El estado del bienestar: patologías previas

En estos tiempos donde la agenda política ha quedado completamente absorbida por la crisis sanitaria, cabe preguntarse de cuánta salud goza nuestro “estado del bienestar”.

Miniature people standing on a pile of coins.

Hay muchas enfermedades que son invisibles a la vista e incluso a nosotros mismos nos cuesta reconocerlas cuando las padecemos. Sabemos que hay algo que no va del todo bien, aunque no lo parezca. Lo mismo puede pasarle a un gobierno, aunque tenga un aspecto aparentemente saludable y a ello le acompañe un buen diagnóstico, su organismo interno puede estar pudriéndose por dentro y las articulaciones que le mantienen en pie a punto de derrumbarse. En definitiva, un país también puede ser asintomático y, si no tomamos las debidas precauciones, el tumor  acabará extendiéndose  por todo el sistema.

Desigualdad

Por mucho que nos digan que la salud es más importante que el dinero, lo cierto es que sin dinero es mucho más difícil conservar la salud. La pandemia está arrasando en las zonas más desfavorecidas del mundo y los barrios más humildes son los que peores cifras de contagios sufren. No es que el virus tenga un especial apego a dichos territorios, y tampoco se trata de una cuestión cultural o característica del estilo de vida de las personas que viven allí, sino que está directamente relacionado con su situación de pobreza y exclusión social. 

Madrid es un ejemplo a pequeña escala de este paradigma. Es la ciudad con mayor índice de desigualdad de toda España y una de las primeras de Europa. Vivir en una zona u otra de la capital puede alterar hasta en ocho puntos los niveles de esperanza de vida. Las estadísticas del Banco de Datos de la Comunidad de Madrid nos permiten ver cómo la incidencia del virus aumenta a medida que disminuye la renta media anual por familia, de igual manera que lo hace la vulnerabilidad, el paro y la pobreza. En barrios como el de Ciudad Lineal, uno de los más humildes y con mayor tasa de contagios, las viviendas no superan los 84 metros cuadros de media, mientras que en Retiro o Moncloa rondan los 200, un espacio algo más cómodo para pasar la cuarentena. 

Vallecas, Usera, Villaverde, Cuidad Lineal… conforman parte del área metropolitana madrileña. Son puntos periféricos que se han ido construyendo para dar cabida a la clase obrera que  trabaja en la zona centro de la capital, donde se concentra la mayor parte del sector económico y financiero. Los pisos colmena de La Concepción le vienen al pelo al título de la película de Almodóvar “Qué he hecho yo para merecer esto”, inspirada en la vida de este barrio, ahora con vistas a la M-30 y donde aún  viven 22.000 personas hacinadas en 8.000 apartamentos de dos habitaciones y 60 metros cuadrados. Es consecuencia directa de la política urbanista de la dictadura, pensada para sacar de la calle lo antes posible a los inmigrantes del campo que se amontonaban a las afueras de las grandes urbes, agrupando al mayor número de personas en el menor espacio posible. Aún nos quedan algunos restos de aquel pasado próximo, como las placas de vivienda protegida  del régimen que acompaña todavía a los  telefonillos de muchos portales.

En estas casas han dormido, comido, jugado, estudiado y recibido clase cientos de niños de toda España. Sin ordenador y escritorio propios, sin el contacto con sus profesores, ni la posibilidad de pagar refuerzos o extraescolares, tampoco disponen del acceso a los menús y desayunos de los colegios que les garantizaban al menos una comida completa al día. Poco hay que decir de la situación de urgencia en la que se encuentran estas familias. Mientras sus hijos se quedan en casa al primer contagio en las aulas, ellos tienen que seguir trabajando, ya que  la mayoría lo hace en el sector servicios y no puede permitirse optar por la vía telemática, ni pedir una reducción de jornada con su consiguiente pérdida salarial. “Antes morir de coronavirus que de hambre” se escuchaba en algunas protestas vecinales, porque aunque los confinamientos sean el mejor plan de choque para evitar rebrotes, pueden suponer la ruina de muchos hogares que viven al día.

En una situación muy distinta se encuentran los niños de las zonas más acomodadas,  al norte de esa frontera invisible que divide la autonomía. Según datos de PISA, España es el segundo país de la OCA en cuanto a segregación escolar por cuestiones socioeconómicas y cuenta con los datos más bajos de Europa en lo que a rendimiento respecta. Estas cifras, con tasas de abandono y fracaso escolar cuatro veces más altas en el caso de hijos de padres pobres, contrastan con los de inversión en enseñanza pública, muy por debajo de la media europea. En definitiva, aunque la salud no se pegue, la enfermedad sí se hereda y la falta de inversión en servicios públicos está haciendo que la brecha de desigualdad crezca año tras año, de manera inversa a lo que lo hace la calidad vida.

