El dorado de la costa granadina

Jaime Trujillo

“El otro Dorado” ha sido durante tres siglos lo que ha dado de comer a muchos trabajadores/as de la Costa Tropical. El impulsor de la fábrica de azúcar de Granada fue Joaquín de Agrela y Moreno, nacido el 24 de agosto de 1815 en Granada en el seno de una familia acomodada puesto que se vieron favorecidos por las desamortizaciones que se llevaron a cabo en nuestro país durante el siglo XIX. No sería hasta 1860 cuando de Agrela y Moreno se inició en el mundo del azúcar y los licores de caña en la fábrica de nuestra Señora del Rosario, situada en La Caleta de Salobreña. A su muerte en 1870, dejaría el legado a sus hijos.

La fábrica comenzó sus operaciones en 1862 llegando a producir unas 400 toneladas de caña al día. Los municipios de Salobreña y Motril se convirtieron en los más importante en la producción de caña de azúcar durante la primera mitad del siglo XIX en toda Europa. La fábrica de Nuestra Señora del Rosario (Salobreña) fue la segunda de la costa, el lugar fue elegido por su cercanía al mar para el transporte marítimo.

El impacto de estas construcciones fue de enorme importancia, sobre todo en el ámbito económico. 

Dinamizó la agricultura, que siempre había sido de vital importancia en los municipios andaluces y que se encontraban en un momento de gran pobreza, además, supuso un impulso hacia la industrialización que se encontraba rezagada en la costa de Granada, pero sin duda, lo más importante fue la construcción de nuevas vías ferroviarias e infraestructuras para el transporte que favorecerían el desarrollo de los pueblos granadinos. Lo que se pretendía era establecer una red ferroviaria que uniese a Jaén, Granada y Puerto de Motril, y que a su vez estuviese unido con Málaga para mejorar las comunicaciones entre las provincias andaluzas.

La fábrica de azúcar de La Caleta de Salobreña fue vendida a OLIE SA en 1976 cambiando su nombre a “Azucarera del Guadalfeo” hasta el fin de sus días en el año de 2006. El final del Dorado de la costa granadina vino a consecuencia de que la Unión Europea acabó dejando sin subvenciones al azúcar en prácticamente todo el continente. Sus consecuencias fueron fatales llevando a muchos de los trabajadores al paro y la pérdida de la poca industria que había en los municipios costeros, así como la red de transporte que tanto había costado establecer provocando una pérdida de las comunicaciones entre ciertos municipios así como la importancia de algunos los mismos.

Los tiempos cambian pero sin duda, esto fue un cambio a peor y algo que se tenía que haber cuidado para que mucha gente pudiese continuar viviendo de la “industria primitiva” de Salobreña y Motril.

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