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Rojos y Maricones

Mamarrachadas

Para la gente que somos mamarrachos de pura cepa, no nos sorprendió Jorge Javier Vázquez. A los estupendos, sí.

Vamos a ponernos en antecedentes. Sálvame trataba el tema de la semana (o de la cuarentena completa), cuando uno de sus colaboradores —de partido verde, pero no ecologista— trataba de inmiscuir a Pablo Iglesias y al Gobierno al completo en una conspiración judeomasónica y comunista. El colaborador trataba de comparar que Iglesias acudiera a comprar sin mascarilla (que no digo yo que esté bien del todo) con la desfachatez de Alfonso Merlos, faro de la derecha mediática y azote del Gobierno. Y Jorge decidió pararle los pies. Hizo lo que ningún otro comunicador ha sabido hacer: frenar en seco las trampas y las mentiras de la ultraderecha. “Este es un programa de rojos y maricones”. Y se quedó más a gusto que en brazos.

Para quien no lo sepa, Merlos ha pretendido ser un adalid del respeto del confinamiento y ha criticado cuando Iglesias ha acudido al Consejo de Ministros o ha culpado a Irene Montero de “irresponsable” por permitir el 8M. No voy a decir yo que ambas cosas no hayan sido errores; pero para criticar la casa de otro hay que tener muy limpia la propia. Y en la de Alfonso Merlos entra todo el mundo, aunque más bien a ensuciar.

Merlos ha sido protagonista de los últimos días por unos cuernos que se hubieran quedado en tema únicamente de la prensa rosa; si no fuera por la clara implicación política de su protagonista y de Javier Negre, director del programa en el que se emitieron las imágenes de una chica semidesnuda pasando por el fondo del plano en una videollamada. Programa, el de Negre, que se dedica a atacar con bulos al Gobiero día sí, día también. Ojo, que lo malo no es la crítica; es la mentira.

Bien, pues resulta que él y su actual pareja (antes, amante) han sido pillados con el carrito del helado. Según ha contado la novia oficial del periodista, los primeros 15 días del confinamiento, este los pasó en la casa de ella. Después, se trasladó a su casoplón de Boadilla del Monte. Allí, recibió a su novia, Marta, que pasó un fin de semana con él. A las semanas, su amante se fue a pasar el confinamiento con él.

Alfonso Merlos se ha saltado el confinamiento en, que sepamos, tres ocasiones; bien por activa, bien por pasiva (al recibir a gente de fuera en su propia casa). Sale a relucir, de nuevo, la hipocresía del “estupendismo”. De las personas que se dan golpes de pecho, poniéndose de ejemplo moral en un ejercicio de onanismo que, a mí, me espanta. Vamos, de los que ven la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio.

Eso se llama hipocresía. Y en la derecha mediática española hay para dar y regalar. Y luego se permiten criticarla. Critican la hipocresía del matrimonio Iglesias-Montero por comprarse un chalet y defender a los trabajadores. Les llaman “marqueses de Galapagar”. Aunque sus argumentos sean absurdos y de muy poco peso, hay que reconocer que tienen gracia buscando motes.

Periodista y filólogo en potencia. Mamarracho por encima de todo.

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