“Será la herencia de Goebbels”

En la semana del día mundial de la libertad de prensa, analizamos la relación de los partidos de extrema derecha con los medios de comunicación

El 3 de diciembre de 2018, España dejaba de ser la excepción Europa: la extrema derecha entraba, por primera vez en la historia democrática de España, en un parlamento autonómico con 12 diputados. Los 12 parlamentarios de la formación ultra hicieron posible el cambio de gobierno en Andalucía tras casi 40 años de dominio socialista. Susana Díaz dejó la bancada del gobierno y pasó a ocupar el liderazgo de la oposición, gracias al pacto entre el Partido Popular, Ciudadanos y VOX. 

Igual que ocurrió en 2014, cuando Podemos entraba en el Europarlamento con 5 diputados, el foco mediático empezó a iluminar a la formación de Santiago Abascal. El interés de los medios en la formación de los ultras trajo consigo el trabajo de los periodistas: investigaciones sobre la financiación del partido; investigaciones sobre el currículum de Abascal, Rocío Monasterio y demás dirigentes; preguntas incómodas; fiscalización…. Acciones, todas ellas, a las que los partidos políticos y sus dirigentes tienen que enfrentarse en democracia. 

Estas investigaciones tuvieron como consecuencia, a modo de exclusivas, reportajes de investigación, artículos de opinión, editoriales.…El diario El País el 13 de enero de 2019 destapa que la formación de Santiago Abascal financió su campaña al Parlamento Europeo con dinero del exilio iraní. Una semana después, el 21 de enero de 2019, el mismo periódico publica que los iraníes no solo financiaron la campaña a las europeas de la formación, sino que también formaron parte de su fundación: “VOX se fundó con un millón de euros del exilio iraní” titulaba El País.

Unos meses después, eldiario.es publica que Rocío Monasterio registró varios planos ante el Ayuntamiento de Madrid con firmas falsificadas de una de sus clientas. A 14 días de las primeras elecciones generales de 2019, este mismo medio publica en exclusiva el manual de comunicación de VOX, en el que se instaba a los dirigentes de la formación, entre otras cosas, a echar la culpa del mal asfaltado de las calles a las asociaciones feministas por las subvenciones que reciben. Estas investigaciones periodísticas no gustan en la formación ultraderechista que decide atacar a los medios más críticos; eldiario.es, el grupo Prisa, programas de televisión como ‘Todo es Mentira’ de Cuatro o Diario de Mallorca, entre otros muchos. 

De izquierda a derecha: Iván Espinosa de los Monteros, Santiago Abascal, Javier Ortega Smith y Rocío Monasterio valorando los resultados de las elecciones del 10 de noviembre

El ataque de VOX a los medios obliga a asociaciones de periodistas a expresar su disconformidad. En junio de 2019, la Federación de Asociaciones de Periodistas Españoles (FAPE) hace público un comunicado en el que rechaza por completo la actitud de VOX y expresa su “profunda preocupación” por la campaña de acoso emprendida por el partido político contra los periodistas. En aquel comunicado la FAPE insta a la formación de extrema derecha a poner fin al acoso a los periodistas y a los medios de comunicación por sus informaciones, al tiempo que recordaba que vetar y discriminar a periodistas, televisiones y radios “no tiene cabida en una democracia”. «En una democracia la función de los medios de comunicación reside en dar a conocer a los ciudadanos libremente, y según sus respectivos criterios editoriales, cuantos acontecimientos suceden en el país y en especial los que protagonizan o afectan a los representantes públicos por la importancia que tienen sus decisiones en la vida de los ciudadanos», expresaba la asociación de periodistas.

Hace unos días, esta asociación realizó otro comunicado en el que denunciaba la campaña, protagonizada —entre otros— por VOX, contra los medios de verificación. La asociación defendía el trabajo de este tipo de medios, puesto que trabajan para evitar «la avalancha de bulos y montajes sobre la pandemia» que «obedece a objetivos espurios». La asociación rechazaba «cualquier intento de intimidación o amenaza, proceda de donde proceda». Hay que recordar que el propio Abascal ha utilizado informaciones publicadas por medios como Newtral o Maldita.es para atacar al Gobierno y lo ha hecho desde la propia tribuna del Congreso de los Diputados.

