La deriva de una política moralmente acabada

Marcos Hidalgo

Espectáculo, individualismo, populismo y poder. En estas cuatro palabras podemos definir la política actual de manera general en el mundo. Cuatro palabras que unidas al futuro incierto que nos enfrentamos pueden acabar con la vida en común, de la polis, y de lo propiamente humano.   

De manera generalizada en el mundo, nos encontramos frente a una política carente de coherencia, donde el impulso es más importante que la actuación a futuro, un ejemplo de ello podría ser la política actual llevada a cabo por los Estados Unidos de América, donde su presidente Donald Trump,  actúa “demoliendo” todo razonamiento ético y moral de la política. Y como este muchos otros ejemplos en todo el mundo lo confirman. Basta solo con leer los principales titulares de los diarios de todo el mundo, para darnos cuenta de que sólo en muy pocos de ellos podemos presenciar una verdadera política clásica, donde la prudencia es el bien supremo que todo gobernante debe desarrollar para llevar a cabo una política que se oriente a futuro y al bien común. 

Por todo ello, podría pensarse que lo que define a la política actualmente sea el espectáculo, donde los líderes políticos buscan ocupar día tras día los titulares de los principales diarios en lugar de realizar una política menos mediática, que actúe silenciosamente en el futuro de la sociedad, que cree certidumbre para desarrollar libremente las actividades económicas y que no sea por y para recoger un puñado de votos día tras día. Esto lo podemos unir también con otra de las palabras que definen la política, que es el populismo, o como me gusta llamarlo, el germen de la democracia. Un germen que se alimenta precisamente del ingrediente que hemos hablado anteriormente, ya que el populismo se alimenta y vive del espectáculo político. Esta ha sido una práctica muy utilizada por muchos gobernantes durante la crisis provocada por el COVID-19 en las cuales se han dedicado a satisfacer más su figura política que el bien común de todos los ciudadanos proporcionando respuestas sencillas a problemas, que, como seres humanos, se les escapaban de sus propias manos y poder de actuación. Un ejemplo podría ser el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, negando en todo momento la peligrosidad del virus, cuando es su país estaban muriendo cientos de personas diarias a causa del Covid-19. Actuaciones como esta no solo son un peligro para los ciudadanos, sino que son un peligro para el orden mundial y la visión de lo político, que se sitúa más bien en las antípodas de comportamientos de este talante. 

Sumado a los anteriores términos incluimos en la descripción los términos “poder” e “individualismo”.  Y es aquí donde debemos actuar de manera rotunda y reivindicar un cambio, un retorno a la política clásica. Según la filosofía política clásica, el ser humano es social por naturaleza, y la mejor forma de participar en esta vida social es participando de la vida en común, de la polis, que se sitúa en lo propiamente humano. El gobernante debe situarse siempre en la medida del bien común y de la prudencia política. Por ello cuando hablamos de una política individualista estamos negando el carácter natural de la política y de la sociabilidad del ser humano. Con políticas individualistas solo se consigue separar a la política de su fin primario,  la organización de la vida en común,  la vida en la polis, de la forma de vida propiamente humana. 

Para poder revertir esta deriva en la que se encuentra inmersa la política debemos de tratar a esta como un todo, un todo poseedor de una ética compartida y unos valores comunes a todo ello.  Para hacer esto debemos de unir la política con la economía y la filosofía. La filosofía nos proporciona la ética, los valores y principios que ha de contener toda actuación política a la que el gobernante se enfrente y a su vez una economía que nos limite o nos capacite para cualquier decisión. Solo la unión de estas disciplinas en un todo puede conseguir orientar el rumbo de la deriva que se encuentra el ejercicio más natural que existe en sociedad, la política.

En cinco palabras: Unión, prudencia, ética, moral y liderazgo. 

1 Comment

  1. Que razón tienes, parece que hace mucho tiempo que, a la mayoría de los políticos, se les ha olvidado cuál es su cometido, luchar por el bien común del país y de los ciudanos a los que representan. Están mucho más preocupados por asegurarse su futuro. Lamentablemente, somos como un barco a la deriva. Pondremos nuestras esperanzas en esa nueva generación política.

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