ETA, Bildu y la Izquierda de este país. El eterno dilema

Hace casi diez años que ETA decidió poner punto y final a 43 largos años de horror y dolor sistemático sinsentido. Aquel 20 de octubre de 2010 constituye importante punto de inflexión en la historia política de España. ETA dejó de existir, la banda terrorista pasó a formar parte de la nada. Sin embargo, su esencia aún no ha desparecido de las instituciones, hablemos de Bildu.

Autor: María Carballo

El día 9 de abril de 2011 se fundaba Bildu apenas 6 meses después de que la banda terrorista emitiese su último comunicado anunciando el fin de su actividad. El partido surge del conglomerado constituido por la izquierda abertzale afín a Sortu en adición a las fuerzas políticas de Eusko Alkartasuna, Alternatiba e Aralar.

Un año más tarde, en mayo del 2011, el Pleno del Tribunal Constitucional estimaba el recurso contencioso- administrativo presentado por el partido con el voto a favor de 6 magistrados frente a 5 contra la sentencia emitida por el Tribunal Supremo apenas unos días antes, por la cual, les fueron anuladas las 254 listas de la coalición para los comicios que se celebrarían apenas 16 días después. Bildu fue así legalizado.

La izquierda abertzale volvió a inmiscuirse de esta manera en el panorama político de nuestro país. A lo largo de estos años se ha ido avivando cada vez más el debate sobre que representa realmente este partido. ¿Hablamos de una nueva ETA camuflada?¿Debe por tanto ilegalizarse?¿Vulneran las coaliciones progresistas los valores de la moral al recurrir a ellos para suplir sus carencias de apoyos parlamentarios?

Desde mi punto de vista, sí, no todo vale. Tal y como dijo Víctor Trimiño, el nuevo líder de las Juventudes Socialistas Vascas, aludiendo a la conciencia de su partido en base al rumbo hacia el que ha virado el Partido Socialista de Sánchez en lo que respecta a esta cuestión: “Debemos estar enfrente de cualquier intento por normalizar o por blanquear a una fuerza política que sigue siendo incapaz de condenar más de 850 asesinatos y que sigue ensalzando a los terroristas que los cometieron. Ninguna necesidad aritmética justifica tratar como un partido más a quien desde un punto de vista ético no lo son”. Y efectivamente, parece mentira que una coalición que en su día lloró la muerte de 12 compañeros a manos de los etarras preste a día de hoy semejante disposición a tenderle la mano a los cómplices de aquellos un día les perseguían para acabar con lo que representaban.

«Que pretenda usted alcanzar la investidura con la ayuda del fascismo que nos asesinó en el País Vasco produce nausea infinita» así expresaba José María Múgica hijo del histórico dirigente del PSOE Fernando Múgica asesinado por ETA, su abatimiento por la indiferencia moral de Sánchez.

Es cierto que Bildu no es ETA en sí misma, pero sí constituye su vivo reflejo en el panorama político actual. No hemos de olvidar que este partido está presidido por un ex activo de la banda condenado por el secuestro de Luis Abaitua en el año 79, inculpado por otros delitos relacionados con el enaltecimiento a otros etarras y buen amigo de quien en su día fue unos de los máximos dirigentes de la banda terrorista, José Antonio Urruticoechea Bengoechea, también conocido como Josu Ternera.

Es imposible construir un proyecto político de la mano de quién se niega a condenar de manera contundente el terrorismo. No vale un “condenamos toda violencia” cuando respaldas homenajes a etarras, te codeas con ellos o les dedicas twits a los familiares y amigos de un asesino expresando tu alegría porque al fin haya salido de la cárcel. ¿Cómo puede siquiera tolerarse semejante falta de respeto hacia las víctimas y sus familiares?

El bipartidismo se ha terminado, se terminó hace años. Ahora nuestros políticos están obligados a buscar apoyos en otras fuerzas pasa sacar adelante sus investiduras o propuestas y está bien, en eso consiste la política: diálogo y consenso constante, pero, antes de político se ha de ser persona y no todo vale por la ambición. La ética y el respeto hacia aquellos que sufrieron durante tantos años la violencia sistemática e injustificada ejercida por ETA han de estar por encima de cualquier puesto o medida.

De nada sirve hacer políticas de memoria histórica contra el legado fascista del tirano Francisco Franco si por otro lado se es permisivo con este tipo de coaliciones y lo que representan.

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