Manual de cómo defender un feudo

El próximo 12 de Julio, los gallegos y vascos están llamados a las urnas. Unas urnas que llegan con retraso; recordemos que Urkullu y Feijóo ya habían quedado en repartirse el pastel electoral de sus respectivos territorios el pasado 5 de abril pero, por motivos sanitarios evidentes, decidieron posponer la fecha de las elecciones.

Urkullu lo tiene todo más o menos atado. El actual presidente de Euskadi sabe que, si las cosas no varían demasiado, el PSOE le dará su apoyo y gobernarán juntos los próximos cuatro años, Bildu crecerá y Podemos subirá ligeramente, según las encuestas más favorables con la formación morada. Por su parte, Ciudadanos y el Partido Popular intentarán sobrevivir uniendo fuerzas para tener algo de presencia en el parlamento vasco -todas las encuestas dicen que la tendrán- pero al igual que Vox, si llegan a entrar, serán una fuerza residual sin ningún poder fáctico.

La otra opción que puede plantearse tras las elecciones sería la de desalojar a Urkullu del gobierno y formar un tripartito de izquierdas compuesto por el PSE, EHBildu y Podemos. 

Los números, según las encuestas, podrían ser favorables, sin embargo, políticamente es inviable:

En primer lugar, por la oportunidad que le ofrecería el PSOE a la derecha de implantar en el debate mediático el pacto con EHBildu. En segundo lugar, el revuelo y la crispación que trasladaría a Madrid (como lo trajo el pacto de los socialistas en Navarra), lo que complicaría la aprobación de los primeros Presupuestos Generales del gobierno de coalición en un momento de máxima necesidad. Y por último, los socialistas son conscientes de que les perjudicaría electoralmente puesto que ni Casado, ni Arrimadas, ni tampoco Abascal dejarían de usar este hipotético pacto en su contra. Tal es el pavor en el PSE a que den los números que Idoia Mendia ya ha descartado pactar con Bildu tras los comicios y prefiere volver a justificar el pacto con la derecha nacionalista del PNV que, a fin de cuentas, le saldrá más barato; los socialistas ceden Euskadi y los vascos proporcionan continuidad en la legislatura de Sánchez.

Por su parte, la batalla en Galicia se presenta más complicada; el tablero guerra de la Xunta se presenta más desordenado:

En primer lugar, tenemos que recordar la multitud de fuerzas que se presentan y cómo esto puede fragmentar el voto y hacer caer en el olvido muchas papeletas que no aporten ningún tipo de fuerza, ni a un bloque ni a otro: PP, PSG, VOX, Ciudadanos, BNG y Podemos son los grandes partidos que podrían tener algún tipo de posibilidad de entrar en la cámara gallega.

Según el sondeo de eldiario.es del 6 de julio, Feijoó volvería a revalidar la mayoría absoluta y ni VOX ni Ciudadanos obtendrían representación en el parlamento gallego. Por su parte, el bloque progresista sufriría algo de desgaste dejándose por el camino un diputado con respecto a las elecciones de hace cuatro años.

Otros sondeos apuntan a que Feijóo perdería la mayoría absoluta y el bloque de izquierdas tendría la posibilidad de gobernar. Este escenario podría producirse a raíz de la división del voto conservador; el votante de derechas podría plantearse votar una opción distinta al Partido Popular con el fin de acabar con la continuidad del ideario exclusivo de Feijóo, que se verá forzado a pactar con otras fuerzas e introducir en el nuevo gobierno los principios de otras formaciones. Por otro lado, el votante podría plantearse confiar en VOX o en Ciudadanos. Este último no se presenta con el Partido Popular porque Feijóo se negó en rotundo. 

La división del voto en la derecha podría provocar que los votos a VOX o a Ciudadanos no sean suficientes para obtener representación y, por tanto, que no den los números. Ante esta amenaza, los populares llevan repitiendo un mensaje que en su día ya utilizó Sánchez en campaña: «O yo o la ultraderecha». Feijóo ha decidido tunearlo a su estilo: «O yo o el caos de Madrid».

Es importante recordar que Galicia es uno de los pocos territorios a los que la muerte del bipartidismo aún no ha llegado, factor que deben utilizar -y están utilizando- los grandes partidos para captar adeptos.

Lejos de la batalla de bloques, ya muy instaurada en la dinámica postelectoral, Feijóo tiene que librar su propia guerra: Mantener la mayoría absoluta y erigirse, de nuevo, como el gran triunfador, no solo de las elecciones, sino también de su estrategia de mantener los postulados de centro-derecha que siempre ha dicho defender el barón popular. 

Mantener la mayoría absoluta, o incluso gobernar en minoría, le permitiría tirarle de nuevo de las orejas a Casado y con más fuerza podría intentar instaurar su estrategia moderada en las filas populares y alejar, de este modo, a Casado de los pensamientos más extremos representados por Cayetana Álvarez de Toledo o Ayuso.

Otro contexto podría ser la pérdida de la mayoría absoluta de Feijóo y una representación, no importante pero sí imprescindible, para seguir gobernando de la ultraderecha a la que algunos sondeos si le dan representación en la cámara de los gallegos y gallegas. Esta situación sería la peor de las pesadillas posibles para el actual presidente de Xunta de Galicia, que incluso podría estar dispuesto a aislar a VOX y renunciar, de esta forma, a la presidencia, circunstancia que obligaría a Casado a intentar eliminar a uno de los miembros más importantes y poderosos del Partido Popular.

Un factor a tener en cuenta es la situación sanitaria tanto en Euskadi como en Galicia. En Galicia han decretado el confinamiento de la comarca de A Mariña y es necesario recordar que los votantes potenciales de Feijóo son varones de edad avanzada, y el miedo a contagiarse podría hacer caer la participación y, por tanto, perder diputados e incluso el bastón de mando.

Esta circunstancia, el déficit de participación en unas elecciones, fue la principal causa por la que el Partido Socialista perdió el gobierno en Andalucía, un factor que, en su momento, no tuvo en cuenta Díaz y le salió muy caro.

La abstención por la crisis sanitaria y la decisión de Feijóo de no presentar una lista conjunta con Ciudadanos puede hacer sentir al actual presidente de la Xunta de Galicia lo que hace unos meses sufrió en sus propias carnes la expresidenta de la andaluza.

Estrategias y movimientos políticos que ni de lejos están en «El Manual para mantener un feudo». Un feudo que es un oasis dentro del actual Partido Popular de Pablo Casado.

Un periodista deja de serlo cuando ofrece como información lo puramente subjetivo.

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