Frío y Soledad

En la soledad no se encuentra más que lo que a la soledad se lleva.

"En la soledad no se encuentra más que lo que a la soledad se lleva".

Frío, aún siendo primavera, frío. Ni con todos los ropajes del mundo quedarían templados nuestros huesos. La soledad desnuda el alma. Hace vulnerable a cualquier ser humano, lo pone a prueba. Ni bueno ni malo, solo difícil. Se debe estar preparado. Porque como dijo una vez el poeta de Moguer, «En la soledad no se encuentra más que lo que a la soledad se lleva».

Soledad en el sentido de desamparo. No cómo medio elegido para ser libre. Justo lo contrario, soledad como consecuencia de unas circunstancias en contra de nuestra voluntad.

Desamparados, con un futuro incierto, vivimos hoy confinados. El miedo por la alerta sanitaria es lógico, las ganas por respirar tiempos mejores, más que necesario. Vivimos con una razón prudente pero un ansioso corazón. Somos humanos, espero que nunca lo olvidemos.

No a todos nos ha invadido la soledad en estos momentos, es cierto. Pero hay personas que por desgracia ya convivían con ella y no cambia su suerte. Otras tantas que al no poder abrir sus puertas, se encerraron con sus pesadillas. Y personas que, simplemente, no han tenido la suerte de poder estar con los suyos.

Este tiempo nos tiene que servir para reflexionar en colectivo. Debemos pensar que levantarse, en estos momentos, es muy difícil para estas personas. Por muchos anuncios bonitos en televisión, la lucha contra este gran gigante se juega en desventaja y en casi todas las partidas termina por ganarnos si no se cambia el escenario. Son tiempos difíciles.

Un grito desde lo más profundo de nuestras entrañas debería alzarse para amparar como sociedad a quienes más sufren en soledad. Ellos somos nosotros. Cada uno debería proporcionar un calor de rojo hogar, como decía Antonio Machado, a quienes están a su alrededor. Hacer menos duro el invierno, compartiendo o inventando veranos para vivir una auténtica primavera. Que a nadie le vuelvan a robar el mes de abril. Que los aplausos en el balcón y esas ganas de ser mejor sociedad no se vayan con las golondrinas.

Por otro lado, el desamparo que puede oprimir nuestro corazón por no poder estar con la/s persona/s que queremos o en el lugar que deseamos, debe servirnos de inspiración. Valoremos aún más lo que tenemos y a quien tenemos a nuestro lado. Aunque ahora solo podamos verla a través de una pantalla, escuchar su voz o leer sus conversaciones. Ahora, es cuando se recuerda a quien más se quiere. Pensemos en el día que podamos tocar de verdad a esas personas que tanto extrañamos, mantener una conversación mientras cogemos sus manos o la abrazamos. Puede servirnos como bálsamo.

Por ejemplo, imaginemos ese día, cuando podamos coger el coche con la emoción de un novato. Corazón acelerado con el ruido del motor. Esa llave en nuestras manos, pasaporte para alejarnos de aquí. Nuestro único destino serán esos ojos que siempre brillan, que a veces cambian con la luz del sol, pero que siempre brillan. Un deseo que poco a poco se materializa con cada kilómetro de carreta en este viejo Xsara azul.

Buscamos con él la luz. Una brisa de libertad. Sus ojos. Su luz. Nuestra luz. Encontrarnos con esa persona para encontrarnos de nuevo con nosotros mismos. Volver a volar, volver al lugar donde siempre quisimos estar, junto con esa persona tan especial. Abrazos y besos, que aunque estén prohibidos, siempre nos prometimos.

Ese día, abrazaremos la primavera pese al frío que nos cala los huesos y sentiremos que la luz que nos ha estado acechando en nuestros sueños volverá a acariciar nuestro corazón. Volveremos a sentir ese calor añorado.

Ese día, sin duda, estaremos un poco menos solos en este mundo.

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