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Desde casa con amor: Adiós

Estos meses hemos tenido que decir mucho adiós, incluso demasiado. Muchas veces demasiado pronto y otras muy a nuestro pesar demasiado tarde. Muchas veces, la gran mayoría de las veces, nuestras pérdidas no se transmiten por televisión, no son piezas de un telediario, no tienen espacio en una escaleta de un programa de radio… Sin embargo, en algunos casos contados si se reservan minutos. 

Esta semana hemos dicho adiós a Pau Donés y a Rosa María Sardá. La gran Sardá decía que la muerte es la consecuencia de estar vivo. Donés afirmaba no tenerle miedo a la muerte y asimilaba que esta te acompaña siempre.

Rosa María Sardá se iba a causa de un cáncer que la perseguía desde hace un tiempo, al igual que el cantante de Jarabe de Palo, ambos tenían claro que la lucha contra el cáncer no se llamaba “lucha”. Ella, contundente, decía que la vida no se basa en luchar, que en la vida se tiene que vivir con sus cosas buenas y sus cosas malas y que las malas se deben intentar superar, no luchar contra ellas. En la misma línea iba Donés, no le gustaba hablar de lucha en referencia al cáncer que padecía, le molestaba incluso.

Unos meses antes nos tuvimos que despedir de Michael Robinson también fallecía por un cáncer que le acompañaba desde hacía mucho tiempo. Un inglés enamorado de España y su gente, un enamorado de la vida, una voz icónica del fútbol que aportaba amor y pasión al deporte, un hombre que, como afirmaba su familia cuando falleció en marzo, “nunca caminó solo”.

José María Calleja se fue antes de lo que pensábamos, el Covid 19 se lo llevó sin avisar. Una voz de sabiduría que se apagaba. Una voz que luchó contra ETA desde las redacciones donde gritaba alto y claro: “Tenemos que tener la dignidad y la valentía dos peldaños por encima del miedo”. 

Otro valiente, Chato Galante, activista por el respeto y cumplimiento de los derechos humanos y profundamente convencido en la necesidad de garantizar la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas del franquismo. Él se iba también a causa del coronavirus, se fue semanas antes que su torturador, Billy el niño, un torturador que falleció con sus medallas puestas y un reconocimiento inmerecido propio de una democracia fracasada. 

Todos se han ido, todos hemos perdido, el deporte, la cultura, el periodismo, la política… El adiós es duro, el adiós es doloroso, aún más cuando la muerte llama sin avisar. Cuándo te das cuenta que no volverás a oír la voz de Calleja en Hoy por Hoy, cuándo asimilas que no escucharas canciones nuevas de Donés, cuándo no te imaginas una vida sin las risas provocadas por la Sardá, la gran Sardá. Cuándo la muerte es tan injusta y puñetera que se lleva antes al torturado que al torturador. La vida: injusta, jodida y puñetera.

Decía el gran Pau Donés que “la vida es una y ahora: vivámosla. Vive el momento, no pensando en el futuro. Y no tengamos miedo. Lo que tenga que ser, será. El tiempo que estemos aquí, disfrutémoslo”.

No creo que pueda añadir nada más, como mucho un gracias y hasta siempre.

Un periodista deja de serlo cuando ofrece como información lo puramente subjetivo.

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