capacidad de
poder e influencia ante el comunidad internacional y sobre cómo promover en el
marco internacional esos valores europeos que tanto alardeamos y, que, parece
que se nos olvidan en nuestras fronteras y las griegas hoy en día.

En el preámbulo de la Carta de derechos fundamentales de la Unión Europea se nos habla de que los pueblos europeos compartan «un porvenir pacífico basado en valores comunes». Y, señala, la dignidad humana, la igualdad y la solidaridad como algunos de esos valores. Sin embargo, pensamos, ¿hay una verdadera solidaridad europea actualmente? ¿Estos valores son extensibles a todos los Estados de la Comunidad Internacional?

La Unión Europea es un hecho de defensa los derechos  humanos entre personas y pueblos que nadie
duda, pero debe reflexionar y actuar. Las fronteras europeas han sido testigo
y, son testigo de hechos que no hacen valor a esos valores europeos que
queremos difundir y apoyar. La solidaridad, la igualdad, la libertad y la
dignidad humana son términos «bonitos» que necesitan ser impulsados
con mayor conciencia, no sólo para los Estados Miembro, sino también para la
sociedad internacional de Estados.

La guerra Siria, los grandes flujos migratorios, la salida
de Reino Unido de la Unión, las guerras comerciales EEUU- China, la lucha
contra el cambio climático y el apogeo de grupos terroristas son algunos de los
hechos y acontecimientos que marcan la política y actuación exterior europea.

La política exterior y de seguridad común en la Unión Europea es un consenso entre los Estados que da lugar a una actuación exterior firme por parte de la Unión y los Estados que la integran. El pasado 28 de junio de 2016, la anterior Alta Representante presentó la «Estrategia Global sobre Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea». La Estrategia Global tiene como objetivo facilitar un amplio marco estratégico que permita a la Unión entender y afrontar los actuales retos en el ámbito internacional de un modo firme y coherente. Y, determina esta Estrategia cinco prioridades: la seguridad de la Unión, la resiliencia de los Estados y las sociedades de nuestros vecinos orientales y meridionales, el enfoque integrado en relación a los conflictos, órdenes regionales de cooperación y en la gobernanza mundial para el siglo XXI.
Por tanto, el camino está marcado, ahora sólo queda el cómo llevarlo a cabo. Y, lo que es seguro, es que debe ser potenciando la influencia de la Unión Europea en la Comunidad Internacional para la promoción de sus valores.

Nos encontramos en el momento perfecto para que la Unión
tome acción, nos encontramos en el año de la reflexión sobre la reforma de la ONU. Y, los países
europeos, en representación de la política exterior europea, deben tomar una
voz fuerte en el cómo la ONU debe reformarse y reforzarse para adecuarse a las
necesidades de la Comunidad Internacional actual. Este es el principal reto que
tiene Europa hoy en día, promover sus valores potenciando su papel  en la Comunidad Internacional. No obstante,
nos preguntamos, ¿cómo hacerlo?

La Carta de San Francisco fue el texto que dio lugar a una
convivencia de Estados cuyo fin principal, recogido en la Carta de forma
expresa, es el mantenimiento de la Paz y Seguridad Internacional. Francia,
Polonia, Bélgica o Países Bajos son algunos de los países europeos que formaron
parte de la fundación de la ONU, al igual que lo fue Reino Unido a pesar de que
no esté actualmente en la UE. Por ello, los países europeos han tenido desde un
inicio un compromiso claro en la convivencia entre Estados y gentes. Si bien la
PESC debe dar lugar a una actuación consensuada y conjunta de los países
europeos, en la temática sobre la reforma de la ONU esto no es así. Existen
diferencias entre países europeos en relación a la reforma de la ONU.

En un contexto de globalización, la ONU intenta apoyarse en
las organizaciones regionales para potenciar su acción en colaboración a
aquellas. La UE, por su parte, en el marco de impulsar su influencia como
organización en el panorama internacional, cuenta con un debate abierto como es
la existencia de un asiento único europeo en el Consejo de Seguridad. (pp.2,
«La cuestión de la representación
única de la Unión Europea en el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas»,
Bénédicte Real). La posibilidad de un asiento en el Consejo
de Seguridad para la representación europea fue una propuesta del ex-ministro
de Asuntos Exteriores italiano, Nino Andreatti. Esta propuesta, tenía una razón
principal y era contrarrestar la pretensión de Alemania de ser miembro
permanente del Consejo de Seguridad (pp.12, «La cuestión de la representación única de la Unión Europea en el
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas»,
Bénédicte Real). Es por
ello, por lo que observando las diferentes posturas e intereses de distintos
países de la Unión, la PESC ha de ser reforzada.

