/

VOX no es un partido fascista

Las personas que tienden a catalogar al partido de extrema derecha de "fascista" y a sus votantes de “fachas” desconocen el significado de la palabra, de lo que realmente es VOX, o de ambas cosas a la vez.

Hasta ahora, VOX venía siendo un partido nacional-populista, con un discurso racista, contrario a la democracia liberal, a las “élites internacionales” e instituciones supranacionales como la Unión Europea, pero además, y lo más importante de todo, con una política económica ultra-liberal que pretendía desmantelar el papel del Estado en las relaciones interpersonales, sacralizar el libremercado, la no intervención estatal y defender los intereses económicos por encima de todo sin apenas tener unas miras sociales, un partido para el cual las personas no importaban más allá de si esta disponía de la capacidad para comprar acciones en alguna empresa o pagarse un seguro privado de salud. No podemos obviar que es una escisión del ala más radical del Partido Popular.

A diferencia de VOX, los partidos fascistas del periodo de entreguerras proceden de las desmembraciones de los partidos socialistas europeos, no hay que olvidar que Mussolini fue militante del partido socialista italiano (PSI) antes de la fundación del suyo: el Partido Fascista Republicano; que el partido de Hitler era el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), sucesor del partido obrero alemán; que el fundador del Británico fue Oswald Mosley, parlamentario laborista… y como estos ejemplos encontramos muchos más en el resto de partidos fascistas que surgieron por toda Europa.

Los fascismos europeos aparecieron tras la primera guerra mundial por la precariedad en la que vivían las sociedades de aquel entonces. Fueron el resultado de movimientos sociales extremadamente nacionalistas que se levantaban contra el abandono de la clase gobernante.

No eran ni derecha, ni izquierda, eran fascistas.

Su principal fortaleza procedía precisamente de las clases populares, con discursos en los que prometían políticas sociales para los nacionales, defendiendo que era necesario un papel más fuerte del Estado para mejorar las condiciones de vida de sus conciudadanos y así poder hacer frente al elevado paro al que se enfrentaba el continente en una época en la que dominaba el Laissez Faire.

Los fascismos consiguieron terminar con el ultra-liberalismo económico que dominaba el continente tras las revoluciones industriales mediante el desarrollo de políticas de inversión, que desembocaron en la construcción de las famosas autopistas alemanas, el desarrollo de la guerra del trigo italiana (en la que el gobierno buscaba fomentar la industria agroalimentaria nacional combatiendo las importaciones) o el desarrollo de una política armamentística que buscaba el rearme de los arsenales nacionales, favoreciendo la producción industrial empleando a la población local.

Franco, por su parte, hacía pantanos.

Además, en el ámbito cultural, los fascismos tenían por objetivo final la creación de una sociedad más moderna con la sacralización de la juventud y la búsqueda del “Nuevo Hombre” (caracterizado por su rebeldía y valentía), nuevos estilos arquitectónicos y medios de producción que llevaran a la fabricación de productos cada vez más avanzados y futuristas, eran partidos autodeclarados republicanos que buscaban un avance de la sociedad hacia delante, mientras que VOX, por el contrario, es tradicionalista, monárquico y chapado a la antigua.

Sin embargo, sí coinciden en cuanto a la organización autoritaria de la sociedad, dirigida verticalmente y con un marcado carácter jerárquico, enfrentándose casi por naturaleza a la democracia liberal y el funcionamiento (al que ellos dicen “obsoleto”) de las instituciones nacionales a las que acusan de estar corruptas. Desde Vox, al igual que en el resto de partidos populistas en sus respectivos países, se defiende la gobernanza de un ejecutivo que trabaje para los españoles, cuya voz sea escuchada mediante periódicas y preparadas “consultas nacionales” de manera que la voluntad de las personas pudiera ser atendida de una forma “más directa” por los agentes en el poder, evitando así tener que contar con los representantes políticos de los ciudadanos como intermediarios para la redacción de las leyes.

