“Suerte, por el bien de España”

Suerte a todos ustedes, por el bien de España”. Rescaté aquellas palabras hace tan solo un par de semanas. Repasaba en tono distendido la crónica de la política española de los últimos años en compañía de algunos amigos. Mascarilla, no más de seis, la nueva normalidad.

21/09/2020 El jefe del Ejecutivo y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante su reunión en la sede de la Presidencia regional, en Madrid (España), a 21 de septiembre de 2020. El objeto de la cita es abordar la crisis sanitaria del coronavirus y doblegar la curva en la Comunidad de Madrid. POLITICA EUROPA PRESS/J. Hellín. POOL - Europa Press

Autor: Alba Orche 

Fueron muchas las intervenciones que protagonizaron la mañana 01/06/2018 ante la antenta mirada de un país que vivía un momento histórico. No era nuestra primera moción de censura, pero sí la primera que iba a deponer a un Presidente del Gobierno. Esa jornada dejó varios momentos para el recuerdo. Sin embargo, las palabras que recordaba entre risas y cañas eran las de D. Mariano Rajoy, él por aquel entonces era jefe del Ejecutivo y cabeza del Partido Popular. Asumía entonces el cargo la gran promesa del Partido Socialista, Pedro Sánchez. Dio comienzo así una representación que en este 2020 ya estrena su segunda temporada: una nueva versión del Esperpento. Y es que dudo que el propio Valle Inclán hubiese llegado imaginar lo que daría de sí ese concepto tan suyo. 

Este artículo no va dirigido a criticar las ideas y venidas de la colación PSOE y Unidas Podemos. Tampoco es una oda de añoranza hacia el equipo que aprobó los últimos Presupuestos Generales del Estado. Este artículo carece de colores, y no, no es un eufemismo para tratar de subirme al caballo del anhelado centro político que con tan frustrante resultado trató de domar en 2015 de C´s. Quizá el viraje a la derecha propició la caída de ese jinete, en las encuestas, en los escaños, en fin, el símil es sencillo. Por el contrario busca materializar la decepción de muchos en relación a nuestra clase política ¿es la que nos merecemos? Personalmente no lo creo, pero quizá ese sea un debate que deba reservar para otra ocasión. Una clase política nacida posiblemente de tiempos demasiado cómodos, demasiado fáciles, pues recordemos, ni siquiera es la que hizo frente a la crisis de 2008. Sus protagonistas, mal que les pese, carecen de las herramientas necesarias para hacer frente a los tiempos que corren, a su discrecionalidad dejo dotar de significado a ese significante. 

La realidad, tristemente, es que el COVID 19 por el momento no va a abandonarnos. Si bien es cierto que el ser humano ha convivido siempre con enfermedades que se han llevado desde emperadores como Marco Aurelio, quien sin saberlo expandió una cepa de algo que los romanos tendían a denominar peste (se creé que podía ser tuberculosis) al sur de Italia durante su gobierno, falleciendo precisamente como consecuencia de ello, hasta al más humilde de los trabajadores de las fábricas de York en plena revolución industrial. Sin embargo, los efectos de la globalización dotan a esta pandemia de un impacto sin precedentes. Por consiguiente, la ciudadanía necesita soluciones sin precedentes y políticos sin precedentes. 

Sin embargo, lejos de estar a la altura de las circunstancias, las personas que tienen en sus manos la dirección de la nación están demostrando ser incapaces de tomar medidas de consenso que sean algo más que parches para solventar los problemas de calado que se plantean en materia de empleo, educación, economía, entre otros.  Esta crisis puede utilizarse como una oportunidad para implementar un modelo económico y de consumo circular y ecológico, a través de reformas fiscales que incentiven a sectores estratégicos como es el de la aviación y turismo para reconvertirse en base al mismo. También puede emplearse para reducir en lugar de acrecentar, las distancias que existen entre unos centros educativos y otros, garantizando el acceso a internet y dispositivos electrónicos al efecto a todos los estudiantes, en otras palabras, haciendo verdaderamente real la igualdad de oportunidades, o por lo menos cumpliendo con el mandato de nuestra norma fundamental, que habla de corregir las desigualdades a que se enfrentan los españoles desde la casilla de salida. Ahora bien, siguen quedando asignaturas pendientes: volver a convertir el Senado en una Cámara territorial en la que se habla de algo más que no sea Cataluña; plantear una reforma del sistema de pensiones realmente efectiva; ocuparse de la cuestión de la despoblación, y un largo etcétera. 

He llegado a pensar que con aquellas palabras, Mariano Rajoy no  se dirigía a los diputados que en la mañana del 01/06/2018 ocupaban los escaños que veía ante sí. Por el contrario, creo que se refería a nosotros, a los españoles que nos quedábamos a ver el espectáculo que empezaba a representarse. No dudo de que visto lo visto, puede que incluso haya agradecido librarse de esta. Francamente, no le culpo. De nuestros políticos, yo y tantos, demandamos algo que ya pidió Albert Rivera, pero de lo que se olvidó ante la ilusión fatua de contar con 47 escaños malvendidos (a su propio ego bajo la creencia de que podía llegar a ser Presidente del Gobierno): amplitud de miras y sentido de Estado. Y como bien dijese Don Mariano, a todos nosotros “suerte, por el bien de España”. 

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