La revolución existe, útilicemosla

Marcos Hidalgo Ayerra

La revolución pacífica es el arma más poderosa que tienen a su disposición los seres humanos para transformar el mundo. Cuantas más personas se unan a la revolución, mayor será su valor, y a ojos de la historia, su importancia. 

El asesinato injustificado hace unas semanas de George Floyd a manos del policía Derek Chauvin en el estado de Minnesota puede marcar un antes y después en la historia. Su asesinato no solo ha emocionado y exaltado los sentimientos de la población estadounidense, sino que ha conseguido por parte del resto del mundo, acoger la muerte de Floyd como un sentimiento propio. 

George Floyd era ciudadano estadounidense, afroamericano, que según los medios de comunicación fue arrestado por intentar comprar con un billete falso de 20 dólares en una tienda de comestibles. Este fue el principio de su final fatídico. El oficial de policía Derek Chauvin, lo esposó y junto con la ayuda de sus compañeros lo puso boca abajo. Seguidamente el oficial presionó a Floyd contra el pavimento con su rodilla sobre el cuello durante unos 9 minutos aproximadamente, ante los gritos desesperados del detenido que repitió en reiteradas ocasiones “I can’t breathe” (“No puedo respirar”). Esta conducta por parte del oficial fue la que le costó la vida a George Floyd. El mundo entero presenció el asesinato despiadado de un ser humano.

Ante una situación de este calibre, se nos presenta a todos nosotros la pregunta ¿y por qué no, la revolución? Una revolución cuyo único propósito fuera la abolición de toda forma de racismo en el mundo, una revolución basada en la tolerancia a todas las personas, pero no en una tolerancia a todas las ideas. El mundo avanza y como todo en esta vida, mueren y nacen otras nuevas, por ello debemos acabar con la tolerancia de algunas ideas presentes en el mundo actual que deben desaparecer: el racismo, la homofobia, machismo, etc. Tenemos la obligación moral como seres humanos de acabar entre todos nosotros con la tolerancia de aquellas ideas que lo único que provocan es la intolerancia entre personas libres e iguales.

Una transformación que, partiendo de la famosa frase del pensador alemán Karl Marx: “Proletarios del mundo uniros” llamó a la revolución con la que sin duda alguna cambió el mundo y nuestra historia actual no sería entendible. Podemos transformar esta famosa frase en la siguiente: “Ciudadanos del mundo, uniros”, llamando a la unión global de todos los ciudadanos para luchar contra un germen extendido en nuestra sociedad, el racismo. 

Una revolución pacífica que provoque que las nuevas generaciones no hablen de razas , que la única raza en el mundo sea la del ser humano y en la que el pigmento de la piel de una persona no sea motivo de distinción; En la que todo el mundo al nacer tenga igualdad de oportunidades y en la que cualquier persona pueda disfrutar de aquello más simple y a la vez tan escaso para algunos, la vida. La vida no es un privilegio de aquellos que la disfrutan, disfrutar la vida es derecho de cualquier persona en el mundo, rompamos las fronteras que dificultan disfrutar de esta a las personas directamente por su origen.

Y, no se dejen engañar, la revolución de la que hablo no es la que hemos presenciado estos días atrás en Estados Unidos, con saqueos a comercios y violencia continua en las calles.  La revolución de la que hablo todavía no ha comenzado y está en todos nosotros la obligación de desmarcarnos de estos acontecimientos radicales que a lo único que ayudan ayudan es a justificar lo injustificable. 

En definitiva, una revolución que culmine en alegría. 

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