Juventud y cambio: el empoderamiento de ellas

Carlos R. Guizán

Decía Malala en aquel discurso ante la Asamblea General de la ONU que “un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución”. Yo, me pregunto si existe una voluntad por parte de quienes hoy gobiernan de que los y las jóvenes tengan un papel principal en la adopción de importantes decisiones.

En el año 2019 hemos visto como la juventud de forma masiva salía a la calle gritando por el medio ambiente, gritando por el crimen que se está cometiendo contra él y que nos repercutirá a todos y todas. Los medios informativos han transmitido la realidad, «los/as peques de la casa» dejaban de ser «peques» para convertirse en personas adultas que reclamaban la adopción de decisiones que garanticen el respeto medioambiental y, con él, el de la vida humana. 

De la lucha contra el cambio climático nos encontramos con una cara joven que se ha convertido en la primera persona al frente, una joven sueca llamada Greta Thunberg. No obstante y, de forma curiosa no es la primera persona joven que «revoluciona las cosas y pones los puntos sobre las íes». En la lucha por garantizar el derecho a la educación infantil tenemos a Malala Yousafzai, la cual con sólo 17 años fue premio Nobel de la Paz. En la lucha contra las injusticias cometidas en el conflicto palestino-isreaelí contra el pueblo palestino, contamos con la joven Ahed Tamimi. Emma González con tan sólo 18 años se convirtió en la mayor defensora en Estados Unidos de América de una campaña por el control de armas. Gavin Grimm, por su parte, destaca en su lucha en Estados Unidos  por los derechos del colectivo LGTB. María José Bejarano de Oliveira es una activista indígena que ha clamado por los derechos de los pueblos indígenas, los cuales se ven muy afectados actualmente por el cambio climático. Sonita Alizadeh es una joven afgana activista contra el matrimonio infantil forzoso, el cual afecta a las mujeres de forma muy importante.

Existen como vemos, muchas caras jóvenes responsables que, toman conciencia por los problemas que acontecen en la comunidad internacional. Muchas de esas personas, por mucho que le pueda pesar a muchas personas, son mujeres valientes que, muchas veces proceden de países donde el grado de discriminación y violencia hacia ellas puede dar lugar a una persecución constante contra su libertad. 

La sociedad de Estados, la Comunidad Internacional debe escuchar la voz joven. Los actos y decisiones que hoy se lleven a cabo van a repercutir en futuras generaciones, es por ello, por lo que la participación en la toma de decisiones de los y las jóvenes es esencial.

Los Estados tienen que tomar una mayor voluntad de empoderar a la juventud, para trabajar con ella en la solución de las situaciones que nos afectan a todos y todas. Debe existir un pacto intergeneracional aplicable a todos los ámbitos de la sociedad.

El asociacionismo es una herramienta básica para potenciar el empoderamiento de la juventud, dando por medio de él voz a los/as jóvenes en la participación pública y política de los países. Pero, además deben garantizarse medios de formación para la juventud con los cuales la sociedad sea capaz de crear conciencia crítica y aprendizaje que le haga reflexionar sobre acontecimientos que afectan a todo el ser humano, como es la crisis de las personas refugiadas, el cambio climático, la violencia de género o la discriminación racial.

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