Privatizaciones 

Mal de muchos, bien de pocos. Esta frase resume la manera en la que, ante el aumento de los recortes en servicios públicos desde 2010 a 2014, empresas y fondos de inversión han visto la oportunidad de llenar esa carencia asistencial y sacar una buena tajada. Es el caso de las PCR de pago: por el módico precio de 120 euros puedes realizarte el test en una clínica privada y ahorrarte los nueve días de espera hasta recibir el resultado de un laboratorio estatal. 

Otro buen ejemplo de está política de mercantilización llevada a todas las esferas vitales, es el de las residencias de mayores. La tendencia a la privatización en la última década ha hecho que 3 de cada 4 residencias estén gestionadas por organizaciones con ánimo de lucro y 1 de cada 4 por fondos buitre. Una de ellas es la empresa de servicios auxiliares Clece, propiedad de Florentino Pérez, que, entre otros negocios, cuenta con varías residencias por toda España y el servicio de atención en el domicilio más grande del país, además de guarderías o limpieza privada. En definitiva, allí donde hay una externalización, podemos encontrarnos a Clece. Es el mejor ejemplo de una macroempresa que ha visto la gallina de los huevos de oro en los años de recortes en los  servicios básicos, hasta convertirse, por detrás de Mercadona, en la empresa española con más empleados a su cargo. 

El envejecimiento poblacional, una ley de dependencia insuficiente y la falta de inversión pública ha hecho que las residencias se conviertan en un mercado muy apetecible para los grandes empresarios. Aunque los beneficios por paciente no son especialmente altos, las listas de espera son largas y permanentes,  lo que genera unos ingresos muy estables y al alza. Sin embargo, el aumento de espacios regulados por el mercado han generado, en el caso de los cuidados, un déficit de medios y personal, que ha salido a la luz en los momentos más sórdidos de la crisis por el Covid 19.  Las residencias han ido adoptando un modelo más “hotelero” que sanitario: centros grandes con poco personal especializado y recortes en servicios como la limpieza o la comida, que llevan años denunciando sindicatos y organizaciones. La precariedad laboral de las cuidadoras (90%mujeres), con sueldos que rondan los 900 euros, y médicos que ganan mucho menos que en los hospitales dificultan la llegada de profesionales. Por el contrario, el perfil de los residentes es de cada vez mayor edad y peor salud, con niveles de dependencia altos, ya que la falta de ayudas (según la ley de dependencia las comunidades autónomas solo están obligadas a costear el 50% de los gastos) y unos precios desorbitados, que en el caso de grado 3 de dependencia (el máximo) puede llegar a los dos mil euros,  es inasumible para la gran mayoría de pensionistas. 

En el caso de la sanidad, la mayor crecida de privatizaciones se produce en la última década, aunque la incidencia del sector privado en los servicios públicos se va expandiendo de forma silenciosa por toda la Administración desde finales de los ochenta. Ya con la Ley 15/1997 se inicio la progresiva privatización de servicios y centros sanitarios, dando paso a la colaboración público-privada. Los inicios de este proceso privatizador los encontramos  en los conocidos como “servicios no sanitarios”, es decir limpiadores, cocineros o lavandería, entre otros, imprescindibles para el funcionamiento de cualquier centro de salud. Los fondos públicos destinados a empresas privadas a base de conciertos han aumentado en prácticamente todas las comunidades, especialmente en Cataluña y Madrid, en un 26% y 10% durante el año 2018, según datos del Ministerio de Sanidad. En la capital, donde  el déficit público se ha disparado desde 2011, se produce el paradójico caso de que, aunque se han llegado a inaugurar hasta 7 hospitales nuevos de concesión privada, hay menos camas disponibles que al inicio de la crisis económica.

La educación no se ha librado de esta ola privatizadora, de tal manera que la escuela privada ha ido eclipsando poco a poco a la pública, con menos medios y un ratio de alumnos que puede llegar a superar los 30 por aula. La educación concertada se ha beneficiado de aumentos prácticamente anuales desde 2013, mientras que el gasto público ha ido en picado sin llegar aún hoy a niveles previos a la recesión. Los centros de pago, con más espacios comunes, aulas que no superan los 20 alumnos y la posibilidad de ampliar personal y recursos, ayudan a crear una brecha abismal entre los niños que acuden a ellos y los que no, a lo que se suma la puesta en marcha del método semipresencial. Mientras escuelas y universidades privadas se incorporan en muchos casos con un 50% de presencialidad y material de refuerzo  como cámaras en las aulas, los centros de educación básica aún están a la espera de la dotación de profesores prometida y las universidades se incorporan casi un mes después que las de pago y con apenas una semana al mes de asistencia a las aulas en la mayoría de casos. 

Recortes

La salud es la espina dorsal que permite que todo el sistema se mantenga en movimiento y si adoptamos conductas de riesgo y dejamos de considerarla como lo más importante, nos quedamos al descubierto ante cualquier imprevisto. Pensábamos que teníamos la mejor sanidad del mundo, pero sin querer darnos cuenta los recortes iban haciendo mella. 

