La perspectiva de un aliado

El pasado lunes día 21 se celebró en directo por YouTube una conferencia que, de haber sido presencial, hubiese sido de las mejores a las que hubiese ido, pero que por situaciones de pandemia sólo pude escuchar y aprender de mujeres valientes, empoderadas y expertas en formato online.

Autor: Carlos R. Guizán

El cartel de la propia conferencia ya reflejaba la que se venía, algo que a algunas personas les molesta y, es el ejemplo de que la política sin mujeres no tiene calidad democrática, ni calidad en general.

Laura Berja, portavoz socialista empezó dando notas y partituras de lo qué es feminismo. Ella, unas de las diputadas más jóvenes, no tardó ni un segundo en agradecer el trabajo y sacrificio que hicieron aquellas feministas mayores que ella y, que se encontraban algunas de ellas como ponentes en esta conferencia online. Y, es que, a día de hoy parece inconcebible como puede haber gente que crea en la incapacidad de la mujer y en la inutilidad del feminismo, cuando gracias a históricas como Cristina Almeida, La Pasionaria; Clara Campoamor o María Izquierdo, políticas como Rocío Monasterio pueden estar donde están hoy.

Tras las palabras de Laura Berja, y aún quedando todo el evento y ponencias por delante, la mujer feminista que estuviese escuchando probablemente se habría metido de lleno en el contenido, y en reflexión con la esencia de lo declarado por la portavoz socialista. Y digo probable porque yo, como hombre que escribe este artículo, no puedo pensar más que desde la posición de aliado que tengo en esta lucha, pero con toda lógica la sororidad y el empoderamiento volaban rozando los ordenadores implicados en este acto.

La primera ponente en intervenir fue María Izquierdo, histórica política socialista y diputada constituyente. Simplemente escuchándola mi mente pensó en una cosa, ¿puede realmente un hombre sentirse culpable por la mentalidad que tuviesen los hombres de los años de María Izquierdo? La respuesta podría ser no, pero honestamente muchos asumimos cierta vergüenza de aquellos que nos precedieron y de su poca ética y moral hacia las mujeres. Ella, María fue una de las pocas «privilegiadas» que empezaron a abrir el camino.

Posteriormente a María, Cristina Almeida tomó la palabra, incluso antes de que una de las organizadoras pudiera presentarla, pero es que probablemente tuviese ganas de soltar todo «el fango» que le echaron a ella y a otras de sus compañeras a lo largo de sus años. La intervención de Almeida, fue simplemente un discurso acorde a la más pura esencia de Virginia Woolf o Victoria Kent. Naturalidad y reivindicación serían las palabras elegidas para definir su speech. La mujer que le viese hablar, posiblemente habría pensado en agradecimientos a su participación en la lucha de todas, porque como dijo Almeida, ella ya se siente orgullosa sólo con ver a las jóvenes feministas actuales liderar las manifestaciones a las que ella va, pero no con la misma fuerza que en sus años más jóvenes. Pero, Cristina, como aliado le digo que seguramente sólo con tener su presencia en una de esas manifestaciones como el 8 de Marzo, las jóvenes de hoy se inspiran más de lo que usted piensa.

Tras estas dos monumentales intervenciones el cuerpo, personalmente, me quedaba grieto, mi mente pensaba en el pasado y en cómo  de difícil sería para ellas encontrar a un hombre que las apoyase. Años pasados en los que mujeres tenían que ir con el «papelito amarillo» del notario donde su marido decía que podían ser libres para hacer «cosas». Ese poder notarial, como dijo Almeida, era un insulto a la mujer cada vez que tenían que sacarlo para poder hacer algo.

La tercera, ni mucho menos importante fue la Alcaldesa socialista en Avilés, Mariví Monteserín. Y, es que gracias a Mariví, a sus compañeras de trabajo y a todas aquellas que lucharon, la violencia de género en España empezó a ser luchada cómo se debía. Ella, decía algo en su intervención que, a mi me pasó de una década a otra, cosa que agradezco. Mariví nos contaba como la palabra de hombre aliado empezaba a ser visible, siendo reflejo esto en el ex presidente J.Luis Rodríguez Zapatero. Cuando «ZP» llegó al Gobierno le encargó a un grupo de mujeres, del que Monteserín formaba parte, 2 cosas: La ley integral de medidas contra la Violencia de Género y, posteriormente, la Ley para la igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Por fin, con el ejemplo de Zapatero, se veía como el término «aliado» se erigía fuertemente en este país.

Cristina, María, vosotras dejastéis un camino más fácil a políticas como Mariví y a mujeres más jóvenes y, de esas dos leyes que marcaron un antes y un después en España, el prólogo o exposición de motivos incluye vuestros nombres y el de otras muchas.

Pero no, la Conferencia no había acabado tras Mariví, las feministas que estuviesen viéndola todavía tenían más tiempo de preguntas y una última intervención sorpresa. En ese espacio de preguntas, dominó el cómo te sentías cuando te discriminaban de esa forma en esos años o el cómo luchabas contra ellos. Pero sobre todo, en el espacio de preguntas “reinó» (aunque igual había pocas mujeres monárquicas) el agradecimiento por partes de las jóvenes a sus mayores. Y fue un espacio más donde los, en masculino, que estábamos escuchando, seguíamos aprendiendo y deconstruyendo más nuestro ser.

El cierre fue reflejo de sororidad, una histórica política española de derechas tomó la palabra y, es que aún siendo una mujer de derechas todas deben estar juntas y, Ana Pastor es otro ejemplo (aunque a veces no se refleje como lo hacen otras). Pero, la ex presidenta del Congreso vino a mostrar algo que en su Partido no se refleja la mayoría de veces y es el querer romper con la discriminación hacia la mujer, con el techo de cristal y con la violencia de género. Porque, las mujeres del PP tienen dos luchas desde mi punto de vista, la habitual contra el patriarcado y, la que tienen para evitar juntarse con esa gente negacionista de ultraderecha que niega que la mujer esté en desigualdad.

El resultado de este evento de sororidad y empoderamiento para ellas y de aprendizaje y mayor concienciación con su lucha para nosotros fue conocer que, realmente, aunque sea despacio, se van ganando luchas contra el patriarcado. Las organizadoras del evento, Paula, Miriam, Amaia y Silvia, estoy seguro que están satisfechas con haber aportado un granito de arena a todas y a la lucha en la que se encuentran.

Decía Simone de Beauvoir que el feminismo es una forma de vida individual y de lucha colectiva. Ojalá un día en el que no haya que recordarse la necesidad de vivir con ese lema, porque todos los hombres hayan adquirido conciencia.

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