/

La revolución de la «CayeBorroka»

Los ricos del barrio de Salamanca piden "libertad"

Hoy ha muerto Julio Anguita, un referente en la izquierda y en la política española. Este título no se lo doy yo; ni tú, querido lector, se lo está dando la sociedad, los periodistas, los políticos de todos los colores y formaciones. 

Julio Anguita fue uno de los muchos valientes que lucharon por la democracia, por lo público, por la libertad e igualdad de todos. Una libertad, que ahora muchos reivindican con banderas de España en las calles de los barrios más ricos de Madrid. Les vemos con cacerolas, será maravilloso a su edad darse cuenta de que existen; les vemos con cucharas de madera, algo raro entre los de su clase (ellos son más de cubertería de plata). Les vemos, como no, apropiándose de la bandera de todos, porque como todo el mundo sabe, la rojigualda evita el contagio del covid-19, igual que los techos altos. Les vemos en la mayoría de los casos sin mascarilla y sin respetar la distancia de seguridad. “Libertad, libertad” gritan. Y ¿la libertad de los demás de no contagiarnos? ¿dónde queda?.

Las imágenes que cada día graban las cámaras en el barrio Salamanca, no son otras que las de niños pijos quejándose por no poder comprar en tiendas “de alto standing” o como decía Gabriel Rufián de “no poder ir al club de golf”. Las imágenes de Núñez de Balboa demuestran, una vez más, que estos ricos son insolidarios por naturaleza. Les da igual que España lleve más de dos meses confinada para protegernos los unos a los otros. 

Se dicen llamar patriotas, como todos los de su clase. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Patriota no es aquel que saca su bandera con crespones negros y mascarillas con la cruz de borgoña, patriota es aquel que por un sueldo precario se recorre Madrid a diario en bicicleta para llegar a los 400 euros y poder subsistir o aquel que trabaja de voluntario en el banco de alimentos de Aluche. Patriota es aquella auxiliar de enfermería que llega todos los días muerta de cansancio a casa por estar corriendo por los pasillos de la residencia en la que trabaja para atender de manera digna a los ancianos, pese a la reducción de personal y la desprotección que han sufrido por los recortes de la Comunidad de Madrid. Patriota es, incluso, aquel que ha protestado con cacerolas, pero desde su balcón.

Los que no son patriotas son los “señoritos pijos” del barrio Salamanca o Aravaca. Aquellos que tienen una renta por hogar de 89.000 euros, que cuentan con escaleras y puertas de servicio para evitar juntarse con los de “esa clase”, o aquellos que gritan “libertad” golpeando mobiliario urbano con un palo de golf. 

Ustedes, “señoritos pijos”,  no son patriotas, son insolidarios, son parásitos. O ¿acaso han pensando en los casi 30.000 patriotas que han perdido la vida?, ¿en sus familias?, esas familias que no han podido despedirse de manera digna de sus seres queridos fallecidos. ¿Han pensado ustedes en los profesionales sanitarios que se están jugando la vida, en el personal de limpieza que protege al señor Casado y al señor Abascal para que suban a la tribuna del Congreso a decir barbaridades? En ellos no han pensado, han pensado en sus clubs de golf, en su incapacidad de viajar a la casa de la playa o en sus coches deportivos, los cuales no pueden lucir. Déjenme que les diga algo, ojalá fueran estos los problemas de las cientos de familias que esperan turno en el banco de alimentos más cercano a su vivienda.  

Mientras, Casado y Abascal siguen en su propia guerra: ¿la del mando de la extrema derecha? no. Siguen en la disputa de “a ver quién la tiene más grande”. Casado utiliza la boca de Ayuso para subir la apuesta que, con tono amenazante, el jueves se dirigía a la oposición: “Esperen a que la gente salga a la calle porque lo de Núñez de Balboa les va a parecer una broma”. ¿Qué dijo Casado? ¿qué propuso Abascal? cuando Torra dijo eso de “Apreteu” a los CDR.

Por su parte Abascal, en un ejercicio más de irresponsabilidad anima y alienta a atacar al Gobierno poniendo en peligro a sus compatriotas, y estos responden como borregos poniéndose en peligro por una causa inexistente.

Queridos “Cayetanos”, “Borjamaris”, “Adrianas”… igual que habéis aprendido que existen las cacerolas gracias a vuestras protestas, hoy vais a aprender que vuestra salud, la de los pobres de Aluche, la de los inmigrantes que llegan en patera, la de los sanitarios, la de los explotados por las apps de envíos como Deliveroo, está por encima de cualquier otra cuestión. Está por encima de vuestros negocios multimillonarios, por encima de vuestro deportivo caro o de vuestros viajes de crucero.

En Corea del Sur se ha registrado un rebrote, en una noche se han detectado 34 casos y el país ha decidido cerrar los bares y las discotecas. En España no hay día en el que bajemos de los 500 nuevos casos, ¿a qué está jugando esta gente? Por favor, aprovechen sus amplias terrazas y balcones para seguir descubriendo el maravilloso mundo de la cacerola y la reivindicación, pero no sean tan mezquinos e irresponsables como para ponernos a todos en peligro. 

Y es que, como diría Julio Anguita, “Un alfil blanco y otro negro se diferencian por el color, pero en el tablero… son lo mismo”. “Cayetanas”, “Borjamaris” y demás pijos ya nombrados anteriormente, como pilleis el coronavirus, ni vuestras banderas, ni vuestro dinero os va a salvar de vivir o morir.

Gracias Anguita, que la tierra te sea leve.

Un periodista deja de serlo cuando ofrece como información lo puramente subjetivo.

3 Comments

  1. Muy buen artículo, creo que pone a cada uno en su lugar. Pero, claro, es que ese barrio está por encima de todo. Por supuesto, más de la gente que ha de ir a comedores sociales. En fin, espero que también el tiempo ponga a cada uno en su sitio. Y buena la definición de periodista. Hoy cualquiera se define periodista, incluso gente como Inda y otros muchos.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Historia Anterior

Lo bonito de tu alrededor

Siguiente Historia

Trincheras infinitas

Lo último de Desde casa con amor