Así se destruye la democracia

Jorge Brugos

Horas antes de escribir este artículo, estaba comiendo con mi progenitor mientras veíamos la televisión -que no se moleste Ferreras, mi padre esta dispuesto a desintonizar esa cueva propagandística de la izquierda-, y a bocajarro, este me replicó: “Antes me decías que eras más de izquierdas que de derechas, pero ahora no dejas de dar caña al Iglesias y a Sánchez”. Un servidor, tras tomar aire y refrescar la garganta con un sorbo de agua tras ese comentario que me dejó con la boca seca, destaqué: “Como me dijo mi profesor de Teoría del Derecho, soy de izquierdas, no gilipollas”. Mi padre calló y otorgó. 

Hay que ser descerebrado para aplaudir a este ejecutivo, a este gobierno liderado por su vicepresidente y el jefe de gabinete de Moncloa. Pedro Sánchez no es más que un figurín que permanece impasible mientras, en palabras del socialista Francisco Vázquez, “España es gobernada por Pablo Iglesias y el mercenario de Iván Redondo”. Hasta la hooligan del progresismo Elisa Beni condenó en su artículo de esta semana titulado Echa el freno, Marlaska, la censura por parte del Gobierno y su deriva autoritaria, con citas como: “Un ministro que es un juez no puede dejar que se produzca esta perversión y se anuncie públicamente en una rueda de prensa oficial la aplicación anómala de un tipo penal para conseguir efectos represivos”. Frases, que constatan como, ni la mayor defensora de lo intolerable -llegó a defender la soberanía de Cataluña- puede tragarse los estímulos despóticos de la izquierda española. 

Movimientos dictatoriales, que sinceramente, creía que eran un espejismo, una ensoñación de la oposición, pero esta perspectiva cambió cuando un allegado abogado me hizo llegar las alegaciones del Colegio de Abogados de España en donde los letrados expresaban las irregularidades legales en la modificación de la normativa mediante Decreto aprovechando el estado de alarma. La ley de enjuiciamiento civil y otras prerrogativas se veían alteradas adquiriendo tintes tiránicos aprovechando la circunstancia extraordinaria. Nuestra España esta cambiando no solo por el coronavirus, sino también por la restricción y derogación de derechos fundamentales, por los que hemos luchado en las últimas décadas. Actitud que hace evocar en mi memoria los cientos de charlas y encuentros que he tenido con la oposición venezolana y con disidentes del régimen bolivariano. Reuniones en las que, en más de una ocasión, estos me repetían: “Como lleguen los de Podemos al poder, España se convertirá en la Venezuela de Europa”. No les hicimos caso, y así estamos. Cada vez más cerca del 36 y más alejados del 78. Distanciados del frío de la democracia europea, y pegados al calor abrasador de la tiranía caribeña que encarna Maduro. Creíamos que la democracia plena nunca se esfumaría, actuábamos como si en los países sudamericanos, que ahora están asolados por dictaduras, no hubieran tenido nunca libertades, sin caer en la cuenta de que sí las poseyeron, pero que unos concebidos por la misma estirpe de los opresores se las arrebataron.  

Caciques con aires de libertadores que se han hecho con nuestro Estado, y que lentamente, están acabando con nuestra democracia. En su memoria sobre la Revolución rusa, Edward H. Carr, relata como al inicio de esta insurrección, Lenin, siguiendo las tesis de Marx -Groucho no, el otro, precisamente este tenía de todo menos gracia- ansiaba terminar con el Estado puesto que no habría libertad. Leyendo esta parte de su obra, ahora entiendo porque Iglesias se ha aliado con los soberanistas y con los filo-etarras para guillotinar nuestro régimen e instaurar el suyo propio donde la libertad se entiende únicamente bajo su criterio sectario.

Condenamos a políticos como Albert Rivera y aupamos a otros como Pablo Iglesias. Como cuando los judíos prefirieron a Barrabas antes que a Jesucristo, nosotros matamos al verdadero adalid de la libertad, e indultamos a un falso Mesías que va a hacernos olvidar lo que es la soberanía. Lo digo porque entiendo ahora la negativa del líder de Ciudadanos a pactar con el PSOE. Cuando todos le escupían, él sabia lo que iba a pasar, prefería desaparecer políticamente antes que ser cómplice del asesinato de nuestra libertad y convertir a España en la sede europea del régimen bolivariano. Y no lo digo por Iglesias -es evidente que este fue pagado e impulsado por el comunismo iberoamericano para inocular sus dictaduras en España-, me refiero a personajes como el Ministro de Fomento José Luis Ábalos, que facilitó que la mano derecha del presidente de Venezuela se saltara las restricciones de la UE y pisara suelo español. Tanto Podemos como PSOE querían destruirnos. Su anhelo no era desenterrar a Franco y a las victimas de la Guerra Civil, sino sepultar nuestra democracia.  

Tengo más miedo de lo que pase cuando termine esta pandemia, que lo que estamos viviendo en estos compases. Nuestra democracia será una de las victimas que se cobre este virus, no el covid-19, sino la tiranía.

¡Viva la libertad!

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