Incluso durante la campaña electoral del 10 de noviembre, diversos medios denunciaron que no les permitía entrar en los actos de la formación. Fue entonces cuando la Junta Electoral Central, por una denuncia presentada por los medios, obligó a VOX a permitir su entrada. Esta decisión no fue del agrado de los ultras que incluso recurrieron la decisión. Durante la noche electoral, el propio jefe de prensa de la formación comunicó a los periodistas presentes en la sede que no habían dejado pasar a medios como LA SER, El País o eldiario.es, entre otros.

Reporteros Sin Fronteras, tras las elecciones de noviembre, condenaba de forma rotunda los ataques de VOX contra la libertad de información. En el comunicado, se denuncian campañas en Twitter contra periodistas y medios, además de aplicar vetos. elDiario.es, infoLibre.es, El Plural, Público, La Marea, El Español, El Mundo (excepto los periodistas Javier Negre y Álvaro Carvajal), El País (de forma genérica, contemplando excepciones), “El Intermedio” (La Sexta) y “Todo es mentira” (Cuatro) eran algunos de los medios que el partido político ultra había admitido vetar. En su defensa, la formación alega que “no son periodistas, sino activistas”, olvidándose de que el periodismo es una de las herramientas de control a los representantes públicos en democracia. (In)cognita se ha puesto en contacto con la formación, que ha declinado hacer valoraciones al respecto.

Reunión de la extrema derecha europea

Este modus operandi no es exclusivo de VOX, la extrema derecha europea y americana también hace uso de este tipo de mecanismos: niegan información, practican vetos, llevan a cabo campañas de acoso contra periodistas en las redes sociales…

En el año 2013, Alternativa para Alemania, la marca alemana de VOX, se presentó a las elecciones tanto regionales como generales. Sin embargo, en ambos comicios se quedó a las puertas de conseguir parlamentarios, al no lograr el 5 % necesario establecido por la ley. Este hecho fue noticia, puesto que se quedaron a tan solo 9 décimas de conseguir un diputado. En 2014, consiguieron entrar en el Europarlamento con 7 representantes, lo que se tradujo en un incremento significativo de apoyos a los ultras entre los ciudadanos alemanes.

Hasta 2017 consiguieron entrar en la gran mayoría de los parlamentos del país y, en ese año, se hicieron con 90 diputados en el Bundestag. En 2018, el partido declaró la guerra a los medios porque se sentían “injustamente tratados”. Alice Weidel declaró que los medios de información “o ignoran al partido, o bien solo lo mencionan para difamar a la formación” por lo que decidieron desarrollar su propia sala de prensa en el Parlamento Alemán.

Frauke Petry. Alternativa para Alemania

AfD, al igual que todos los partidos ultraderechistas, utilizan las redes sociales como el principal canal para informar y ganar seguidores. Sus principales vías son YouTube, Instagram o Facebook, donde difunden todo tipo de bulos. Para muchos expertos, la difusión de noticias falsas es una de las características que más está definiendo la comunicación de este tipo de formaciones. Maria Fiedler, experta en el partido de extrema derecha alemán, aseguró que “convertir la tribuna en un escenario es una técnica bastante extendida entre el populismo”

El aumento de los apoyos a la extrema derecha alemana se ha traducido en numerosos ataques racistas, homófobos y contra la libertad de información. En el año 2014 -cuando este partido entra por primera vez en un parlamento nacional- se registra un incremento de ataques a periodistas. En la madrugada del 27 de diciembre de 2014, comenzó a arder el vehículo de un fotoperiodista que cubre de manera habitual manifestaciones de neonazis. Según informaba Reporteros Sin Fronteras, el fotoperiodista sufrió un ataque similar en abril y se encontraba en una lista con otros 18 periodistas titulada “SE BUSCA” que activistas de extrema derecha estaban haciendo circular por las redes sociales. 

Este hecho no resulta aislado: en Alemania son cada vez más frecuentes las amenazas a periodistas y medios. En 2014, el diario Lausitzer Rundschau encontró en varias ocasiones sus oficinas pintadas con mensajes xenófobos y de ideología de extrema derecha, algo parecido a lo sufrido por el periódico Nordkurier, aunque en este caso las pintadas iban dirigidas contra los refugiados.

En 2018, varios periodistas denunciaron ante Reporteros Sin Fronteras (RSF) agresiones sistemáticas durante las manifestaciones de inmigrantes y contra-manifestaciones de ideología de derecha y extrema derecha. En aquel año se superaron los 39 casos de agresiones a periodistas del año 2015. Michael Rediske, miembro ejecutivo de la dirección de RSF de Alemania, indicaba que “la atmósfera de las protestas en Chemnitz ha sido más hostil hacia los medios que el movimiento antiislamista de principios de 2015. Es inaceptable que los periodistas en Alemania teman por su propia seguridad por cubrir eventos públicos”.

