La educación, el último mono

El coronavirus nos ha puesto a prueba de todas las maneras y formas posibles. La crítica situación que vivimos desde hace unos meses ha provocado que nuestra realidad cambie radicalmente. Se han tomado muchas medidas para amortiguar las consecuencias de esta pandemia, pero el sector educativo ,una vez más olvidado, no ha sido considerado una prioridad. La coherencia de las medidas emprendidas sobre la nueva organización por la que deben regirse universidades, institutos y colegios brilla por su ausencia.

Autor: María Carballo Gutiérrez

La capacidad de adaptación es la clave de la nueva normalidad. La comunidad educativa en su totalidad ha de reinventarse, pero necesita mucha ayuda y este arduo proceso transición es imposible llevarlo a cabo a ciegas. El abandono del dilema educativo por parte tanto de las propias autoridades del ejecutivo central como de los gobiernos regionales es inaudito.

¿Cómo es posible que la señora Celaá no se haya puesto en contacto con los presidentes regionales y autonómicos hasta finales de agosto?, ¿Por qué desde Moncloa no se ha abordado la cuestión educativa antes de que se inicie el curso escolar? ¿Dónde ha estado el señor Manuel Castells?, ¿Cómo puede permitirse que la máxima autoridad responsable de este país a nivel de educación universitaria se desentienda de esta manera de los estudiantes en la situación más adversa que se ha vivido en España en democracia y declare con total normalidad que desde su ministerio no se ha elaborado ningún plan B, que no nos queda otra que sobrevivir en estas circunstancias?, ¿Cómo ha podido tolerarse desde el gobierno el descarado abandono que hemos sufrido los estudiantes universitarios por parte de nuestros profesores y las propias universidades desde que empezó la pandemia?¿Qué medidas se han tomado desde los ministerios responsables de la educación en nuestro país?

 En primer lugar, hay que dejar muy claro que la presencialidad en las aulas, tal y como se ha podido comprobar dado el desastroso resultado de la docencia online en muchos centros y universidades españolas estos últimos meses es imprescindible para una formación de calidad, a pesar de ello, los continuos contagios y las cifras de Covid-19 ponen de manifiesto que nos hallamos en una tesitura muy complicada y, por consiguiente, no es viable. Por ello, muchos centros han decidido adoptar modelos de docencia híbridos. Y de aquí, surge uno de los mayores problemas a los que deben hacer frente los gobiernos.

Hablemos de la brecha digital, según los últimos datos aportados por UNICEF alrededor de unos 100.000 hogares con niños no tienen acceso a internet, una alarmante cifra a la que también hay que sumar el resto de los componentes de la comunidad educativa sin recursos tecnológicos, universitarios e incluso, en ocasiones los propios docentes. La pandemia ha provocado que decenas de miles de estudiantes se queden atrás ¿Qué medidas se han tomado desde el ministerio? No puede permitirse que la educación sea algo inaccesible es nuestro país a estas alturas.

Por otro lado, ¿Qué hay de la seguridad de alumnos y profesores? En la Comunidad de Madrid concretamente, no hay por donde coger la situación. Las aulas mantienen los mismo ratios, de 25 a 39 alumnos por aula en algunos casos. Por otra parte, según se constata desde CC.OO los centros contarán en el mejor de los casos con la misma plantilla de profesores del pasado curso, ya que muchos centros de enseñanza pública han sufrido importantes recortes. La presidenta de la comunidad solo ha cumplido con la contratación de 350 nuevos docentes de los 11.000 que prometió. Desde el sindicato de enseñanza explican que los centros deben hacer la estimación del número de docentes que necesitan en función de las ratios de alumnado, pero a día de hoy, y a pesar de esto la Comunidad de Madrid no ha garantizado a los centros que vayan a contratar a todos los profesores que precisan.

Por otro lado, con respecto a la comunidad universitaria, es de suma importancia que Castells comience a tomar conciencia del papel que juega en todo esto, de sus competencias y responsabilidades. Los estudiantes no podemos volver a sufrir una situación de abandono tan radical como la de estos últimos meses, no es justo y no lo merecemos.

Las tasas universitarias son verdaderamente exageradas, pagamos por un servicio educativo presencial que no puede desarrollarse dadas las circunstancias, algo totalmente entendible, pero no pueden exigirnos pagar tales precios por un servicio inexistente. No se puede permitir que en este curso los profesores vuelvan a desentenderse de los estudiantes como hicieron este último semestre. ¿Qué garantías nos da el señor Manuel Castells Oliván de que no nos volveremos a ver en tal tesitura?, ¿Se han parado a analizar en el Ministerio de Universidades, que hacer con aquellos alumnos que se han visto obligados a pagar la segunda matrícula de una asignatura por haberla suspendido debido a la falta de cátedra?

Demasiadas incógnitas para tan poca voluntad de actuación por parte de nuestros políticos, La educación merece mucha más atención, no debe considerarse un gasto sino una inversión a largo plazo. El diseño de un buen plan de actuación que garantice su correcto funcionamiento es una tarea que ha de ser contemplada como una prioridad, pero una vez más, la educación ha pasado a un segundo plano y la elaboración de su plan de gestión se ha dejado de lado hasta el inminente inicio del curso escolar.

Pues eso, la educación, el último mono siempre. Algo ha de cambiar.

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