Otra cuestión importante a destacar y en la que existe, parece, un mayor consenso entre los países europeos es la relativa a la reforma del derecho a veto en el Consejo de seguridad de la ONU. El denominado grupo del G-4 del que forma parte Alemania, en sus aspiraciones de ser miembros permanentes del CS, renuncian en un primer momento al derecho de veto. Por su parte, el grupo de Unidos por el Consenso, del cual forman parte Italia y España, son partidarios de la supresión del veto o, al menos, de una restricción normativa de su uso y de aumentar los requisitos para que opere. Cabe destacar, además, la postura de Francia de establecer un código de conducta por el cual no cabe utilizar el derecho de veto en determinados casos.

Tenemos por lo tanto, una diferenciación de posturas entre
Estados de la Unión en cuestiones de relevancia como es la presencia de la UE y
de paises europeos en el Consejo de seguridad, pero una similitud en la
consideración de restringir el derecho de veto.

Europa tiene que disponer de una política exterior
consensuada y fuerte en este ámbito, ya que es de gran importancia para
impulsar la influencia europea en el mundo. La salida de Reino Unido de la UE,
es una razón más para lograr esa unidad, ya que antes Europa tenía doble
representación entre los «Big Five» o Estados permanentes del Consejo
de Seguridad.

La necesidad de fijar una férrea política de seguridad común
es otra cuestión importante para la Unión. Los países europeos miembros de la
OTAN ven como la administración norteamericana les transmite un chantaje; utilizando
el instrumento del artículo 5 del Tratado OTAN, por el cual ante el ataque a un
Estado miembro se activa la intervención solidaria de apoyo del resto;  basado en dar la espalda a la Unión y estos
países. Este chantaje es realizado con el fin de ser Estados Unidos la potencia
con la que Europa siga teniendo la mayor relación de dependencia. Pero esa
dependencia es necesario que finalice, el viaje de Mr. Marshall se ha acabado.

Ello da lugar a la importancia de crear una política exterior y de seguridad común fuerte entre todos los Estados miembro, sobre todo, autónoma. Los países europeos se muestran favorables a lograr una autonomía estratégica, ante la creciente tensión geopolítica, con el fin de lograr una separación de la influencia de otras regiones y potencias mundiales. Numerosas son las preguntas que hay que responder en este sentido, a las cuáles Bruselas debe dar solución, ¿qué recursos deben destinar los Estados y la Unión? ¿Cómo serían controlados los recursos? ¿De qué forma se ejecutaría esta política de seguridad autónoma y común? A la espera de resolverse esas cuestiones y, de actuar en firme, la Unión ya ha tomado acción en una Estrategia de seguridad común con la creación de un Fondo Europeo de Defensa, con la PESCO o mediante la construcción de los cazas «eurofighters».

A pesar de todo, Europa debe tener una voz clara y líder,
así como autónoma que sea capaz de actuar sin dependencia de otros actores
internacionales presentes en la región europea. Europa no es China, ni Rusia ni
Estados Unidos. La concepción comercial de todos ellos es diferente. El respeto
al medio ambiente es clave para la Unión Europea, la Presidenta de la Comisión
Europea, Ursula Von der Leyen presentó en diciembre del pasado año una batería
de medidas en el marco del Plan verde de la Unión para liderar la lucha contra
el cambio climático. Es por ello, por lo que Europa debe actuar como Europa,
como una unidad autónoma y fuerte, capaz de dar solución a problemas como la
crisis climática, ya que otros actores internacionales no toman acción, Europa
debe convertirse en el actor principal y de importancia para dar solución.

En resumen, la Unión Europea debe someterse y sumirse en un profundo debate y reflexión relativo a su política exterior y de seguridad común. Un debate en el que reforzar los valores europeos, consignados en la Carta europea de derechos fundamentales, para los Estados miembro y para la sociedad mundial. Estamos en tiempos de crispación geopolítica, en la cual la UE se ve afectada, por ello los países miembro deben obtener un consenso entre ellos para alcanzar una unidad de acción. La reforma de la ONU es un hecho en el cual Bruselas tiene que alzar la voz, para ganar peso e influencia internacional y promover los valores que la caracterizan ante el desprestigio que vive la comunidad internacional. Los Estado miembro deben tomar acción para lograr una Europa autónoma e independiente de intereses ajenos propios de otros actores y potencias mundiales. La OTAN se encuentra en un momento delicado propiciado por políticas exteriores de otros Estados, frente a eso la Unión debe alcanzar una política de seguridad común fuerte y autónoma, solidaria entre los Estados miembro y plantearse la formación del ejército europeo. La sociedad internacional necesita actores comprometidos con las graves crisis como es la medioambiental, y Bruselas ha mostrado que es suficientemente capaz de liderar esta lucha ante la pasividad de otros.

Europa y la comunidad internacional necesitan acción. Como diría Antonio Machado en su poemario: «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar». Por tanto, caminemos, como europeístas y como Unión Europea para hacer el camino de los valores que nos caracterizan.

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