Sánchez e Iglesias en la encrucijada del pacto

Guillermo Bustos

Finalizadas las negociaciones para los Fondos de Recuperación Europeos; en los que finalmente España consiguió un gran acuerdo con 72.000 millones no reembolsables. Algo que dista de las máximas que se pedían en abril desde Moncloa. Ahora le toca al Gobierno de España articular dicha financiación mediante la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, que han sido prorrogados cuatro veces en cinco años ante la incapacidad de Sánchez para articular la mayoría parlamentaria necesaria para su aprobación tras la moción de censura que le llevó a la Presidencia en 2018.

La última vez que unos Presupuestos Generales del Estado fueron aprobados por tramitación parlamentaria en las Cortes Generales fueron en 2018, diseñados por el ministro de Hacienda del Partido Popular, Cristóbal Montoro, con el apoyo del PNV al gobierno de Mariano Rajoy, algo impensable si en aquella ecuación hubiera tenido que entrar VOX. Desde entonces, el parlamentarismo español ha sufrido la mayor fragmentación ideológica y partidista desde la Transición, lo que actualmente implica pactos, consensos y entendimientos con diversas formaciones políticas para que puedan salir adelante, de hecho, Pedro Sánchez se verá obligado sobre el papel a entenderse nuevamente con el bloque que le invistió como Presidente del Gobierno, es decir, PSOE, Podemos, ERC, PNV, EH Bildu, Nueva Canarias, Teruel Existe, BNG, Más País y Compromís, pero en esta ocasión en circunstancias mucho más complejas.

Pedro Sánchez y su círculo, en especial el jefe del Gabinete de la Presidencia Iván Redondo, han demostrado sin lugar a dudas una gran capacidad como estadistas para llegar a acuerdos con formaciones políticas con las que procesan enormes discrepancias y lejanías en espacios políticos, claro ejemplo de ello fue el logro de la abstención de ERC para su investidura en un momento en el que el procés parecía una bomba de relojería social y mediáticamente; cuando el gobierno de coalición parecía tambalearse con conflictos internos en el Consejo de Ministros  y la crisis sanitaria que golpeó con dureza al Ejecutivo y a la sociedad española, Pedro Sánchez fue capaz de ejercer un liderazgo firme desde el mando único y de inclinarse a un lado y a otro del espectro político en las prorrogaciones del Estado de Alarma, que sirvieron de prueba para la clase de votaciones que le esperan al Gobierno de coalición con los nuevos acuerdos con Ciudadanos, que en un último intento de volver a cobrar relevancia política, optaron por romper el cordón que impuso Albert Rivera a “la banda de Sánchez” en su fallido ascenso a la Moncloa y mutar a una posición más centrista y liberal al abrirse a pactos con el Gobierno de coalición para actuar como un actor útil, capaz de arrastrar a la derecha el programa económico del Gobierno a cambio de otorgarles una estabilidad parlamentaria que ERC no puede ofrecer en su senda unilateral de independencia.

Es en este punto en el que se encuentran los debates en el seno del Gobierno, existen voces que incitan al grupo socialista a buscar la sintonía entre sus socios de gobierno y Ciudadanos para que las mayorías parlamentarias no dependan en última instancia de las posibles concesiones a Esquerra Republicana, aunque la marginación al nacionalismo catalán podría ocasionar que el nacionalismo vasco, PNV y EH Bildu, cierren filas con ERC en “solidaridad” entre comunidades históricas con aspiraciones soberanistas, algo que dinamitaría el Gobierno de coalición tanto de manera externa, sería incapaz de aprobar los Presupuestos Generales y ello forzaría a declarar elecciones anticipadas, como interna, es bien sabido que se han producido fuertes choques entre los enfoques del PSOE y Unidas Podemos acerca de la plurinacionalidad española. Por otra parte, un entendimiento con Cs en materia presupuestaria generaría descontento entre los sectores más progresistas del Gobierno de coalición y parte de su electorado, temerosos de un nuevo retorno neoliberal en las filas del PSOE, y en otras formaciones políticas como Más País, Compromís o BNG, ya que será aquí donde se trace la línea política gubernamental en materias como el techo de gasto público, transición ecológica o justicia fiscal.

