Faroles y órdagos de septiembre

El 29 de julio. En sesión parlamentaria. En la tribuna, Santiago Abascal anuncia una moción de censura contra Sánchez en septiembre. En ese momento, saltan todas las alarmas en las redacciones de las televisiones y periódicos al tiempo que ocurre lo propio en la bancada del Partido Popular y en su sede, en Génova 13.

El líder de la extrema derecha anunciaba este instrumento parlamentario sin muchos detalles, lo único que pedía era apoyo de las fuerzas políticas presentes. El anuncio trastocaba todos los planes de oposición del Partido Popular. En la formación de Casado son conscientes de que el foco mediático estará capitalizado por VOX, quedando los populares relegados y sin protagonismo en un segundo plano, por lo menos durante las primeras semanas del curso político. Este acontecimiento permitirá a VOX presentarse a los electores como la única fuerza capaz de plantar cara -sin éxito- al gobierno «comunista» de Pedro Sánchez.

El momento del anuncio fue metódicamente estudiado, organizado y programado. Se anunció días después de unas elecciones donde el votante está muy pendiente de lo que sucede en el marco político. 

Además, los de Abascal podían sacar pecho de su entrada en el Parlamento Vasco, mientras que los socialistas y Podemos estaban -y siguen- de capa caída tras la derrota electoral de los de Iglesias y la pérdida de poder de los socialistas en el hemiciclo gallego. 

Este anuncio llegaba en un momento en el que la pandemia seguía presente pero no con la intensidad de los meses de marzo y abril. Para los extremistas, la situación permite plantear un órdago y si da la casualidad de que se gana, se ha ganado. De lo contrario, tendrán un arma más con la que atizar al ejecutivo de coalición e ir aumentando paulatinamente el grado de intensidad.

Este anuncio llega en un momento en el que al partido de Abascal le preocupan los datos que están arrojando las encuestas. En VOX calculan que este movimiento les permitiría coger aire tras meses de caída libre que incluso les sitúan por debajo de Podemos, una batalla que se niegan a perder tras alcanzar el podio con la medalla de plata el pasado 10 de noviembre.

El 27 de julio, el CIS anuncia sus pronósticos y sitúa a la fuerza de Abascal por debajo de la de Iglesias. El Centro de Investigaciones Sociológicas plantea que Podemos obtendría un 12.6% de los sufragios frente al 12.3% que obtendría la formación de Santiago Abascal. En cuanto a la valoración de los líderes, Abascal obtiene un 2.5 sobre 10, es el líder peor valorado por los españoles. 

CIS julio 2020. Fuente: europapress

Esta tendencia se ha estado manteniendo durante los últimos meses. En junio, el diario El Mundo publica una encuesta de SigmaDos que plantea una escenario similar. Unidas Podemos obtendría más escaños que la formación de extrema derecha. Con un 12.0% y un 11.7% respectivamente. 

Encuesta de SigmaDos para el diario El Mundo. Fuente: electomania

En mayo, el CIS ya vaticinaba lo que semanas después plantearían las empresas demoscópicas: VOX estaba cayendo y Podemos le superaría, en esta ocasión, el Instituto estadístico dibujaba un apoyo del 11.5% para la formación morada y del 11.3% para VOX.

CIS Mayo 2020. Fuente: Europapress

La caída en las encuestas de la formación verde explica por qué Abascal apuesta por esta maniobra política. Explica el cuándo y el cómo presentar la moción de censura.

Abascal hace uso de este instrumento -legítimo- con un objetivo claro, mejorar sus números ofreciéndose como el salvador de la patria y presentarse a los votantes como el verdadero líder de la oposición. Abascal no tiene nada que perder; con esta situación -covid 19, crisis económica…- A Sánchez no le resultará muy complicado aprobar los presupuestos por lo que parece que el gobierno de coalición estará por lo menos un par de años más a cargo del ejecutivo, puesto que podrá prorrogar sus propios presupuestos -los que apruebe en 2020/2021-

Para Vox son todo ventajas. Saben que para conseguir mejores datos, la única forma es dañar a los de al lado, es decir, a los populares. 

