¿Por qué le tiene fobia Trump a Huawei?

Trump, Europa y China las claves del mundo.

Jesús del Peso

Históricamente occidente ha dominado el mundo por ser el lugar más avanzado tecnológica e industrialmente. Esta superioridad alcanzó su máximo esplendor durante la última revolución industrial y la era colonial, durante la cual, la producción se encontraba en los países más avanzados que acumulaban capital a expensas de los países que habían colonizado. 

Tras la Segunda Guerra Mundial el colonialismo fue suprimido mediante las conferencias de Bretton Woods, que además sentaron las bases de unos organismos internacionales como la OMC, el FMI y el Banco Mundial, que quedarían encargados de garantizar el liberalismo económico a nivel mundial, suprimir las trabas al comercio internacional y garantizar los intereses de los inversores (que hasta entonces eran, casi en exclusiva, procedentes de países occidentales) en los países de destino, pasando así de una fase de colonialismo de facto, a un neocolonialismo de iure

La superioridad occidental era tal sobre el resto del mundo, que se permitieron el lujo de comenzar a deslocalizar la producción hacia países menos desarrollados, principalmente asiáticos, de manera que los nuevos países industriales adquirieron la capacidad para hallar la senda del crecimiento (que en muchos casos superaba los dos dígitos porcentuales interanualmente). Mientras, los países occidentales se beneficiaban de mano de obra y materias primas más baratas, cuyos intereses quedaban salvaguardados por las instituciones internacionales. 

El crecimiento acelerado de los nuevos países industriales no suponía ninguna amenaza para occidente, pues las diferencias económicas eran aún enormes, y porque, se habían asegurado el mantenimiento de las infraestructuras “criticas” como las industrias en tecnología, energía, transporte, servicios financieros, defensa… de tal manera que vemos, como incluso en la actualidad, las mayores empresas enfocadas en estos sectores son europeas y principalmente norteamericanas. Empresas que son fundamentales para sus sectores y que a menudo pasan desapercibidas para las personas, como pueden ser Berkshire Hathaway, IBM, Maersk, Lockheed… 

De esta forma, occidente podía estar seguro al garantizarse una superioridad de medios sobre el resto del mundo a la par que mantenía ciertas cuotas de crecimiento basándose principalmente en la inversión científica y enfocando sus economías en los servicios, pensando que los países asiáticos que habían aceptado las plantas de producción occidentales tardarían aún demasiados años en alcanzar el grado de desarrollo que tantos siglos habían tardado en alcanzar los países de occidente. 

Sin embargo, con la crisis financiera de 2008 y la Gran Recesión posterior (que fue exclusivamente occidental, pese a que tendemos a llamarla mundial) los países emergentes recortaron una gran distancia a los desarrollados, y fundamentalmente supuso el surgimiento de China en el panorama mundial. Desde entonces, China viene invirtiendo cada vez más en industria militar, aunque tecnológicamente se encuentren todavía por detrás de los países más avanzados (por ejemplo en materia de aviación) y sobre todo en tecnológicas, aproximándose cada vez más a las capacidades de los países del primer mundo.

Por otro lado también está tratando de desarrollar planes para el progreso y crear instituciones a imagen y semejanza de las mundiales a nivel regional, como puede ser la ASEAN y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que funciona de tal manera que, financiado casi únicamente por China, proporciona fondos a Estados subdesarrollados para la construcción de infraestructuras a cambio del acceso a materias primas (modelo que están explotando fundamentalmente en África) o bien concediendo préstamos a países altamente endeudados a cambio del acceso a infraestructuras criticas como puedan ser puertos (como es el caso por ejemplo de Italia). Estos son básicamente los pilares fundamentales de su plan más ambicioso para el desarrollo internacional: La Nueva Ruta de la Seda (BRI por sus siglas en inglés). 

El problema entre los Estados Unidos y China viene de ver quien asumirá en un futuro próximo el peso de la hegemonía mundial dentro de un mundo que mide sus relaciones exteriores casi exclusivamente por los intereses económicos y comerciales. El plan BRI tiene como destino final Europa, el mercado más grande del mundo por nivel adquisitivo y principal socio comercial de los Estados Unidos de América. Para Europa, China también supone un socio comercial importante, el segundo solo por detrás de Estados Unidos, y tiene un gran interés para el desarrollo de las economías de la zona euro. 

A todo esto hay que añadirle el acceso a las nuevas tecnologías que va a permitir el desarrollo del 5G y que actualmente solo ha logrado China de la mano de Huawei tras largos años de crecimiento e inversión en desarrollo tecnológico y que viene rivalizando con las grandes empresas del sector (como Apple o Samsung) durante los últimos años, adelantándose por primera vez en materia intelectual a los países de occidente, lo que ha situado a la Unión Europea en un papel complicado:

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Mientras Trump, enrocado en la guerra comercial con China ha decidido vetar a la tecnológica asiática alegando problemas de «seguridad nacional» hasta que la industria local logre el desarrollo de esas tecnologías. Europa, sin embargo, ha decidido licitar ciertos contratos a la empresa china en diferentes instituciones públicas tanto de organismos de la Unión como de las instituciones de los países miembro. Estas decisiones son las que han llevado al presidente norteamericano a dirigir la guerra comercial contra el viejo continente estableciendo aranceles a empresas públicas europeas como Airbus, buscando principalmente que sus socios europeos se mantengan unidos y no comiencen un acercamiento a su rival.

También hay que añadir que son muchos los lazos que mantiene aún ligadas a las dos partes, destacando el elemento más delicado de todos, la colaboración militar: ya que Europa le ha confiado su seguridad al ejército de los Estados Unidos a través de la OTAN, de tal manera que estos se ahorraban un elevado coste militar para poder financiar el estado del bienestar de los países europeos. De cualquier modo, son muchas las voces dentro de Europa las que hablan de romper los lazos con sus antiguos socios, entre las que destaca Macron con sus sugerencias para la creación de un muy necesario ejército europeo (que actualmente funciona con tecnología norteamericana), o las presiones para la inversión masiva en empresas de transporte, tecnológicas y energéticas europeas, que han ido perdiendo importancia con el tiempo ante las empresas norteamericanas y chinas. 

Quizás este es el momento para que Europa vuelva a dar un paso al frente mediante la inversión en infraestructuras energéticas y militares, que le permitan establecer de nuevo una relación de igual a igual ante las dos partes y no verse supeditada a los intereses de una fuerza mayor. 

De momento queda claro que por primera vez en la historia han adelantado tecnológicamente a occidente, ya sabemos cuál ha sido la reacción de Donald Trump, ahora está por ver cuál será la decisión que toma Europa. 

Estudiante de Relaciones Internacionales de la URJC

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