Ayuso, Torra y la jefatura del Estado

Autor: Marcos H. de la Morena

Dos atriles, moqueta roja y 24 banderas. Una cumbre de Estado se celebra en la Puerta del Sol. O al menos, lo parece. Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso se reunieron el pasado lunes 21 de septiembre en la sede del Gobierno de la capital, con el objetivo de alcanzar una estrategia común que frenase la expansión de la pandemia en la región. Se trataba de un encuentro esperado desde muchos días antes, con intercambio de cartas entre presidente nacional y presidenta autonómica, difundidas además a través de redes sociales. Con una situación tan grave entre manos, y dos posturas tan enfrentadas desde meses atrás, la escenificación no podía fallar.

Rueda de prensa al mismo nivel, con los micrófonos de cada uno a la correcta separación pero en perfecta simetría. A su espalda, nada menos que veinticuatro enseñas. Doce españolas, doce madrileñas, empezando desde la izquierda por las primeras y finalizando por la derecha con las segundas; una distribución con un remoto significado ideológico que queda tapado por el obvio protocolo.  

El presidente Sánchez, situado en el atril más a la zurda de las cámaras, habla primero. Tono cordial, conciliador, haciendo gala de un discurso de unidad de todos los territorios frente al virus. Díaz Ayuso le sigue, a la diestra, modificando su normal registro ácido por uno más moderado, haciendo sin embargo una defensa de la particular importancia de la capital ante otras regiones su tema principal: “Tratar a Madrid como el resto de comunidades es muy injusto, a mi juicio”, acaba por concluir la popular.

No obstante, no puede quedarse en el tintero una clave fundamental de este acto: el líder del Ejecutivo nacional es quien acude, mientras la presidenta madrileña espera. ¿Escenificación del contexto? La Comunidad no puede, el Gobierno llega al rescate. O ese podría ser el mensaje más probable desde la mesa que dirige Iván Redondo. El despacho de los asesores de Díaz Ayuso quedará más desolado ante esta situación, pues pese a poder vender que “arrastran” al socialista a acudir a su llamada y demostrar hegemonía, deciden no jugar esa carta y quedar en inferioridad. Cuestión de relato.

Llegados a este punto, el desarrollo de los acontecimientos llama la atención por el paralelismo con un encuentro de similar envergadura: la última reunión de Sánchez con el president de la Generalitat, Quim Torra. Aquella reunión, con desfiles protocolarios y cargada de pompa, fue objeto de feroces críticas por parte de las formaciones de derecha, encabezadas por el PP de Pablo Casado. Los populares aludían, entre otras cosas, a que el secretario general del PSOE había “humillado a España” poniendo al catalán a su mismo nivel y concediéndole “honores de jefe de Estado”, apoyándose en el hecho de que el simbolismo político del evento, con rojigualdas y senyeras por doquier en el mismo número, provocaba una visión que legitimaba el independentismo.

A la vista de estas circunstancias, surge una duda: ¿qué hizo de diferente Díaz Ayuso para que su propio partido no la considerase también jefa de Estado? La comparación arroja cierta luz. Con la líder del Ejecutivo madrileño, Sánchez se desplazó a Sol; con el del catalán, a la plaza de Sant Jaume. 24 banderas en la capital para la rueda de prensa, por únicamente dos situadas en la conferencia de Barcelona —la europea, por cierto, no se dejó ver en ninguna de las dos fechas—. Ambos mandatarios regionales se referirán al jefe del Gobierno como “el presidente Sánchez”, y dejarán entrever tonos de contrariedad por la autoridad que desprende la figura de La Moncloa, la cual les resta poder de forma instantánea. A las dos entrevistas, el socialista llegará en su coche oficial solo, y será el primero en tomar la palabra ante los micrófonos —dejando además a los anfitriones finalizar la ronda de preguntas—.

Sin diferencias de calado al ojo analítico más allá del propósito de las reuniones, los paralelismos no cesan, y la cuestión dejada en el aire no se resuelve. Si según los sectores conservadores del parlamentarismo español, Sánchez hace a Torra jefe del Estado por aceptar la preparación escénica del acto, Díaz Ayuso no debería estar lejos de suceder a Felipe VI. En Génova pueden ir preparando el champán.

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