Hollywood, la serie que señala los grandes males del cine

Hollywood, la serie de Netflix que pone al cine delante de un espejo

Alex Requena

-No hay spoilers-

A principios del mes de mayo se estrenaba “Hollywood”, la nueva miniserie de Netflix dirigida por Ryan Murphy, creador de grandes éxitos como American Horror Story y Glee.

En apenas 7 capítulos se critica profundamente el mundo del cine de los años 40, la mala situación de los actores y actrices y el poder que ejercen sobre ellos los productores y directores. Sin embargo, 80 años después, encontramos más similitudes que diferencias con respecto a la actualidad. ¿Ha avanzado la industria del cine? ¿Sigue existiendo ese abuso de poder por parte de los mandatarios? ¿Se sigue jugando con el sueño de numerosos jóvenes?

El protagonista, Jack Castello (David Corenswet), llega a Hollywood tras la II Guerra Mundial para triunfar en su verdadera pasión: actuar. Sin embargo, pronto vive un choque de realidad al darse de cuenta de que es prácticamente imposible pasar los castings a los que se va presentando. 

No conseguir ningún papel hacía que tampoco entrara ningún billete en su cartera. Para poder pagar las facturas, Jack decide trabajar en lo que aparentemente era una gasolinera, pero donde en realidad la gente rica y poderosa de Hollywood va en busca de chicos de compañía a cambio de numerosas cantidades de dinero y, lo más importante, oportunidades.

Jack Castello se ve envuelto en hacer cosas que no quiere para recaudar lo suficiente para mantener a su familia y conseguir el éxito. Está dispuesto a hacer lo que sea en un sector tan complicado como lo es el de la gran pantalla.

El cine: modelo de negocio

Uno de los problemas de la industria del cine es que no se sabe si un producto va a triunfar o no. La inversión para realizar una pieza audiovisual no va a ser proporcional a su éxito. Así, encontramos películas con muy poco presupuesto que llegaron a obtener un gran beneficio, como Saw o Paranormal Activity (cuyo ingreso fue 200 veces superior a lo que costó realizarla); y otras producciones que llevaron a cabo una gran inversión inicial que no consiguió ser cubierta por los beneficios, entre ellas, El Llanero Solitario o El Guerrero Nº13, grandes fracasos y pérdidas para dos películas protagonizadas por los famosos Johnny Deep y Antonio Banderas, respectivamente.

Por este valor variable es imposible discernir si una obra va a ser un éxito o no, si va a gustar a la gente o por el contrario la va a aborrecer. Para ello, se recurre a una pauta que normalmente suele servir en el cine: el Star System. Este modelo consiste en utilizar a actores y actrices famosos para garantizar el éxito. Es cierto que no siempre triunfa, pero generalmente sí suele hacerlo. 

Por ello, las productoras y directores siempre tienden a reciclar a los mismos actores, una y otra vez. De esta forma, aunque la inversión inicial es mucho mayor, puesto que se contrata a una “estrella” y por tanto hay que pagar su “caché”, se prevé un mayor éxito que no podría garantizar un actor o actriz desconocida.

La principal consecuencia es la creación de una gran desigualdad. Existen muy pocos actores que acaparan gran parte de las producciones que se realizan y muchos que se quedan en las puertas. Parece que no importa la formación ni el descubrimiento de nuevos talentos, solo si has tenido éxito o no.

Estar dispuesto a lo que haga falta

Los principales perjudicados son los principiantes, los que se están formando o los que todavía no han hecho su gran aparición. Rubén González, un joven de 20 años que lleva formándose desde pequeño para cumplir el sueño de su vida, asegura que “en ese mundo es especialmente complicado encontrar ese triunfo porque no existen parámetros estables”.

Rubén Gonález

Rubén González ha participado en obras de teatros y cortometrajes, pero ya siente que puede conseguir un papel importante en alguna gran producción. Si eso ya es difícil de conseguir en circunstancias normales, con la nueva “normalidad” tras la pandemia del Covid-19, lo ve más difícil: “va a disminuir el número de producciones de forma inevitable. Estamos entrando en una profunda crisis y el sector cinematográfico va a verse sacudido”.

Además, su formación también ha tenido que verse interrumpida por la gran pandemia. Aunque su escuela de interpretación, Cristina Rota, ha intentado mantener la formación, para Rubén González no es suficiente. “Hay ciertas cosas que no pueden darse vía telemática. Formarse en el mundo de la interpretación requiere inevitablemente contacto humano”, lamentaba.

Sin embargo, para él, el triunfo está en poder vivir de la interpretación y no en ser una gran estrella.  “El éxito en el cine requiere de mucho trabajo y constancia”, sentenciaba el joven actor.

Rubén González

No obstante, al igual que pasaba con el protagonista de la serie, muchas veces ese esfuerzo y constancia no dan resultados. “Estaría dispuesto a trabajar de cualquier otra cosa que me el dinero y tiempo suficiente para poder seguir formándome”, comentaba Rubén González. 

¿Hasta qué límite haría cualquier cosa? o mejor dicho ¿existe algún tipo de límite?. El problema se produce cuando las grandes productoras juegan con esta gente cargada de sueños y esperanza y las manipula a su favor. Se trata de una manera de controlar a las personas que, cegadas por su sueño, no se dan cuenta de que están siendo corrompidas.

La evidencia: Me Too

El movimiento “Me too” nació en 2017 y en poco tiempo se convirtió en un movimiento social que acaparó las redes sociales para denunciar el acoso sexual en este sector. Mediante ese hashtag #Metoo, numerosas actrices y cantantes contaban sus experiencias con altos directivos de la industria, quienes ejercían sobre ellas abusos de poder de carácter sexual.

El principal acusado fue Harvey Weinstein, que actualmente se encuentra en la cárcel tras ser condenado a 23 años en prisión. Éste era el productor ejecutivo de las grandes películas de Quentin Tarantino (Pulp Fiction o Malditos Bastardos).

Como resultado de este movimiento en el que participaron celebridades como Lady Gaga, Viola Davis, Natalie Portman o Emma Stone, se creó en Hollywood en 2018 el colectivo Time´s Up” (El tiempo se acabó). Esta organización tiene como principal objetivo recaudar una serie de fondos con el fin de ayudar a toda mujer, independientemente de su estrato social, contra el acoso sexual.

Al mismo tiempo, este movimiento también fue muy criticado. ¿Por qué se esperaban tantos años para denunciarlo? ¿Por qué no les decían a los directivos que no?

La respuesta a estas preguntas se puede resolver con una sola palabra: coacción. Después de tantos años de dedicación exclusiva a algo que tienes poca probabilidad de triunfar, el miedo a fracasar es muy grande. Las personas acaban cediendo en contra de su voluntad, como un paso más en su trabajo, como una prueba que tienen que superar. Esta pelea interna viene muy bien reflejada en la serie Hollywood. Se puede llegar comprender lo que sintieron y sienten todas esas víctimas de acoso. 

Este es uno de los grandes males que tiene una industria tan grande como la del cine. Un gran mal que necesita una gran solución, ya que mientras esto siga pasando, el poderoso seguirá siendo poderoso y la persona que ha luchado toda su vida por su sueño callará para poder sobrevivir en ese mundo lleno de competencia. 

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