Opinión: Lo que ocurre cuando los buenos no hacen nada

Jorge Brugos

Leyendo el otro día Memoria e identidad de San Juan Pablo II, no pude evitar percatarme y grabarme a fuego en la mente un instante del relato en el que el Pontífice hablaba sobre cómo el marxismo había monopolizado la enseñanza universitaria en su país, sesgándola y fulminando de un plumazo a todo catedrático que no comulgara con sus consignas comunistas. Este fragmento, ubicado en el fondo del minucioso análisis realizado por Wojtyla, señalaba que el marxismo había conseguido penetrar de lleno en todas las instituciones e incrustado su pensamiento con suma facilidad debido a que los que podían hacer frente a esas tesis ideológicas del mal -así las define el autor en su teoría-,se dejaron dominar por la tibieza y no opusieron resistencia, confrontando aquellas doctrinas tenebrosas con ideales cristianos liberales.

Son el relativismo, el dejarse llevar por la corriente y el aislamiento de la realidad lo que hacen que los enemigos de la virtud venzan. Como me dijo en una ocasión Pablo Ruz, senador del Partido Popular por la provincia de Alicante, referente y gran amigo, “el silencio de los buenos es la victoria de los malos”. Indiferencia, que paradójicamente, es lo que ha producido que nuestra sociedad, en lugar de progresar, haya retrocedido a la era de la libertad desvirtuada, a la época en donde la soberanía tan solo cuenta para unos pocos afortunados que ostentan una ideología concreta. ¿Dónde está la libertad de los padres a escoger la educación que quieren para sus hijos? ¿Dónde está el libre criterio de los medios de comunicación para decir lo que piensan? En definitiva… ¿Qué ha sido del libre albedrío que nos brinda la democracia liberal? Todo forma parte de los albores de la Historia y de la memoria de nuestro país que, como dicen las propias normas caciquiles de los presuntos progresistas, pretenden borrar la memoria histórica de la nación. 

Existencia, que es la que es hoy, no solo por la izquierda intolerante que ansía aniquilar todas las democracias como marcaron los líderes de la extrema izquierda en el Foro de Sao Paulo de 1990, sino por una centroderecha, que fue esclavizada por una tibieza disfrazada de interés electoralista. Mariano Rajoy, en lugar de desdibujar la hoja de ruta trazada por ZP, dejó intactas leyes que en teoría iban en contra del ideario de su partido, como la del aborto, la del divorcio exprés, o la de memoria histórica. Los malos se han hecho con la sociedad, no por ellos mismos, sino porque los que tenían la capacidad para enfrentarse a sus consignas no hicieron absolutamente nada. No supieron gestionar las potestades que los ciudadanos les habían atribuido en las urnas y no tomaron conciencia de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Carga, que les ha venido grande. Sentido del deber eludido, que ha sido el principal motivo por el que han florecido formaciones como Vox, porque los partidos tradicionales no han tenido la valentía suficiente para parar la ola retrograda bañada en progresismo que está devastando nuestra realidad. 

Porque… ¿Desde cuándo reducir libertades es progresar? Todos los que hoy se llenan la boca con la palabra reformista, lo único que hacen es hacer que nuestro país retroceda en derechos individuales. La última, por poner un ejemplo, ha sido en esta crisis del Coronavirus, donde no sólo el Gobierno está ejerciendo de ente divino escogiendo quien debe vivir y morir, sino también en el hecho de que los periodistas tengan que entregar las preguntas que le quieren hacer a nuestros dirigentes a la Secretaría de Comunicación de la Moncloa antes de ejecutarlas, con el fin de sesgar las cuestiones. Ataques claros contra el Derecho a la vida y el Derecho de libertad de prensa… Lo alucinante es que luego tengan los bemoles de escribir discursos con vocablos que rezan lo contrario de lo que practican. Vergonzoso.

Retrayéndonos a lo que ocurre en Cataluña, o en la Comunidad Valenciana, donde un servidor lo esta experimentando y comprobando de primera mano, los que primero han atentado contra la libertad de los ciudadanos han sido los que acusan a otros de fascistas y de talante dictatorial. Hablo del secesionismo catalán, y del pseudo catalanismo de Compromís, estos que un día son afines a Torra despojando la bandera de España de actos institucionales, y al otro pactan con Errejón fardando de patriotismo ecologista. Estos que encienden la alerta antifascista son los primeros que violan la integridad democrática y la libertad de sus contrincantes. Censuran sus intervenciones en los plenos, apoyan manifestaciones que les amedrentar -acuérdense del “apretad” de Torra-, controlan los medios de comunicación convirtiendo las televisiones autonómicas en una herramienta para cazar a las brujas de la oposición… Un sinfín de conductas, que contradicen todo lo que dicen. 

Engaño, que es el que ha hecho que se haya producido en mi ser una evolución ideológica que jamás hubiera imaginado. Mi perspectiva centrista se ha visto alterada por el descubrimiento de mi sentimiento democristiano, y de que no debía dejarme llevar por el relativismo y la tibieza de los políticos que, en lugar de actuar frente a la manipulación y las injusticias, prefirieron dejarse llevar y no plantar cara a las amenazas. Dirigentes que, en lugar de aspirar a tener una sociedad mejor para sus hijos, han dejado que esta realidad sea peor que la que ellos encontraron. Una existencia menos libre, más intolerante, más peligrosa -no se olviden de la derogación de la prisión permanente revisable- y que, cada instante que pasa, se vuelve más esperpéntica. 

Esta es la historia de los que olvidaron que el mundo fue alquilado por Dios a los valientes…

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