Otro punto de convergencia es la canalización de la ira popular hacia sujetos que son invisibles para la sociedad: los fascistas culpaban de todos los males nacionales a los países vecinos y a la mala gestión de la clase dirigente que se plegaba ante sus intereses, ante los cuales juraban venganza. Mientras tanto, en VOX prefieren culpar (no sin razón) a las más difícilmente caracterizables instituciones supranacionales con ausencia de políticas sociales que ayudan a consolidar la globalización económica y a las clases políticas que se postran ante ellas.

Solidaridad

El pasado 4 de julio se anunciaba la creación de un sindicato dirigido por el partido que se pondrá en marcha a lo largo del presente mes de septiembre, con el cual, VOX, se acerca peligrosamente a lo que fueron esos movimientos de los años 30. Según han explicado miembros de la formación, el sindicato pretende buscar “el voto obrero”, con el que podrían comenzar a recortar votos en el espectro político de la izquierda.

El pasado 29 de mayo, en la votación del ingreso mínimo vital, el partido populista se abstuvo, señal de abandono a esa senda ultra-liberal que defendían hasta entonces. Por otro lado, estamos siendo testigos de un cambio de guion en el discurso en el que cada vez se preocupan más por los barrios populares «a los que la extrema izquierda pretende convertir en estercoleros multiculturales» prestando cierta preocupación ficticia por esos españoles de bien que viven en ellos. Así pues, se separan del camino que habían heredado de su pasado en el Partido Popular para marcar una senda propia.

En el futuro sindicato, que adoptara el nombre de “Solidaridad”, no se pretende buscar “la lucha de clases de los sindicatos de izquierda” ni defender los intereses de los trabajadores ante los empresarios, sino que tratará de defender los intereses de los españoles frente a la inmigración, a la que acusan de acaparar la mayor parte de los recursos sociales, posicionarse en contra de “los fuertes intereses globalistas que persiguen los partidos y las instituciones internacionales” a los que acusa de perjudicar la calidad de la vida de las clases más bajas de los españoles y generar un discurso de odio que se canalice a través del mismo.

En palabras de Abascal: «Muy pronto habrá un sindicato que protegerá a los trabajadores, a sus familias, a nuestros barrios, a la industria, que estará al servicio de los trabajadores y no de causas ideológicas».

El anuncio del nombre no deja de ser un tanto irónico y sirve para mostrar hasta qué punto llega la demagogia populista que sigue el partido con la malversación del lenguaje que emplea en sus discursos y mensajes públicos, pues no se puede entender la solidaridad como algo compartido entre unos pocos, en tanto que si eso es así, la solidaridad deja de ser solidaria y se convierte en racista y clasista.

En el pasado, VOX ya había asumido reivindicaciones sindicales como las llevadas a cabo por el sindicato policial JUSAPOL debido a la convergencia con los intereses políticos marcados por el partido de extrema derecha, pero hasta ahora nunca había iniciado un proyecto propio para movilizar a un electorado diferente.  

Con este anuncio “social” VOX se ha acercado un poquito más al fascismo. La única diferencia que se observa en la actualidad con los viejos movimientos nacionalistas, a parte del ámbito cultural, es la ausencia de una sección armada de juventudes que se dedique a dar palizas y a amedrantar las concentraciones de cualquiera se les ponga en el camino. Pero bueno, quién sabe, la opción de que terminen por coaligarse con Hogar Social Madrid resulta cada vez menos remota.

Por ahora, VOX no es un partido fascista, pero casi.

Estudiante de Relaciones Internacionales de la URJC

1 Comment

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Historia Anterior

Las newsletter: un medio de comunicación renacido

Siguiente Historia

El tiempo pasa y la moción no llega

Lo último de Opinión

¡Ay, Carmela!

Autor: Guillermo Bustos Pronunciaba recientemente Abascal en el Congreso de los Diputados