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Atención: se busca a Gabilondo

Estos meses confirman lo que ya se sabía desde el momento en el que Casado adjudicó a Ayuso uno de los feudos más preciados de los Populares: Madrid. La actual Presidenta de la Comunidad está gobernando de rebote y sin saber por dónde le vienen.

Debemos recordar que Ayuso llegaba a mandar a Madrid con un currículum de película: diputada rasa de Madrid y Comunity Manager del perro de Aguirre eran sus grandes logros en política. De aquello pasó a ser la candidata -anónima- a presidir uno de los territorios más importantes y disputados entre las grandes formaciones.

En aquel momento, Casado llegaba a las elecciones municipales y autonómicas con el peor resultado de la historia de los populares en unas generales y, muy a su pesar, debía ir asumiendo que era difícil volver a tomar Madrid. 

Tal era su nivel de convicción de que fracasaría en la carrera para tomar Sol, que la noche electoral tuvieron que improvisar un escenario en la calle Génova porque no se creían ni ellos los resultados obtenidos.

Tenían asumido que perdían la capital y, por ello, no se molestaron ni en tener proyecto: lanzaron algunas ideas como mantener los atascos y reconocer a familias numerosas con niños aún no nacidos. Un programa nuevo, regenerador y moderno. Ayuso únicamente sabía lo que se venía haciendo durante los 20 años anteriores y eso es lo que sigue haciendo: privatizar, recortar y en algunos casos corromper las instituciones, por ejemplo Ayuso y el pisito de Sarasola. Todo esto lo ha puesto de manifiesto esta pandemia.

La señora Ayuso en estos 4 meses nos ha demostrado que no cree en la Sanidad Pública, que no defiende a los trabajadores sanitarios, que le gusta más una foto que ponerse a gobernar, que no sabe, en definitiva, ni por dónde le vienen.

Eso sí, ha habido veces que nos ha sorprendido, nos ha explicado cómo los techos altos ayudan a sanar pacientes de coronavirus y de dónde viene el término COVID-19, entre otros muchos conocimientos, nunca exentos de polémica.

Durante estos cuatro meses, Ayuso ha vivido y vive una crisis interna en su gobierno que ni en los peores momentos del PSOE y Unidas Podemos.

Ayuso tuvo que cesar a su consejero de sanidad, de ciudadanos, porque no se fiaba de él; ha tenido que sentar al nuevo consejero de salud, del pp, con el de asuntos sociales, de ciudadanos, en la misma mesa, cuando en los medios se tiraban los trastos a la cabeza.

La señora Ayuso ha tenido que aguantar las contradicciones de su gobierno y que la desmienta su propio vicepresidente, el señor Aguado, (un vicepresidente, todo hay que decirlo) que ,con sus más y sus menos, ha estado a la altura de las circunstancias. 

La relación entre ambos partidos ha llegado a ser de tal tensión que Ayuso y Casado se reunieron para valorar la convocatoria de elecciones en la región.

Y mientras tanto ¿Dónde estaba la oposición?, o mejor dicho; ¿dónde estaba el líder de la oposición?, ¿por qué no estaba en las televisiones, periódicos y radios cumpliendo su función?

El señor Gabilondo debía haber estado exigiendo responsabilidades al gobierno de los madrileños. Vimos a todos menos a él: vimos al señor Gómez Perpinyán exigiendo responsabilidades, a la señora Serra pidiendo explicaciones, incluso la señora Monasterio era más dura con el gobierno regional que el señor Gabilondo.

Ayuso, tuvo claro desde el principio que debía ser la oposición a Sánchez, y Gabilondo debía haber respondido equitativamente. 

Si Ayuso critica la falta de mascarillas, Gabilondo su salida de las reuniones de presidentes  autonómicos para hacerse fotos con aviones. Si Ayuso critica la ineficacia de ‘El Plan Barajas’, Gabilondo debe criticar como ha adelantado la fecha de la apertura de las discotecas por las presiones del sector. No vale decirlo solo en un canutazo, se debe estar pidiendo respuestas de manera constante ¿Y qué ha hecho el Partido Socialista? Reforzar su equipo con José Cepeda de número dos, buen camino, pero no es suficiente, llega tarde.

La oposición se debía plantear dos escenarios a largo plazo y actuar en consecuencia cuando todo esto acabe: o sembrar la tensión y desconfianza en el ejecutivo madrileño para obligar a Ayuso a convocar elecciones o empezar a tejer alianzas para cortejar a Ciudadanos y desalojar a Ayuso de Sol. Mientras, los madrileños, seguiremos buscando a Gabilondo.

Un periodista deja de serlo cuando ofrece como información lo puramente subjetivo.

2 Comments

  1. Un artículo en el que tres cuartas partes lo único que hace es criticar a Díaz Ayuso, la forma en la que llegó, con palabras que serían machistas si fueran contra mujeres de otros partidos, ignorando una campaña electoral que la llevó al poder, y cargando sobre ella todos los errores que ha habido durante la pandemia.

    Nos centramos en el apartamento desde el que trabajó durante la pandemia o en las portadas de periódicos cuando desde el Gobierno central se ha hecho lo mismo. Se habla de la crisis interna en su gobierno, mientras se ignora la tensión entre la parte liberal y la parte más social comunista del gobierno de Sánchez.
    Los ceses de consejeros en Madrid están a la orden del día para el autor mientras que se esconde todo lo ocurrido con la Guardia Civil y el ministro Marlaska.
    Y después de aplaudir al nuevo socio de Sánchez se llega al final del artículo, donde por fín aparece por primera vez el implicado que da nombre al artículo: Ángel Gabilondo.

    A Gabilondo sólo se le pide una cosa, ser una oposición leal al gobierno de Madrid, que se muestre colaborativo y que no aproveche una situación de pandemia para desestabilizar al gobierno elegido democráticamente. Ah no, espera que eso es lo que se le pide a Casado, Abascal y compañía, aquí se insta a Gabilondo a “sembrar la tensión y desconfianza en el ejecutivo madrileño para obligar a Ayuso a convocar elecciones o empezar a tejer alianzas para cortejar a Ciudadanos y desalojar a Ayuso de Sol”.

    Lo dicho, sea izquierda o sea derecha siempre ocurre lo mismo. Tal vez de vez en cuando se debe dejar de ver la paja en el ojo ajeno.

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