La difícil tarea de cumplir con la constitución

Autor: Alba Orche

A lo largo de las últimas semanas he escuchado en repetidas ocasiones el término alemán: “Verfassungsgefühl”. Significa sentimiento constitucional. Uno de mis profesores se refería a él para denotar la ausencia, precisamente, de tal sentimiento en España. Mientras que en Alemania la idea de que la Constitución es el instrumento rector de la organización estatal, responsable de conferir a los ciudadanos derechos y obligaciones, goza de fuerte arraigo entre la población. En España, teniendo nuestra Constitución la misma entidad y función (aprovecho para mencionar que el constitucionalismo español y alemán tienen importantes similitudes) no encontramos ese sentimiento entre los españoles, puesto que no hay en nosotros ese deseo de proteger la Carta Magna por lo que representa contra los ataques que en no pocas ocasiones sufre, incluso, por parte del propio poder Legislativo.

Aprovechando la línea que vine marcando la semana pasada al hablar sobre la reforma del Consejo General del Poder Judicial, y queriendo contribuir a fomentar un cambio de óptica en este sentido, vengo hoy a explicar otra de las facetas del equilibrio de poderes. Vengo a hablar del control constitucional de las leyes penales. ¿Por qué este tema en concreto?, porque creo que en nuestra cultura popular no hay verdadera consciencia de que el Derecho Penal es el ámbito más intromisivo del ordenamiento y probablemente una de las herramientas más poderosas del Estado.

La construcción de nuestro país como un Estado Social y Democrático de Derecho obliga a colocar a la CE en una posición de supremacía, si bien es cierto que no así al órgano garante del cumplimiento de sus mandatos, el Tribunal Constitucional (de ahora en adelante, TC), porque no es este el responsable de desarrollar e introducir en el ordenamiento una visión pormenorizada del catálogo de derechos, principios y valores que aquella es. Por el contrario, esa es la función del legislador. Ahora bien, en este sentido cabe preguntarse entonces cuál es el papel del TC respecto del
Derecho Penal. Es importante aclarar en este punto que no es nada sencillo controlar la constitucionalidad de una ley penal, ¿por qué?, porque es una tarea que debe realizarse en base a principios enunciados de forma genérica en la CE. De este modo, no se habla en la Constitución, por ejemplo, del principio de proporcionalidad, pero todos consideraríamos desorbitado enviar a la cárcel a los padres de un asesino o un ladrón. Esa obligación se deriva de los enunciados generales de nuestro texto legal más importante, pero articularlo de forma coherente es difícil.

Así, evaluar una ley de estas características según una serie de principios que deben servir como mandatos de optimización, requiere de un alto grado de discrecionalidad, porque no basta aquí con ofrecer una respuesta positiva o negativa. Pero tampoco se evalúa la “calidad” de la ley, en el sentido de ser mejor, peor, más o menos “correcta”. Por el contrario, se mide la mayor o menor adecuación de la ley y su texto a las prescripciones de nuestra constitución. De esta manera, los principios en el ámbito de control de la constitucionalidad de la ley penal, casi se articulan como una regla de exclusión. Para mejor ilustración del caso, pongamos que el TC declara inconstitucional una ley que aprueba la pena de muerte. La decisión no ofrecería debate dado que el art.15 CE establece expresamente esta prohibición.

Ahora bien, ese mismo precepto también proscribe el empleo de tortura y de tratos inhumanos o degradantes. ¿y en qué consisten esos términos?, esta es una cuestión algo mas compleja de resolver.
Sin embargo, la clave para que el poder judicial no sobrepase al legislativo, pasa por llegar a la correcta ponderación entre el pp. mayoritario que viene representado por el papel que tienen las Cortes a la hora de redactar y aprobar las leyes y los pilares inamovibles de la democracia y el sistema de Derecho.
Creo recordar que fue Bismark, o al menos a él se le atribuye la cita, el que dijo “que España es el país más poderoso del mundo, lleva años intentando destruirse a sí misma y aún no lo ha conseguido”. Soy firme defensora de que esa victoria se la debemos en parte a nuestra Constitución y ojalá pequeñas contribuciones como esta, con el paso de los años, nos haga reflexionar e integrar en nuestra conciencia colectiva ese “Verfassungsgefühl”.

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