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¿Qué pasa con la FP?

MADRID, SPAIN - JULY 14: The Education minister, Isabel Celaá, is seen in a session of control to the Government in the Senate on July 14, 2020 in Madrid, Spain. With this plenary session, the Upper House will end its parliamentary activity until September. (Photo by EUROPA PRESS/Jesús Hellín. POOL/Europa Press via Getty Images)

El pasado 17 de junio se presentó en el Congreso de los Diputados la nueva propuesta de Ley Orgánica en materia de educación, la LOMLOE, pese a lo cual, no ha pasado a primer plano hasta la actualidad con la negociación sobre los Presupuestos Generales del Estado y la polémica suscitada en torno a la eliminación del castellano como lengua vehicular para la enseñanza. La propuesta de Isabel Celaá, ministra de educación (PSOE) y negociada con Esquerra (la cual la considera como clave para el apoyo a los PGE) y respaldada por PODEMOS sería, de salir adelante, la octava ley educativa en España desde que estamos en democracia, más que presidentes del Gobierno ha habido en este país (Pedro Sánchez es el séptimo).

Las leyes educativas modifican el enfoque del derecho a la educación y su modelo curricular. Estos enfoques se modifican en función de los intereses del partido en el poder y siempre, siempre, reciben grandes críticas de cualesquiera estén en la oposición y son modificadas tan pronto como el partido de la oposición alcanza el poder. Sin embargo, el problema de las leyes en educación en España radica en que nunca terminan por solucionar el empeoramiento de la educación pública en nuestro país, la caída de puestos de España en los índices del informe PISA llevado a cabo por la OCDE, y no terminan por solucionar las preocupantemente altas tasas de abandono escolar que sufren los estudiantes de nuestro país, los cuales se encuentran en el 18,3%, muy por encima del 10.6% de la media europea (datos de 2017, fuente Eurostat).

Las leyes educativas cuentan con un problema de base, y es que en ellas se prima el itinerario y el resultado antes que las preocupaciones de los y las estudiantes. No es tanto el itinerario formativo o la lengua en la que las asignaturas se imparten como las verdaderas preocupaciones e intereses del alumnado.

En el sistema educativo español se prima siempre el avanzar hacia delante, ¿hacia dónde? No se sabe, problema tuyo, pero siempre adelante. Una vez acabas la E.S.O es casi obligatorio empezar el Bachillerato, y una vez terminas este, parece casi necesidad continuar yendo a la universidad ¿para estudiar qué? Algo, no sé, cualquier cosa. Este es el problema de que prime siempre el resultado y no la vocación, el título y no la persona.

Paulatinamente la educación se ha ido deshumanizando poco a poco. Parece que muchos profesores lo son por tener un sueldo seguro y no porque realmente les guste la docencia. De esta manera la calidad de la educación no puede ir en otra dirección que a peor, porque no importa lo bueno que fuera un maestro estudiando lo que explica si realmente no tiene vocación por sus alumnos y para que estos aprendan lo que enseña.

En el sistema educativo son realmente necesarias muchas más tutorías, jornadas de puertas abiertas y actividades extraescolares, no solo a museos y teatros, sino a cualquier empresa y planta de trabajo para que niños y adolescentes encuentren el sitio donde se vean trabajando en un futuro. Elementos que les permitan ver que lo que aprenden en las aulas tiene una aplicación en el mundo real; porque una vocación no se encuentra entre las cuatro paredes de una clase, se aprende viendo que es lo que te gusta de verdad. Es realmente necesario volver a humanizar la educación y darle un enfoque más pragmático.

Actualmente el instituto es una carrera de fondo desde el primer día en el que entras hasta el día de tu graduación en segundo de bachillerato. Examen tras examen. No hay tiempo para pararse y reflexionar que es lo que vamos a hacer una vez terminemos, que queremos y que nos gusta, porque te ponen entre ceja y ceja que si no apruebas el próximo examen que vas a hacer, vas a ser un fracasado en la vida, que ya tendrás tiempo para eso, pero que lo importante ahora es ir aprobando los exámenes.

Y así pasa. Así nos encontramos con tasas tan altas de abandono escolar, con clases de secundaria llenas de chavales que viven bajo una presión constante sin saber muy bien porque, en las que muchos se niegan a seguir porque no tienen una motivación para continuar, porque los profesores, o mejor dicho, el sistema educativo, no se esfuerza por mostrarles el “para qué” del estudiar, sino el “porqué” (que no es otra cosa que lo no hay que acabar siendo en la vida). Un sistema que no te orienta a encontrar algo que te llame de verdad y que te lleva saltando de prueba en prueba hasta que llegas al último nivel. Y ahí ya sí, te toca a ti solito decidir qué es lo que quieres hacer el resto de tus días en cuanto te dan las últimas notas, con el tiempo que tienes en las dos semanas de plazo que hay para hacer la matrícula de lo que vayas a hacer el año siguiente.

El sistema actual es además un sistema que ha estigmatizado la Formación Profesional, porque prima ser universitario antes que técnico. Sin embargo, la Formación Profesional es la solución definitiva al déficit educativo del sistema nacional, porque es aquella rama de la educación capaz de reenganchar a los estudiantes para continuar sus estudios y el capaz de generar técnicos (ahora muy necesarios) capaces de llevar a cabo las tareas para las cuales los universitarios no están capacitados. Unos técnicos capaces de llevar a cabo la modernización técnica y laboral española en cualquiera sea el campo. Son personas que juegan un rol fundamental en el «Know How» de un país y las cuales determinan si este tiene los medios clave para ser destinatario de determinada inversión internacional o no.

Vemos muchas carreras universitarias llenas de chavales en el primer curso que no saben muy bien qué hacen ahí, con altas tasas de abandono durante los primeros años porque los estudiantes se pensaban que eso era otra cosa y a las que han llegado de rebote. Y grados (las FP) que han sido completamente estigmatizados desde los institutos, porque siempre hay que ir hacia arriba, a la universidad porque esa es la meta en la vida. FP llenas de chavales que han llegado hasta ahí porque no se veían capaces de continuar con el bachillerato o la universidad y que llegan hasta ellas “porque hay que hacer algo” aunque no termine de gustarte del todo.

Es el momento de dejarse de nombrecitos, LOE, LOMCE, LOECE, LOGSE… Es el momento de poner a los alumnos en el centro del programa, ayudarles a buscar su vocación, entender sus preocupaciones y dejar de presionarles constantemente. Ese debe ser el objetivo de una ley educativa, una ley que sea estable, que se redacte con el consenso de los partidos y que no cambie con cada gobierno que entra en el poder. Se debe fomentar la Formación Profesional para favorecer una mayor inserción al mundo laboral de los jóvenes.

El sistema educativo es más importante de lo que creemos, porque nos ayuda a construir una sociedad, porque de él salen los futuros profesionales; trabajadores que serán mejores cuando encuentren un empleo en el que se encuentran a gusto por estar en su oficio por vocación y no por obligación. Un buen sistema educativo es necesario para encontrar el bienestar social, para que todo el mundo tenga la capacidad de trabajar en lo que le gusta y no en lo que encuentra, un buen sistema educativo es necesario para poder ser más competitivos en el exterior, con la formación de mejores profesionales que ayuden a crear un mayor atractivo empresarial, y un buen sistema educativo es necesario, sobre todo, para ayudarnos a construir una España mejor.

Estudiante de Relaciones Internacionales de la URJC

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