Alemania no es el único país de la Unión Europea que ha experimentado en los últimos años el auge de la extrema derecha. El partido ultra de Polonia “Ley y Justicia” llega al poder en 2015, cuando consigue reunir una mayoría absoluta tanto en la cámara legislativa como en el senado. 

A su llegada, Piotr Stasinsk, el vicedirector de Gazeta Wyborcza, el periódico líder entre los lectores progresistas, denunciaba que “el Gobierno quiere un Estado fascista, corporativo, de partido único”. Por su parte, Ewa Wanat, presentadora de un programa sobre libertad sexual expresó, tras su despido, que en su opinión “el país ha vuelto a la propaganda de las leyes marciales de los ochenta”. 

El Ejecutivo, presidido por aquel entonces por Beata Szydlo, emprendió una cruzada contra los medios tildándolos de “traidores a la patria” por no defender las tesis del régimen; acciones en contra del colectivo LGTBI, política migratoria insolidaria, endurecimiento de las leyes antiaborto, reformas al tribunal constitucional que de facto lo dejaban sin ningún tipo de poder… 

El nuevo Gobierno polaco aprueba el 24 de diciembre de 2015, a las cuatro de la mañana, una ley de medios que impone una “limpieza” en la televisión y radio pública del país. Al día siguiente la dirección del ente público decide despedir a multitud de profesionales, entre otros, a Kamil Dabrowa, un locutor de radio. El motivo del despido es la “infracción de las nuevas normas éticas. Por ir contra el espíritu nacional”. 

Los medios privados considerados “desleales a la patria” han perdido la publicidad institucional y la de las grandes entidades dependientes del Gobierno. Estos ataques a la prensa han llevado a dimitir en los últimos años a más de 250 periodistas que se negaban a firmar informaciones falsas, engañosas o puramente subjetivas.

Jaroslaw Kaczynski líder de «Ley y Justicia»

Desde la dirección del Ejecutivo se justifica la ley atendiendo a que “los medios ignoran su misión: en vez de defender el interés nacional, sus periodistas a menudo simpatizan con las opiniones negativas contra nuestro país”, alegaba la portavoz del Gobierno.

En este contexto, la Unión Europea se vio obligada a tomar medidas contra el régimen polaco. En 2017 comenzaron los trámites para la aplicar el artículo 7 del Tratado de la UE. Este artículo contempla que la organización supranacional tiene capacidades para aplicar sanciones a un país si este infringe de forma grave y persistente los principios en los que se basa la UE. Entre las sanciones, se contempla la retirada del derecho a voto en el Consejo Europeo. 

En 2019 el partido de extrema derecha revalidó su victoria, aunque con una bajada significativa de votos; lo que ha hecho posible que la oposición tenga algo más de control sobre los de Kaczynski. Durante esta legislatura, ya se han registrado polémicas entre periodistas y gobernantes. El diario Gazeta Wyborcza ha sido amenazado con juicios penales por publicar artículos que mermaban la imagen del presidente del partido ultraderechista.

En 2015, Polonia ocupaba el puesto número 15 de libertad de prensa; hoy, el 59.

La extrema derecha no solo está presente en las presidencias europeas. América vive una oleada conservadora. En 2017, Chile elige al conservador Sebastián Piñera; en febrero de 2018, Carlos Alvarado empieza a gobernar Costa Rica, y Honduras pasa a dominarlo el conservador Juan Orlando Hernández. Sin embargo, quienes se llevan la palma como “azote” a la presa son los presidentes de Estados Unidos y Brasil.

Estados Unidos, con un sistema constitucional férreo y con la libertad de prensa amparada en la Constitución, ha visto mermada la libertad de los periodistas para informar sobre Donald Trump. El informe sobre la libertad de prensa de RSF situaba al país norteamericano en el puesto 45 en 2016. Tres años después ocupa el puesto 49.

En noviembre de 2016, Trump es elegido presidente, tras una campaña marcada por las tensiones entre el entonces candidato y la prensa.