La reforma del artículo 135 de la Constitución, aprobada en 2011, priorizó el pago de la deuda a la inversión pública, lo cual se tradujo en privatizaciones, recortes y congelación de los sueldos y prestaciones sociales. Durante su primer año de gobierno, el ejecutivo de Mariano Rajoy aprobó un total de 17 leyes orgánicas,  8 ordinarias y 29 decretos ley, una fórmula que evita el debate parlamentario y que fue justificada por motivos de urgente necesidad. De aquella manera se daba paso a las conocidas leyes de estabilidad presupuestaria, que han supuesto una de las políticas de ajuste más duras de nuestra democracia hasta la fecha. Tampoco ayuda a dicha situación la parálisis presupuestaria que se arrastra desde 2018, fruto de la inestabilidad política. 

La sanidad pública fue una de las afectadas por los reales decreto, en concreto por el 12/2012. Con la entrada en vigor de la nueva ley, se estableció el copago sanitario, algunos servicios como el transporte no urgente dejaron de ser gratuitos, más de 400 medicamentos se retiraron de la financiación pública y las personas en situación irregular quedaron fuera del derecho a atención sanitaria. Ese mismo año el gasto médico en relación al PIB se convertía en el más bajo desde 2009, con un 6,34% y en total desde 2009 se han dejado de invertir más de 20.000 millones en sanidad, con una reducción de más de 6.000 profesiones, a lo que se suma la falta de vacantes para el MIR y la no renovación de las jubilaciones, especialmente en atención primaria y pediatría.

Son estas dos áreas las que más quebraderos de cabeza están generando tras los rebrotes, de hecho la presidente Díaz Ayuso ha llegado a decir que no hay médicos en España. Sin embargo, desde sindicatos y organizaciones respondían que no hay falta de médicos, sino unas condiciones muy precarias para trabajar, sumada a la falta de oferta pública durante los últimos diez años que no puede cubrirse en cuestión de semanas. Si no cuidas a los que te cuidan, es fácil que acaben marchándose y eso es lo que nos ha pasado. La Comisión Europea ya alertó el año pasado de que el perfil de sanitarios españoles se caracterizaba por una alta temporalidad (los contratos a residentes pueden durar 24 horas), la falta de médicos de familia y un ratio de enfermeros del 5,7 %, frente al 8,5% de media comunitaria. Además el sueldo de estos”héroes de capa blanca” es incluso más precarios que en países como Portugal donde los salarios son más bajos de media que en nuestro país, lo que ha generado un éxodo de talento joven constante en el último decenio. 

Existen cuatro determinantes básicos de salud: el biológico, condicionado por la herencia genética, el ambiental que tiene que ver con el lugar en el que vives y te relacionas y el socio-cultural. En los niños que crecen en un ambiente de pobreza y exclusión, el factor socio-cultural proporcionado en las escuelas y centros culturales públicos es fundamental, ya que sus familias suelen carecer de recursos económicos y  de tiempo  suficiente para suplir las deficiencias del sistema en casa. La falta de inversión en educación, especialmente en los barrios más desfavorecidos, supone masificación de aulas, falta de profesores, de material y también de colegios. Si comparamos los datos  de inversión en educación de España ( 4% del PIB) con los de un paciente sano, por ejemplo Finlandia (6,2%), nos encontramos con una diferencia de casi 3 puntos. En el caso del coste por alumno, en España no supera los 6.200 euros y en Alemania se encuentra en  8.599 euros de media.

Lo mismo ocurre con los centros de educación superior: en las universidades públicas el número de alumnos ha ido en alza, con partidas presupuestarias insuficientes y un incremento desproporcionado y desigual por regiones de las tasas, mientras la concesión por parte de algunas comunidades autónomas a la construcción de nuevos centros privados ha ido en aumento. La calidad de la enseñanza se ha visto afectada por la falta de docentes, el abuso del falso profesor asociado y recortes es material u optativas, por mencionar algunas situaciones. Todo ello contrasta con los datos de paro juvenil, uno de los más altos de toda Europa, que ha obligado a una de las generaciones más formadas de nuestra historia a probar suerte fuera España.

La situación límite en la que nos encontramos actualmente viene de largo. Es el resultado de ignorar unas afecciones más que evidentes que no hemos querido ver y se han ido agravando año tras año. Como hemos dicho antes, economía y salud están estrechamente relacionadas, porque sin salud no hay economía y perder de vista lo importante puede costar muchas vidas. Estas son algunas de las patologías previas de nuestro país, que a día de hoy sufre los peores datos de contagios y suma más de 30.000 fallecidos desde que comenzó la pandemia.

Miembro de la Junta Editorial de Revistaincognita.com
Estudiante de Ciencia política y administración Pública + Periodismo

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