Si los de Casado se suman a la moción, serán la “derecha cobarde” que no tuvo agallas de enfrentarse a Sanchez y se unió al carro arrancado por VOX, esto provocaría que los votantes moderados que ven con buenos ojos la moción pero no el momento huyan a la formación de Arrimadas -agraciada los últimos meses por las encuestas-. En caso contrario, si no se suman a la ofensiva, el votante popular cabreado con la gestión de Sánchez se unirá a las filas de VOX. 

Objetivo: dañar al Partido Popular, una formación que se encuentra cada vez más arrinconada entre la espada y la pared, que cada vez le resulta más complicado no unirse a la estrategia de los extremistas tras la imputación de Podemos por su supuesta financiación irregular.

Casado y Abascal en El Congreso de los Diputados

Durante las últimas semanas, la formación de extrema derecha se ha abierto a que sea un candidato de otra formación o independiente quien tome las riendas del nuevo gobierno; aún así, el Partido Popular oficialmente se niega a «entrar en el juego», porque es consciente de las nulas posibilidades que tiene de prosperar lo planteado por VOX. Sin embargo, sí que hay algunos dirigentes que estarían dispuestos a tirarse al barro y empezar a negociar alianzas.

En términos políticos, la moción de censura, si prospera -que todo indica que no lo hará- se ejecutaría en un momento de máxima tensión sanitaria. Muchos expertos anuncian, según los datos de contagios, hospitalizaciones y fallecimientos, que si el ritmo de expansión del virus continúa, a finales del mes de septiembre los hospitales se encontrarían en una situación similar a la de los peores meses de la pandemia.

Es necesario destacar que un cambio de gobierno implica mucho más que cambiar ministros; supone cambios en los puestos de máxima responsabilidad; secretarías de estado, direcciones generales… 

Para ser conscientes de lo que significa formar gobierno, el ejemplo de la anterior moción de censura lo ilustra de manera perfecta. Tras el desalojo de Rajoy, el gobierno de Sánchez fue incapaz de completar todos los cuadros de responsabilidad política hasta principios de 2019, y no fue hasta después de las elecciones de abril cuando finalmente consiguió un gobierno 100% del Partido Socialista. Cambiar de gobierno en este momento supondría el descontrol absoluto de las políticas públicas no por las medidas que podría tomar el siguiente gobierno, sino por la incapacidad que tendría el nuevo ejecutivo de aplicarlas a corto plazo.

Esta maniobra recuerda a la que utilizó el líder de Podemos en 2017. El partido de Iglesias presentó una moción de censura con el objetivo de desalojar a Rajoy del poder con el argumento de que existía una mayoría alternativa que permitiría formar un gobierno de izquierdas. No fue hasta 2018 cuando se demostró que Podemos estaba en lo cierto y que los números daban para acabar con el gobierno de los populares.

En aquella ocasión, los morados perseguían una intención similar a la de VOX:  tener protagonismo y presentarse a los votantes como la verdadera oposición a Rajoy tras la polémica abstención de los socialistas.

En términos históricos, sería para enmarcar. El primer gobierno de coalición de la historia desde la Segunda República es desalojado por la extrema derecha, al igual que en 1936 -salvando siempre las distancias-. Sería paradójico como poco.

De cualquier forma, es necesario recordar que la moción de censura sólo se hace efectiva con una mayoría absoluta, es decir, 176 votos a favor, un número que está muy lejos de lo que suman las principales fuerzas de derechas 88 (PP) + 52 (VOX) + 10 (CS). Al ser necesario una mayoría absoluta, las fuerzas que no secunden la moción pero tampoco quieran mostrar su apoyo explícito al ejecutivo actual pueden abstenerse.

De cualquier forma, como en cualquier democracia, los números son los que mandan, unos números que hoy por hoy no se dan. 

Sin embargo, España es aquel país que hace unos años veía con gracia una acampada en Sol y hoy son aquellos jóvenes quiénes co-dirigen el mismísimo gobierno de España.

Un periodista deja de serlo cuando ofrece como información lo puramente subjetivo.

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