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Europe’s living a celebration

Mamarrachadas

Es probable que nunca en la historia del Festival de Eurovisión una séptima posición nos haya dolido más. Ahora, acostumbrados como estamos a besar continuamente el suelo de las tablas de posiciones, nos parecería magia. Sin embargo, aquel 25 de mayo de 2002 toda España estaba pegada a su televisor, esperando a que Rosa López, nuestra Rosa de España, arrasase en Tallin. Pero Europa, reticente siempre a darnos buena nota en el festival de festivales, dejó todo nuestro gozo en un pozo.

Volvamos al presente. Año 2020. Un envejecido Pedro Sánchez acude a la cumbre europea con una ambiciosa propuesta de 1,5 billones de euros para reconstruir la Unión Europea tras el paso del coronavirus. 1.500.000.000.000 €. Lo pongo así porque yo no era consciente de la magnitud de la cifra hasta que no la vi así toda junta. Cuánto cero.

En España, los medios aseguran que la propuesta tiene posibilidades. Señalan que Macron está dispuesto a apoyar a Sánchez. Que el prestigioso (o eso dicen los entendidos) Financial Times dice que es la “mejor propuesta hasta ahora”. Incluso que la todopoderosa Merkel no se ha opuesto al plan de Madrid. Que lo está valorando con su equipo.

Siguiendo con el símil eurovisivo, las apuestas nos daban por ganadores. Parece que la Holanda de Rutte no tiene mucho que hacer. Ahí es cuando llega otro gran apoyo para España: Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, propone un plan igualito al de Sánchez y Calviño, aunque aumentando la apuesta: 1,6 billones de euros. Madre del amor.

No voy a engañar al lector: cuando empecé a escribir este texto aún no había tenido lugar el Consejo Europeo de ayer, 23 de abril de 2020. Empiezo este párrafo el 24 de abril y ya sé que el Consejo —la reunión de los 27 jefes de gobierno o de Estado de la Unión— ha dado el visto bueno a un ambicioso paquete de medidas muy parecido al que proponía España. Todo son alegrías para Sánchez.

El problema llega, como siempre, cuando lees la letra pequeña de lo acordado: no hay nada concretado. Las diferencias entre los países del norte y los del sur han impedido especificar la base real de las grandes (y vacías) promesas. ¿Cuál es la realidad, entonces? Pues que Europa parece que quiere ser más solidaria que con la crisis de 2009 aunque todavía no sabe muy bien cómo ni cuánto.

La música suena bien, los españoles podemos estar living a (micro)celebration. Ahora solo falta que Merkel y Rutte nos den los 12 puntos.

Periodista y filólogo en potencia. Mamarracho por encima de todo.

1 Comment

  1. Me gustaría hacer una crítica al artículo. Me parece que no deberíais dejar colaborar en vuestra revista a colaboradores que no saben escribir. Obviamente no critico por criticar, sino porque, para empezar, me parece de coña que se compare un tema tan delicado como es el actual con el festival de Eurovisión que tuvo lugar en el año 2002. Por otro lado, no entiendo el porqué de esta frase:

    «Lo pongo así porque yo no era consciente de la magnitud de la cifra hasta que no la vi así toda junta. Cuánto cero»

    Me parece una frase que no viene a cuento y que, francamente, queda bastante mal. Pareciera que estuvieras escribiendo un diario.

    De nuevo la frase:
    «Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, propone un plan igualito al de Sánchez y Calviño, aunque aumentando la apuesta: 1,6 billones de euros. Madre del amor» deja mucho que desear. Y resta seriedad a un tema que verdaderamente la tiene.

    En cuanto a la crisis, en España fue en 2008 en adelante, no en 2009. Pero ese fallo es más fácil de corregir que los anteriores, pues es buscar información.

    Tampoco entiendo por qué la sección se llama mamarrachadas. ¿Qué sentido tiene? Leyendo este artículo no me has aportado apenas información, que eso es lo que realmente hace un periodista, no escribir un diario como has hecho tú, y me remito también a tu anterior artículo publicado en esta revista. Ahí me corté un poco en decirte lo lamentable que me parece tu escritura.

    Espero que mejores como filólogo y periodista, de corazón, porque entonces no sé de qué vas a vivir.

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