Durante la campaña, aparte del ya icónico “Make America great again”, también pronunció “Fake News”. Para el que sería presidente de EEUU, todo lo que fuera contrario a su pensamiento o le afectará negativamente eran “Fake News”. Atacaba a la prensa sin ningún reparo. En los mítines señalaba a la bancada de los periodistas y los acusaba de “sucios y asquerosos”, dejando perlas como: “la CNN apesta”. Los fieles allí presentes comenzaban a insultar y abuchear a los medios -algo parecido pasa en los mítines de VOX-. También lo hacía en entrevistas en cadenas de televisión -generalmente acudía a las televisiones conservadoras, FOX es su favorita-, donde acusaba a los periodistas de ser “los seres humanos más deshonestos de la tierra”. Poco después los tildó de “enemigos del pueblo”.

Con todo esto, sorprendentemente ganó las presidenciales y comenzó a gobernar a base de decreto. En la campaña legislativa de noviembre de 2018 protagonizó diversos enfrentamientos importantes con los periodistas. Ann Cooper, ex-reportera y profesora de la Universidad de Columbia, reconoció que “no existen precedentes” en EEUU de un presidente que apueste por una ofensiva “tan feroz contra la prensa” como Trump.

Donald Trump, Presidente de Estados Unidos

Debido a la crisis del coronavirus, las ruedas de prensa diarias han vuelto a La Casa Blanca. Sin embargo, Trump ha decidido utilizarlas como altavoz para hacer campaña y atacar a los periodistas. El 20 de marzo, en el turno de preguntas de la NBC News, el periodista Peter Alexander preguntó al mandatario si tenía algún mensaje que dirigirles a los ciudadanos preocupados por la crisis de la COVID19. Trump respondió: «Digo que eres un periodista terrible. Eso es lo que digo». 

Cinco días después, el blanco de Trump fue la reportera de la cadena CBS News, Paula Reid, que, tras preguntar si la idea del presidente de reabrir el país para Pascua se basaba en intereses políticos o personales, el dirigente atacó: «Creo que hay ciertas personas a las que les gustaría que se hiciera económicamente mal porque piensan que eso sería muy bueno de cara a derrotarme en las urnas. Y no sé si eso es así, pero creo que hay colegas de tu profesión a los que les gustaría que eso pasara, me parece que eso está muy claro»

El 30 de marzo, Jim Costa -reportero de la CNN- y Trump volvieron a protagonizar otro enfrentamiento: el presidente atacó al periodista después de que este le preguntara acerca de las pruebas de coronavirus per cápita que se habían realizado en los Estados Unidos. El republicano calificó su pregunta de «sarcástica» y pasó a la siguiente pregunta.

El 6 de abril, un día más, Trump cargó contra los reporteros durante una rueda de prensa nocturna. Kristen Fisher, de FOX News, preguntó sobre el retraso en los hospitales que reciben los resultados de la prueba del coronavirus. El presidente estadounidense decidió contestar así: «Deberías decir ‘Felicidades, buen trabajo’ en lugar de ser tan horrible la forma en la que preguntas». Minutos después tildaba al reportero de la ABC, Jon Karl, de «reportero de tercera categoría» que «nunca llegará a nada».

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil

Por su parte, su amigo Bolsonaro no se queda corto. Al igual que Trump, la campaña del brasileño estuvo marcada por ataques e insultos a la prensa. Tanto antes como después de la elección de Bolsonaro, los reporteros del diario Folha de São Paulo fueron agredidos e insultados por partidarios del presidente de extrema derecha. Según relatan varios corresponsales, ellos también han sufrido agresiones e intimidaciones. El equipo del canal France24 tuvo que enfrentarse a insultos, vejaciones o frases racistas: “vuelvan a su país”.

La noche electoral, el jefe de prensa de Bolsonaro, Carlos Eduardo Guimarãe, mandó un mensaje a los periodistas encargados de cubrir las elecciones: “¿Así que estábamos cerca del empate? ¡Sois el mayor engaño del periodismo en Brasil! ¡BASURA! “

El 3 de mayo, se celebra el día mundial de la libertad de prensa y, con este panorama, puede ser verdad eso que dicen algunos: “Será la herencia de Goebbels”, en referencia a la actitud de los partidos de extrema derecha con la prensa. La herencia de un ministro de Hitler que creía tan profundamente en el poder de la información que dedicó su mandato a dinamitar la libertad de prensa. Sin embargo, debíamos tener más en cuenta a Kofi Annan que decía, de manera sabía, que “ninguna sociedad democrática puede existir sin una prensa libre, independiente y plural”.

Un periodista deja de serlo cuando ofrece como información lo puramente subjetivo.

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