La vuelta del ‘procés’

Eloi Fernández

Hay algo que nos cuesta admitir y es que la vuelta a la normalidad que tanto ansiamos va a ser difícil. Lo que entendemos como ‘normalidad’ en realidad significa volver a ocupar nuestras vidas con rutinas y poder salir al exterior. Pero todos sabemos que los meses, incluso años, que vienen traerán nuevas formas de hacer, de relacionarnos, de gestionar el tiempo y de repensar muchas cosas. Aunque nos cueste aceptarlo.

A nivel político, vienen meses en los que tocará tomar decisiones, muchas veces impopulares, pero que deseo que tengan el mayor consenso posible entre partidos y entre agentes sociales y económicos. La mayoría de las promesas electorales van a quedar en papel mojado, algo que ya es habitual pero esta vez con justificación. La política española y europea debe adaptarse al nuevo paradigma y centrarse en una pronta recuperación de las consecuencias sociales y económicas que va a dejar la COVID-19.

Eso es lo que deseo, pero sé que aquí en Cataluña no va a suceder nada de lo que he dicho en los párrafos anteriores, políticamente hablando. Solo hace falta analizar la actitud que han tenido, y siguen teniendo, los dirigentes de la Generalitat durante el Estado de alarma para ver que, ni una pandemia global, va a cambiar las prioridades de agenda del gobierno autonómico y que cuando todo esto pase ya nos podemos ir preparando para la vuelta del ‘procés’, ahora con nuevos argumentos y estrategias.

Desde el inicio del confinamiento a raíz de la entrada en vigor del estado de alarma una parte importante de la sociedad catalana confiábamos en que, ante una situación tan grave como la pandemia de la COVID-19, el gobierno de la Generalitat aparcaría por un momento la burbuja del ‘procés’ y se centraría en afrontar la crisis sanitaria. Desgraciadamente, esto nos se ha cumplido y muchos nos hemos sentido avergonzados ante la actitud de nuestros dirigentes autonómicos y la imagen que proyectan del territorio. Algo a lo que ya llevamos años acostumbrados, pero que ha llegado a unos límites insospechables.

Mientras el resto de gobiernos autonómicos se han dedicado a tomar medidas, con más o menos acierto, y a colaborar con el gobierno central, en mayor o menor grado, el presidente de la Generalitat se ha dedicado a pedir, en directo en la BBC, un confinamiento total de la población en Cataluña que ya existía y también reclamó al resto de autonomías, al Estado, al resto de países e incluso a la OMS, que utilizaran el sistema de contabilización de muertes diseñado por la Generalitat. En fin. Sin dejar de lado las ruedas de prensa que realiza para exponer medidas que no son de su competencia pero que le garantizan sus 5 minutos de protagonismo diario en los informativos.

Desafortunadamente, las ocurrencias de Quim Torra no son las únicas. Estos días importantes personalidades del independentismo se han hecho eco de lo que ellos consideran que son las ‘verdaderas preocupaciones’ y problemas de esta situación. La gestión de las competencias propias, el color amarillo utilizado en el eslogan “Este Virus Lo Paramos Unidos”, la cifra de mascarillas enviadas a Cataluña que recordaba al año 1714, etc. Incluso una ex consejera pensó que era buena idea twittear ‘De Madrid al Cielo’ cuando ya había numerosas víctimas mortales en la capital. Al igual que el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona que aseguró que España es ‘paro y muerte’ mientras Cataluña es ‘vida y futuro’. Con estas declaraciones, que a nadie le sorprenda la nefasta imagen que se tiene sobre nosotros en el resto del Estado. Aunque, por fortuna, la sociedad catalana es muy plural y muchos rechazamos este tipo de consideraciones.

Nada hace pensar que la situación en Cataluña vaya a mejorar, en lo político, una vez finalice el estado de alarma. La COVID-19 traerá cambios sociales, económicos y en muchos otros ámbitos. Pero ni siquiera el nuevo paradigma hará que las cosas sean diferentes. La burbuja y gran negocio del ‘procés’ y el modus vivendi de parte de los dirigentes catalanes seguirá, sin sorpresas, igual que antes. Espero equivocarme.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Historia Anterior

Frío y Soledad

Siguiente Historia

“Será la herencia de Goebbels”

Lo último de Opinión