Tensión en el Cáucaso

Las tensión latente que mantienen los países caucásicos ha terminado por detonar en la región del Alto Karabaj.

En 1993 Samuel P. Huntington publicaba en la revista estadounidense Foreign Affairs su artículo titulado “Choque de civilizaciones”. En tal ensayo, Huntington trataba de descifrar como se configurarían las Relaciones Internacionales en la era Post-Soviética tras el final de la guerra fría.

Huntington cuestionaba que tras el derrumbe de la URSS el mundo fuera a pasar a ser unipolar, que este se encontrase bajo el dominio de Estados Unidos y, por ende, de Occidente. Sostenía la idea de que el mundo avanzaría hacia un nuevo escenario en el que la humanidad quedaría dividida por las diferentes civilizaciones que la componen: Occidente, el mundo árabe, el pueblo eslavo, los nipones… defendía la idea de que los nuevos espacios de confrontación entre personas serían precisamente las fronteras entre las diferentes civilizaciones y cuyos motivos, del mismo modo, serían las diferencias culturales que los separan. De hecho, estamos siendo testigos sobre cómo los conflictos modernos responden a esta teoría: Los enfrentamientos en la frontera Indo-china, la limpieza étnica del pueblo chino-musulman Uigur, el exterminio del pueblo Rohingya en Myanmar y su desplazamiento a Bangladesh…

La nueva prueba de ello se está dando en la actualidad en el Cáucaso, con el enfrentamiento por las disputas territoriales entre Armenia y Azerbaiyán incrementado por sus profundas diferencias culturales.

En el pasado reciente, estas regiones se encontraban unidas tras la incorporación de ambas repúblicas a la URSS, sin embargo, durante el desmoronamiento de la Unión Soviética, ambos países mantuvieron fuertes tensiones por el dominio de los territorios limítrofes, desembocando en la conocida como la Guerra del Nagorno Karabaj. Dicha guerra, que se extendió desde los años 80 hasta el 94, provocó que la mayoría armenia que habitaba en los Altos del Karabaj y que se encontraba bajo dominio azerí terminara por ser de facto una república independiente, la República de Artsaj, pese a que Azerbaiyán aún sigua considerándola parte inalienable de su territorio. El resultado de tales enfrentamientos aumentó las tensión entre las partes y los países colindantes como Turquía o la propia Rusia.

Armenia es un país cuyas raíces se encuentran en una de las civilizaciones más antiguas del mundo, datándose desde el 4000 a.C. y para la cual el cristianismo ha jugado un papel fundamental en su desarrollo. Precisamente son esas raíces las que han venido definiendo su trato con los países vecinos y en especial la mala relación con Turquía, con quien mantiene las fronteras cerradas desde el final de la guerra Nagorno Karabaj y entre cuyos motivos encontramos además el no reconocimiento del Genocidio Armenio. Junto con Azerbaiyán, Turquía es el único país con quien Armenia mantiene las fronteras cerradas. Sin embargo mantiene buenas relaciones con el mundo occidental y los pueblos eslavos, en especial con Rusia, con quien mantiene fuertes vínculos de seguridad desde el final del dominio soviético, la cual posee una base militar en el país por petición expresa de Armenia.

Azerbaiyán, cuya población es turcomana, es un país con fuertes raíces en el islam. Es uno de los 6 países turcomanos independientes de Turquía, con quienes mantiene una buena relación a través del “Turkic Council” y el TURKSÖY. Es un país que funciona de manera autónoma desde 1918 tras la descomposición del Imperio Otomano, sin embargo, esto no impide que entre las prioridades de este país se encuentre restaurar el territorio perdido durante la guerra de los 90. Esto le ha llevado a estrechar aún más sus lazos con Turquía.

El pasado 25 de septiembre se rompió el alto el fuego que mantenían las partes, avivando los combates que mantenían los países caucásicos por el área en disputa con ataques contra objetivos tanto militares como civiles, entre los que se contabilizan numerosas bajas pese a la falta de confirmación oficial. Ambas partes se cruzan acusaciones en lo relativo a los ataques y lanzan nuevas amenazas impidiendo así una bajada de la tensión en la zona. Tanto en Armenia como en Azerbaiyán se ha declarado la ley marcial e incluso Paschinjan, primer ministro azerí, ha llegado a hacer un llamamiento a la población para defender la patria y prepararse para la guerra.  

Desde un pequeño enfrentamiento entre ambas partes en 2016 por el control de la zona fronteriza, tanto Ereván como Bakú han venido aumentando el gasto militar y han acusado a las partes contrarias de recibir apoyo desde el extranjero. En la actualidad el gasto de ambos países en materia de defensa representa hasta un 4% del PIB nacional. Aún así, tanto Armenia como Azerbaiyán aseguran tener constancia de la recepción de material militar desde Turquía y Rusia y la llegada de mercenarios desde sus respectivos aliados.

Por su parte, Rusia ha hecho un llamamiento para llegar a un alto el fuego inmediato y tratar de reconducir la situación de manera pacífica sin que se llegue a declarar abiertamente la guerra. Desde el lado Occidental también llegan voces, especialmente desde la OTAN, para tratar de rebajar la tensión en la zona. Ya ha habido contactos entre los primeros ministros de ambos países con representantes de instituciones internacionales como la Unión Europea o la propia ONU, desde donde sus máximos representantes, Charles Michel y Antonio Guterres, han mostrado abiertamente su preocupación.

Turquía, como actor fundamental en el conflicto, ha ofrecido su total apoyo a Azerbaiyán. Recep Tayyip Erdogán, presidente de la República de Turquía, ha asegurado su total solidaridad con Bakú, con quien mantiene una relación especial que se resume bajo el lema “dos Estados, una sola nación”.

En palabras de Erdogan: “Turquía, con todos sus medios y con todo su corazón, seguirá estando al lado del amistoso y fraterno Azerbaiyán.  Es hora de poner fin a la crisis que comenzó con la ocupación de Alto Karabaj en la región. Con el abandono inmediato de los territorios ocupados de Azerbaiyán por parte de Armenia, la región recuperará la paz y la tranquilidad. Todas las demás imposiciones y amenazas no solo serán injustas e ilegales, sino que seguirán mimando a Armenia.”

El enfrentamiento preocupa a la comunidad internacional porque podría arrastrar a Rusia a una nueva guerra con Turquía, con quien ya mantiene enfrentamientos en Libia o Siria y termine por enquistar la situación. Además, el enclave es un lugar estratégico para el continente europeo por encontrarse cerca de grandes tuberías encargadas del suministro de gas hacia el mismo, lo que podría dificultar aún más el conflicto.

Tal y como señalaba Huntington, las diferentes fallas de la humanidad están en movimiento, algunas se mueven paralelamente y otras colisionan frontalmente. En el Cáucaso se acaba de abrir una nueva herida.

Estudiante de Relaciones Internacionales de la URJC

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