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Sobre Política Exterior de España

Imagen de la firma sobre la entrada de España en la CEE

El desastre en la guerra de Cuba de 1898; la vergüenza en la guerra de Marruecos de 1911 y el complejo de inferioridad durante la era colonial; la Guerra Civil y el consiguiente aislamiento internacional al régimen franquista durante más de 40 años; una convulsa Transición y el tardío paso a la democracia en 1975; una entrada a una CEE en la que paulatinamente su relevancia se ha ido difuminando ante terceros actores; el terror etarra durante los años de plomo al que tanto tiempo costó derrotar; la mala gestión de la crisis económica de 2008 que provocó la consiguiente diáspora de jóvenes por el resto de Europa; la amenaza separatista catalana que manchó la imagen del Estado de Derecho en 2017; los números que ha alcanzado nuestro país durante la presente pandemia…

Son continuas las losas que ha ido acumulando sobre sus espaldas la sociedad española, las cuales han convertido a nuestro país en un actor internacional con una personalidad introvertida, que apenas toma la iniciativa en la esfera mundial, que a menudo se suma a la estela de lo dictaminado por los acuerdos entre París y Berlín bajo la careta de “voluntad europea” y que se dedica a mantener las formas bajo un fingido papel de autoridad cuando el tema de conversación es Latinoamérica.

España es ese compañero de clase al que te ves obligado a invitar a tu cumpleaños simplemente por el hecho de que se sienta a tu lado, pero que apenas habla con el resto de chavales cuando todos os juntáis en el patio porque prefiere estar a sus cosas.

Por lo general, el panorama informativo en España suele estar bastante entretenido y a menudo son los problemas nacionales la principal preocupación de la sociedad, que frecuentemente estará deseosa de opinar sobre Puigdemont, el Chalet del Coletas o cualquiera sea el entretenimiento del momento, pero que se despreocupará completamente de los conflictos que acontecen al otro lado del Mediterráneo. Contemplan con distancia la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y sus escenarios paralelos, desconocen la creciente deriva autoritaria de Erdogán en la República de Turquía o, si hablan, no se posicionan sobre las revoluciones que demandan libertad democrática en América latina. Por lo general, temas que deberían ser de crucial relevancia para la agenda política de nuestros gobiernos.

Pocas personas son conscientes de que los acontecimientos ocurridos más allá de nuestras fronteras tienen un impacto directo sobre la vida en España, y la principal consecuencia de ello es el traslado de esa despreocupación generalizada a la gestión de la política nacional, que a menudo se dedica a salvar los acontecimientos parcheándolos cuando, sin quererlo, se convierte en el centro de atención internacional, mientras espera para ver qué hace el resto de compañeros europeos.

Sin embargo, esa falta de autoestima y la mala imagen que tiene España sobre sí misma debe ser revertida y ha de darse cuenta del potencial que realmente tiene. España es un país con las cualidades necesarias para convertirse en un actor importante en la esfera internacional, marcar una posición diferenciada del resto de Estados en la defensa de sus intereses y con la capacidad suficiente como para liderar los proyectos europeos en las áreas que más le conciernen: el norte de África y las relaciones con Iberoamérica.

España ha de comenzar a sentir la fortaleza necesaria para poder hablar de tú a tú con Francia y Alemania en el seno de la Unión Europea y comenzar a marcar la agenda política de la misma. Más aún cuando las necesidades actuales de colaboración multilateral para la salida de la crisis económica así lo requieren. Porque si la economía es la principal fortaleza de nuestros socios europeos, la diplomacia puede ser el principal arma de los españoles.

La gestión de la política exterior española debe cambiar, sea cual sea el color político que ocupe la Presidencia, y debe comenzar a atribuirse las responsabilidades que le corresponden para poder notar los beneficios de unas relaciones exteriores proactivas.

Josep Borrell es el representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores.

Estudiante de Relaciones Internacionales de la URJC

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