Con esta necesidad de articular una mayoría parlamentaria y con las elecciones a la Generalitat a la vuelta de la esquina, desde Moncloa otras vertientes optan por sacar a ERC del inmovilismo político en el que se han instaurado junto a Junts per Cat y la CUP para interpolarlos en el pragmatismo político con la formación de un tripartito -si acompañasen los números- entre ERC, PSC y En Comú Podem que sea capaz de primar la cercanía ideológica y las políticas sociales frente al reforzamiento de las derechas y que poco a poco aleje a la formación republicana de la unilateralidad para dar paso al autogobierno y la “cogobernanza” con el Estado español dentro del marco jurídico. Así mismo, Pedro Sánchez se verá obligado a realizar concesiones tanto a ERC como al PNV, que exigirá un reforzamiento de la industria vasca, unida a los fondos de recuperación europeos y la delimitación de una estrategia industrial exigida desde la Unión Europea, o la modificación de parámetros de déficit y superávit en Euskadi y las diputaciones forales.

En medio de las consultas que realizará el PSOE próximamente y con la crispación parlamentaria por los aires, VOX ha anunciado que realizará una moción de censura en el mes de septiembre, con objetivo de volver a cobrar relevancia en el debate público, ya que sabe que no tienen la mayoría para que tenga éxito y lanzando un dardo envenenado al Partido Popular y a Pablo Casado, consciente de que si vota a favor, reforzará los entendimientos en el bloque de la investidura y si se abstiene o vota en contra, VOX lo tildará de haber votado con los “enemigos de España” para la perpetuación del “Gobierno ilegítimo” en el poder. Esto no es más que otra cruzada librada por VOX dialécticamente para fagocitar el espacio político del Partido Popular y darle visibilidad en un mes de septiembre en el que también presentan su nuevo sindicato “Solidaridad” en la apertura de otro frente en búsqueda del voto obrero ante los continuos descensos en las encuestas y su incapacidad para seducir a otro tipo de electorado que no lo conforme como una escisión de la parte más radical de un Partido Popular en descomposición. 

El gobierno de Pedro Sánchez saldrá adelante, pero esta moción le servirá para tantear a sus socios de gobierno en un supuesto pacto de los presupuestos con Ciudadanos o para calibrar la disposición de ERC en base a exigencias sobre su proyecto de independencia, que de seguro no serán pocas debido al escaso margen que los separa de Junts per Cat en los últimos sondeos en las elecciones a la Generalitat y la pugna que mantendrán por acaparar el mayor electorado independentista posible para capitanear la independencia de Cataluña. Aunque esa estrategia del “cuanto peor, mejor” para generar inestabilidad en el Estado Español solo servirá para obligar al ejecutivo a entenderse con Ciudadanos y renunciar a las políticas progresistas en política social y económica, como ya ha pasado con los fondos a los colegios concertados, y extender el mantra de que los partidos del procés son incapaces de aparcar el soberanismo para comenzar a gestionar lo común, que es en definitiva el fin último de la política. Por tanto, Pedro Sánchez y los ministros de Unidas Podemos tendrán que realizar concesiones y renunciar a parte de sus posiciones para poder alcanzar pactos como consecuencia de su minoría parlamentaria, ya sea con ERC o con PNV y Cs, si quieren alargar la legislatura; lo que lanza un mensaje muy claro para el Partido Popular, en la coyuntura política que vive España en estos momentos, o te entiendes con los nacionalistas o no gobiernas, algo que no parece muy esperanzador de cara al futuro si desean que sus socios de gobierno sean aquellos que llegaron a la política estatal promulgando la suspensión de las autonomías. De todas formas, ahora mismo la pelota está en el tejado de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, veremos qué hacen con ella.

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